El método y el desafío

Entrevista a Susana Bouroncle, por Renzo Julián Cabrera Delgado

 Me recibe con amabilidad en su casa taller, un lugar acogedor envuelto en arte. Desde su bienvenida ella demuestra en cada palabra una determinación y pasión que queda revelada luego no solo en su obra, sino también en su proceso, en su propia búsqueda. Susana Bouroncle (Arequipa, 1970) ensambla historias, objetos y personajes formando potentes composiciones, creando universos con una propia y enigmática figuración de lo popular, una gramática que va entre lo sublime y lo profundo, que desde lo plano del lienzo va cobrando vida, tomando volumen, distorsionándose y transformándose en paisajes escénicos. Es una artista multifacética, su trabajo no busca una imagen que reproducir sino una historia que representar, una aproximación diferente al objeto, un arte donde sale a relucir una nueva visión de la realidad a través del dibujo, la pintura, la fotografía, la escultura, dirección de arte, actuación, escenografía, en una permanente búsqueda de nuevos retos y entornos.

 

¿Cómo fue tu proceso de aprendizaje?

SB: Empecé a estudiar Artes Plásticas en la Escuela de Artes Carlos Baca Flor en 1988, en 1989 quedé embarazada y me retiré. Después, apenas pude empecé a tomar cursos como alumna libre en la Universidad San Agustín. Empecé con el curso de figura humana, como para no perder la práctica del dibujo. También hice un poco de pintura. Luego de tres años como alumna libre ingresé a la universidad, ya desde cero, pero con una base importante. Lo aproveché mucho, era una estudiante intensa, entregada al máximo en cada curso Disfruté mucho, disfrutaba de mi dibujo en especial. Durante esos años también estudie cerámica, fotografía y participe en varios concursos.

Terminé la carrera en 20 años. Felizmente el tiempo fuera del aula me permitió tomar distintos retos, trabajos por aquí, por allá. Trabajé para Incalpaca, en el Banco de color diseñando catálogos; hice una intervención bonita en el convento Santa Catalina en la celebración por los 50 años de PROSUR; con la Cámara de Comercio trabajé junto a los artesanos de Yanque en el diseño de sus colecciones. Después empecé a trabajar en películas, en teatro.

Una suerte continua por trabajos tan diversos entre ellos y siempre relacionados con la pintura, que hasta hoy me permiten re enamorarme de mi trabajo.

Siento que la diversidad de entornos en los que trabajaste y la maternidad vitalizaron tu trabajo. Viéndolo desde lejos, ¿marcaron etapas o ciclos a lo largo de tu carrera?

SB: Tuve una primera etapa de exploración. A pesar de tener cierta inclinación hacia la figura humana y del talento que demostraba no estaba interesada en hacer una exposición de figura humana, pero me significaba un placer hacerla. El dibujo en directo me encantaba, mi fin era el placer.

Luego me interesó conocer y dominar la acuarela, quitarme ese fantasma. Tampoco estaba muy interesada en esta técnica, pero quería dominarla para sentirme libre y poder seguir. Enseguida empecé a explorar en mi propia propuesta para la universidad y descubrí los carneros, las sillas, los comedores, a veces mezclándose unos con otros en la pintura y en la escultura. Eso marcó mi primer ciclo, con esos elementos de protagonistas. Luego aparecieron otros: gatos, lobos. Fue un ciclo grande lleno de ocres, tierras, azules, amarillos.

Una segunda etapa la marcó mi trabajo de fin de carrera. Yo regreso a la universidad con bastante trabajo sobre la espalda, talleres, exposiciones. Al momento de decidir el tema del trabajo final sentí que debía crear algo nuevo, no ir a la segura y presentar la misma propuesta a la cual ya le había puesto alma y vida: los carneros, comedores, o una temática similar. Quise ponerme un nuevo reto y no sobreexplotar o quemar un trabajo, y me dije “Voy a hacer una propuesta muy ajena a lo mío, a mi pintura, algo que sea un punto aparte en mi pensar, en mi sentir, un experimento, un juego”.

Un año antes de ingresar a quinto estuve ilustrando el libro Bombardero, de César Gutiérrez, con quien salía. Empecé a registrar en fotografía el proceso de su trabajo. Inspirada en el libro, en la lectura, en la música que rodeaba al libro, la poesía que vivíamos, hice TDVORO, un arte pop totalmente distinto a mis carneros. Quería representar en ese trabajo cómo era él, una estrella pop, y así salió esta serie. Su mundo expresado por mí.

Ese trabajo se expuso en la sala José Luis Miro Quesada Garland. Recuerdo que el director del museo me pidió que se expusiera y yo le dije “No creo. Es un trabajo de universidad, déjeme complementarlo”.

Antes hice ilustraciones para el guion de una película que nunca llego a realizarse. Aun así el cliente decidió publicar el guion con mis ilustraciones. Fue un trabajo muy interesante, mezclaba lo europeo con lo andino, un circo de Europa que llega a Puno y se cruza con el carnaval, y a raíz de eso suceden historias entre sus personajes, un relato muy fuerte en el cual la carga andina, la mística que encierra el lugar, los apus, personajes de la diablada se juntan con la carga de estos circos, gitanos, mundanos, aprovechadores. Resultó en una “chicha” muy potente, un mix muy fuerte donde personajes como malabaristas, diablos, cabezas de burro que creaba para representar a los políticos, ángeles azules, etc., lograban una riqueza visual que finalmente exprese en ilustraciones de acuarela.

