El español, una lengua mestiza

Entrevista al director del Instituto Cervantes, por Willard Díaz

El 11 de noviembre se anunció en Arequipa oficialmente el noveno Congreso de la Lengua Española que bajo el lema “Lengua española, mestizaje e interculturalidad. Historia y futuro” se realizará en esta ciudad en marzo del próximo año. Dialogamos sobre los objetivos del Congreso con el poeta Luis García Montero, director del Instituto Cervantes.

¿Cómo surgió la idea de realizar en Arequipa en Congreso de la Lengua Española?

Los Congresos de la Lengua se vienen haciendo desde los años 90 en distintos países donde el español es lengua nativa. Se han hecho en Méjico, Argentina, Colombia y no se había hecho todavía ninguno en Perú.

Para los congresos se busca ciudades que no sean las capitales de la nación. En Méjico no se hizo en la ciudad de Méjico sino en Zacatecas, en Argentina no fue en Buenos Aires sino en Córdoba, y se pensó que una ciudad importante en Perú era Arequipa, que es además una ciudad muy atractiva, porque uno de los asuntos que queríamos abordar en el Congreso era la amplitud que se recoge en la palabra “mestizaje” como diálogo de culturas, de civilizaciones, de historias; y Arequipa es la ciudad más adecuada, en la que el mestizaje ha influido desde la literatura hasta la gastronomía y las costumbres de la vida.

¿Cuál fue el papel de Mario Vargas Llosa en esta decisión?

Él fue uno de los que manera más activa defendió la posibilidad de que el Congreso se hiciera en Arequipa.

¿Cómo y dónde se tomó la decisión final?

Es una decisión que se toma en la sede donde se está celebrando el Congreso. El próximo año en Arequipa se decidirá dónde va a ser el décimo Congreso. Las ciudades presentan sus candidaturas y ese pedido se defiende ante las Academias de la Lengua Española y del Instituto Cervantes.

A Córdoba, Argentina, fue el año pasado una delegación encabezada por el rector de la Universidad de San Agustín, en conexión con la Alcaldía de la ciudad y el gobierno de la región, con el apoyo de una institución con la que colaboramos mucho, que es el Centro Cultural Inca Garcilaso, de la Cancillería. Estas instituciones fueron a Córdoba a solicitar y defender la candidatura de Arequipa.

¿Cómo se reparten el trabajo entre la RAE y el Instituto?

El Instituto Cervantes depende del gobierno de España y tiene por misión la defensa de las lenguas españolas; enseña español en aquellos países en los que el español no es lengua nativa. Los españoles somos solo el ocho por ciento de una comunidad de casi quinientos millones de hablantes. Hay hablantes de español en Méjico, Argentina, Bolivia, en Estados Unidos hay casi cincuenta millones de hablantes de español. El Instituto es el que desde el año 97 puso en marcha la celebración de los grandes congresos de la lengua española. Para ello pidió la colaboración de la RAE.

La Real Academia Española tiene como misión vigilar la calidad de la lengua y su corrección. Desde hace mucho defiende una tradición panhispánica. Sabe que el español no es una propiedad de España sino de todos los países que la tienen como lengua nativa. Ellos se encargan de hacer el Diccionario de la Lengua en común.

Hablemos del tema de este Congreso.

Va a ser la Interculturalidad y el mestizaje.

La cultura peruana nos ofrece la oportunidad de una meditación muy oportuna.

Creo que nos están imponiendo identidades cerradas. Están surgiendo otra vez los odios supremacistas, unas identidades que se consideran superiores al otro y que además ven al otro como una amenaza. Eso es muy peligroso cuando ocurre con las grandes identidades que intentan reprimir a las identidades minoritarias, pero también ocurre las veces  en que las identidades minoritarias más que reivindicar la convivencia en el respeto lo que reivindican es la fuerza cerrada de su propia identidad minoritaria haciendo que el espacio común se fragmente en identidades cerradas, más pequeñas, que van a defender lo suyo de manera uninacional y que van a romper las posibilidades de convivencia y de diálogo.

Frente a esta lógica, que estamos viendo en Estados Unidos o en Brasil o en países europeos o de Latinoamérica, nos parece muy importante reivindicar el mestizaje como una invitación a la convivencia, al reconocimiento del otro, a comprender cómo nos vemos los unos y los otros y nos enriquecemos al convivir.

Pero el concepto de “mestizaje” es en sí mismo controversial.

Ha habido muchos debates sobre el mestizaje diciendo que muchas veces se utiliza de manera mezquina, que se defiende al mestizaje como una cultura establecida para despreciar a los indígenas, y se crea una dinámica donde el blanco puro mira por encima del hombro al mestizo y el mestizo mira por encima del hombro al indígena.

Uno recuerda esos capítulos de las novelas de José María Arguedas o de Ciro Alegría donde el indígena tiene miedo de mirar a los ojos al blanco o al mestizo, porque ellos lo consideran un ser inferior.

Quiero ubicar el mestizaje como un concepto positivo que es el más adecuado para huir de las identidades cerradas y reivindicar la convivencia. El idioma es un buen ejemplo.

Los primeros documentos que se tiene de la lengua nacen en un territorio en el que se hablaba el euskera, y son explicaciones a un texto en latín del que procede el castellano, y hay al mismo tiempo explicaciones en euskera y en castellano. Y es que después el castellano convivió con el catalán, con el árabe, y al llegar a América convivió con las lenguas indígenas. Hasta el punto en que ya en los libros de viaje de Cristóbal Colón aparece una palabra naturalizada que es de origen indígena, taíno, la palabra canoa. A partir de allí hay muchos términos que han entrado en nuestro idioma procedentes del árabe, como almohada, y así de las lenguas indígenas como el quechua y el aimara.

Además, cuando hablamos del español tenemos que decir que nadie es dueño del idioma, nadie puede decir aquí se habla bien el español. El español se habla bien en todo sitio porque se habla como se habla en cualquier sitio y no es que los andaluces hablemos peor que los castellanos, o que en Centroamérica se hable peor que en Bogotá.

Un idioma tan extenso convive con la geografía y a partir de allí lo que tenemos que hacer es tomar consciencia de que tenemos un idioma grande y mantener su unidad pero basándonos en el respeto a la diversidad. De manera que el mestizaje es una buena perspectiva para huir de las soberbias identitarias que acaban siempre en el desprecio y en el odio, y para reivindicar la convivencia.

¿Se van a desarrollar con este espíritu talleres o seminarios durante el congreso?

Sí, va a haber en la Universidad de San Agustín muchos paneles y mesas redondas con gente que va a venir de afuera a vincularse y trabajar con los locales sobre distintos aspectos del idioma y el mestizaje desde un punto de vista filológico, pero también jurídico, social. Mesas redondas sobre los medios de comunicación de la actualidad y el idioma.

Es muy importante que la ciudad viva como suyo el Congreso. Se va a estudiar de qué modo se han establecido diálogos, por ejemplo en la música, entre el cante jondo que es una práctica musical que recuerda la manera de entender la música andina por su unión con la naturaleza y su poder metafórico del ser humano; y el tiempo lento frente a las prisas de la vida contemporánea. Un gran guitarrista andaluz, Paco de Lucía, vino a Perú y vio qué juego que daba un cajón peruano y lo asimiló, y se ha extendido mucho en la música flamenca que se toca ahora con cajón peruano, y ese diálogo a mí me ilusiona mucho.

 

 

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