El cuento del “promotor”

Entrevista a Ramiro Pareja, por Samanta Bernal Jara

 Ramiro Pareja nació en Arequipa en marzo de 1952. Estudió escultura en la Escuela de Bellas artes de San Fernando y después Artes en Madrid, entre los años 75 y 80. Un año antes hizo estudios de Restauración y Conservación de Bienes Culturales, y en 1981 llevó un curso de Diseño en ilustración, en Viena. Tras una corta estadía como docente de Artes en la Universidad San Agustín se dedicó íntegramente al trabajo artístico. Lo interrogamos acerca de las relaciones entra la creación estética y la economía.

 

¿Ha recibido dinero de instituciones privadas por algún premio? ¿Sintió un compromiso por este premio?

Yo entiendo por privado a una empresa o una persona que a título personal dice voy hacer un concurso para ayudar a los artistas.

Una vez he participado en un concurso simpático, porque fue una especie de residencia en el Colca, por los años 80’s o 90’. Se estaba ahí unos días, se pintaba y después se hacía muestra y, claro, las obras se exponían. Ahí gane un premio. También en Uruguay, pero no he estado buscando este tipo de organización. Eso ha sido más circunstancial.

Además, entendemos “compromiso” como que hay un intercambio entre el participante y el organizador. Entonces, tiene que haber un contrato de por medio: “Te comprometes a tal cosa”. Eso sí ocurre en las Bases, digamos, hay una especie de compromiso que tienes que cumplir. Pero si ese compromiso se refiere a que le debes algo a esa persona o esa institución y que en cualquier momento te pueden exigir y pedir cosas al margen de lo que indica la convocatoria o las bases, no, no he tenido ninguna situación así y tampoco me prestaría para eso.

¿Ha pedido alguna vez subvención para alguna exposición? ¿Cómo financia sus exposiciones?

Yo pongo mi dinero, siempre. Cuando uno hace su muestra, lo que gastas siempre sale de tu bolsillo, salvo excepciones especiales en que te invitan y dicen: “Nosotros corremos con el catálogo y tal”, pero por lo menos en las galerías comerciales corres con todos los gastos que corresponden a la promoción de la obra, la presentación física, y material. Es un trato comercial.

Hay unos convenios sobre porcentajes con los que se queda la galería, que van del 35% al 50 %, según sean los casos. Es una cosa que, digamos, no es una excepción.

¿Alguna vez buscó patrocinio de una empresa privada?

No me gusta. Para mí siempre ha sido esa situación un poco violenta, un poco humillante. Cuando eres profesional eso ya no funciona.

Además, sabes cuál es la mentalidad, por lo menos en el Perú. Cuando vas a un sitio de esos te ven como como si estuvieras limosneando y te quieren mostrar que ellos son quienes tienen el poder en ese momento. Entonces, hay un trato que a mí no me gusta.

Hace ya muchísimos años tuve oportunidad de conversar con alguien. Lo que yo buscaba era simplemente información, no me interesaba más, ¿entiendes? Una actitud como si te estuvieran haciendo un favor; y para ellos la incomodidad de recibir a alguien que va a hacerles un pedido, o, simplemente que va ir a quitarles su tiempo y su costo.

Por lo menos digo “Nunca me han subvencionado nada y tampoco lo quiero, ya sea en lo privado como en lo público”.

En lo publico parece que hay un trato de favor: hoy hacen esto y ya te mandan a hacer otra cosa. Es preferible tener menos deudas con las instituciones, o con las municipalidades o gobiernos regionales, pues eso está en manos de políticos; el gobierno de turno con el color político de turno tiene una idea: capitalizar todo lo que hacen en beneficio de su partido o en sus ideas, etc.

Eso no me va a mí, nunca he tenido que hacerlo y no lo quiero hacer, no tener ese tipo de interés y menos si de eso depende mí independencia y libertad sobre todo moral y ética. No me beneficia, ni quiero sentir que estoy en deuda u obligación con algo que es mi trabajo. Entonces por eso no pido ayuda ni auspicio de nadie.

¿Qué piensa del trabajo de los curadores?

Suena muy gracioso, los curadores en el fondo son gente que en su mayor parte han salido de escuelas de Historia o de Filosofía hablando de Estética. Son personas que se involucran hasta un parte con el artista y averiguan qué ha hecho y como lo ha hecho, qué significado tiene. Arman un discurso y lo presentan como producto de su análisis, y gracias a que tienen la capacidad de analizar y entender lo que esta persona ha hecho dicen: “Ustedes pobres analfabetos, vienen a una muestra para entender de qué se trata”.

Se ha llegado al punto en el que el artista es más o menos, a la vista de mucha gente y por la forma en que circula el tema, un analfabeto, simplemente un artesano que hace la obra mientras el otro es el cerebro, capaz de analizar y entender el resultado. Eso es pernicioso para los artistas.