En la serie TDVORO tu autonomía para crear algo nuevo vuelve a primar y muestras al retrato como un fin. Mas allá de la técnica, ¿Qué se debe conocer al retratar?

SB: Para poder retratar deberías conocer al personaje, sentir su vida, lo que emana, lo que piensa, lo que escucha, es importante conocer el fondo de la obra, lo necesario para poder expresar cómo el retratado lee el mundo.

¿Cómo abordas cada proyecto, hay alguna guía base?

SB: En mi manera de trabajar y de pintar ha sido muy importante tomármelo como un juego de aprender, explorar, crear y recrear. Verlo como retos, nuevos mundos que representar, y tomar la decisión de enfrentarlos. No solo con tus apetitos, sino también representando los apetitos del otro, sus ideas. Es ahí donde se forman universos más complejos, con reflejos, con refracciones. El resultado en conjunto, con todo lo estudiado y practicado, hay que convertirlo en algo estético, legible.

Aún me siento atraída por el método en la universidad: tener un objetivo planteado por los maestros. Me gustaba que fuera complicado, exploratorio, buscar posibilidades, sintetizar y derivar en algo único, sin referencias.

Hablando de referencias. ¿A lo largo de tu carrera has tomado alguna obra o autor/autora como referencia?

SB: Evito tener referentes, muchas obras que encontraba en galerías locales, o de Lima, me parecían asombrosas, pero también repetidas, fórmulas ciertamente fáciles, que eran la sumatoria de otras y por ende obras que no ahondaban en mí. Yo trato de ser “bruta”. Aunque no está mal lo otro.

¿Mantienes ciertos ideales de tu juventud, o se han desgastado?

SB: Yo trato que la pintura cumpla un rol en la sociedad, que no solo sea un objeto que se cuelga en la pared. Quizás por eso es que cuando me dijeron para trabajar en el Banco de color para Incalpaca me pareció algo muy trascendente, de gran significado. El color es muy importante. Se van a teñir lanas de alpaca, producidas en Arequipa, y esa paleta va a cruzar el mundo. La gente se va a vestir con esa paleta y yo voy a hacer el catálogo.

¿En tu intervención en Santa Catalina pasó lo mismo?

SB: El trabajo en Santa Catalina fue muy importante. El motivo fueron los 50 años de PROSUR, la necesidad de representar en mi obra el trabajo de miles de personas que participan en el proceso de producción, desde los que trasquilan a la oveja y hasta el recorrido del material, la repercusión laboral que significa para todos los involucrados. El éxito de que se vendan esos colores y se generen nuevos contratos en beneficio de todos me pareció trascendente.

El trabajo en Yanque también me marcó. Investigar en la iconografía, en los colores, trabajar con esas mismas personas, sus costumbres. Fue una producción colectiva. Yo sentía que me estaba realizando pero que era más que eso, era arte en equipo.

En la coyuntura actual, ¿cuál es el papel que del artista en esta sociedad?

SB: Un artista debería comprometerse con la educación. En este momento es muy importante educar, transmitir nuestras experiencias, enseñar. Todo arte tiene un gran impacto cuando es compartido. Las artes plásticas pueden ser infinitas, una cantidad vasta de universos, posibilidades; y no debemos cerrarnos en solo una. Es en la exploración donde empiezas a tener más espejos, más reflejos, más luces, y todo va sumando. Es ahí donde está el rebote, el engrandecimiento de la obra a través de su impacto, todo lo que nos ayuda a ser personas más completas. Y reflejarlo en la sociedad. Me siento feliz porque lo puedo compartir con mis alumnos, colegas, asistentes, etc. Es ahí donde entra todo lo aprendido; y así mi mundo ya no es tan pequeño y aburrido.

¿En qué otras áreas del arte te gustaría incursionar?

SB: Algo que tengo pendiente es la calle. He soñado con una ciudad más dinámica: performances, esculturas, instalaciones para que los niños jueguen, arte que invada el espacio público.

Siempre he imaginado mi obra en las calles, mis esculturas, duendes que atraviesan la ciudad, sillas gigantes, siempre he fantaseado, cada vez que he hecho alguna obra la he recreado en mi cabeza al detalle. Le encuentro un lugar y pienso cómo debería sumarse a la vida en la ciudad.

Me encantaría ver algún día la ciudad invadida por el teatro callejero, con performances, instalaciones. Siempre he imaginado un paisaje lleno de música, de carnaval, trompetas y color, música andina reventando, creando un arte vivo en la ciudad, como en Puno en época de carnavales, como en Buenos Aires o Brasil, fiestas, danzas, bailes, disfraces, doce veces al año.

¿Y qué nos falta para llegar a eso?

SB: Si me remonto treinta años atrás ya se quería ese cambio, se conversaba, pero se seguía haciendo lo clásico, lo individual. Existe falta de colectividad, grupos con coraje, grupos decididos en asumir esos objetivos y realizarlos, diez personas mínimo, con la cabeza bien adelante, comprometida. Pero para esto se requiere fuerza, pasión.

Has experimentado el mundo pre-internet, ¿sientes que se ha perdido algo, o solo está oculto?

SB: No estoy segura de lo que sucede pictóricamente ahí. Yo no estoy pegada a internet, me gusta escuchar internet para informarme, como una radio, no para mirarla. Así puedo dedicarme a hacer mis cosas. Con decirte que ni siquiera tengo mi teléfono conmigo, donde estará…

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