Por lo menos yo me siento capaz de argumentar sobre las cosas que estoy haciendo, explicar qué contiene mi obra en su conjunto. La obra del artista no será valorada por un solo cuadro, sino por el resultado del esfuerzo de toda la vida, el tiempo en que su obra está mostrando una serie de aspectos de la realidad con los que trabaja, y luego convierte en imágenes, sean imágenes visuales clásicas o lo que quiera.

En ese sentido, a mí no me es grata la imagen de los curadores, o los “promotores culturales”. Esa palabreja es sobre todo para los que se encargan de buscar trabajo a los artistas de espectáculos, a los deportistas, a los que hacen actividades lúdicas y “culturales”, si quieres. Es una cosa que han sacado de la manga y un poco que la quieren meter y vender como si fuera importante.

Pero siempre han existido representantes, marchantes, ¿no?

Siempre han existido personas que quieren buscarse la vida y tener presencia en el mundo del arte, pero en base del trabajo del que tiene el anonimato. Hoy muchos curadores terminan siendo vedetes, personas que aparecen en la publicación como el cerebro capaz de dilucidar qué es lo que hay ahí. El artista ni se ha dado cuenta de lo que ha hecho. Nos venden una idea a terceros y es la idea que ellos han fabricado.

Hay algunos que se sienten casi como artistas, te los encuentras por casualidad en una galería y es de verdad alucinante. Recuerdo de una situación patética, de un crítico italiano, Achille Bonito Oliva, que decía que levantaba o hundía a todo aquel artista que a él le parecía que tenía que estar bajo su control. Tuvo una idea peregrina, de esto hace como dos Bienales anteriores; se puso un asientito a la entrada de uno de los pabellones de la Bienal de Venecia a soltar ahí una perorata sobre el arte. Y quería hacer una especie de performance. Y más o menos convertir al crítico, al curador, en artista. En el fondo muchos de ellos quieren sentirse los artistas y llegan a ese punto que en verdad es patético, de verlos hacer el ridículo tremendamente.

En Lima, sin ir muy lejos, para qué irme hasta Italia con Bonito Oliva, hay un crítico muy conocido, que ha terminado haciendo una exposición en la sala Luis Miró Quesada Garland, en Miraflores. Ahora resulta que de critico pasa a ser artista e hizo ahí unas instalaciones pero que eran de vergüenza. Era un mamarracho que no había quién lo agarrara por ningún lado. Él se sentaba y se paraba, que si el contenido o tal. Y estaba haciendo el ridículo.

No todo es solamente la parte argumental, la parte teórica es muy importante desde luego, pero eso no te da autoridad para luego meterte a hacer un disparate, una tontería y decir que has hecho una obra y que eres un artista. Lo único que demostró ahí es que hay un discurso, unas intenciones ocultas, lo único que cuenta después de ver y escuchar todas esas cosas es que en el fondo en este mundo hay un interés oscuro y miserable.

Para mí, sinceramente lo único que me queda es hacer mis cosas tranquilamente en la intimidad de mi espacio, haciendo lo que realmente creo que es importante. Porque la práctica del arte es una forma de subsistencia, pero no material sino espiritual.

Eso es lo que me sostiene y justifica de alguna manera, la razón de existir. Si no tuviera eso no sé qué habría hecho ya.

¿Qué piensa de los llamados Promotores culturales?

Esto es en terreno oficial. ¿Qué te haces con un señor que no sé cuál será su formación, pero es el Encargado de Cultura? Un señor que de pronto lo encuentras en una municipalidad de provincia; que resulta que es quien decide, arma y desarma cualquier cosa que tenga que ver con la cultura. Tú no sabes si está calificado para eso, en primer lugar, si tiene la sensibilidad o la formación. ¿Por qué? Porque todo es manejo político: Como nos ha apoyado aquí al grupo y ha puesto dinero, su persona y su tiempo y es del partido, venga y le vamos a dar un puesto.

Lo vemos a nivel macro en el gobierno; a quiénes han puesto de Ministros de cultura, por Dios, Ministro del Interior, Ministro de Educación; pero si son una banda que encima tienen una actitud de arrogancia, de chulería que les da precisamente la ignorancia y la brutalidad de no tener formación ni sensibilidad para cumplir con el cometido que les han dado. No me gustan estas situaciones.

Lo único que puedo decir es que es lamentable, un panorama tristísimo que ves en el gobierno de la región, en las municipalidades, es vergonzoso, ¿no? Personas que han sido puestas de la noche a la mañana y que luego deciden, hacen y deshacen sobre lo que es el arte y sobre lo que es idóneo o no para ser impulsado, apoyado, y si es pertinente hacer tal o cual cosa. Así lamentablemente es en nuestro país y la mesocracia es la que prima y está por todo lado.

(Maestría de Artes, UNSA)

Deja un comentario