Comentarios no Reales XI

Por Pamela Cáceres

REGRESO DE LA CHUSMA Y RELATO DE HORRORES QUE SUCEDEN A LOS GENTILES

He dejado esta suma narración por más de un año, siendo yo muy chusma poco guardo el derecho de holgar que bien acogen hoy los perros, los gatos y los señores destos reinos. Hay que saber, pues, que las letras igual que las armas vienen siempre de una holgura, pienso pues que holgando en tiempo puede hacerse letras y holgando en oro puede hacerse guerras.

Decía el inca cronista que escribía para aprovechar sus ocios «con honrosa ocupación». Yo, chusma contemporánea ya ni poseo el libre tiempo que antes ganaban quienes cumplían su año trabajando, no ando en sosiego, más veces es la angustia que bien dibuja estas letras. Por eso no he sabido qué pensar, hace un calendario fabulaba como tema pleno en dones la suma narración de las vidas de estas tierras y hoy no lo creo tanto así. Sepa usted lector que en los pasados días acaecieron horrores contra nosotros los gentiles, horrores que han vuelto lo cotidiano en suceder muy fatuo.

En cierta ciudad del norte el techo pesado del gran mercado de unos banqueros se vino encima de familias y de niños. Debo decir, que al saberlo di palabra de jamás regresar a estos mercados que iguales hay en nuestras tierras con los mismos techos, pero al cabo de días volví a hacerlo no sin temer que algo me cayera encima, hasta que tiempos luego, la temeridad volvió al cuerpo y como muchos gentiles olvidé a aquellos que perecieron aplastados. No siendo poco, una empresa de ricos boticarios produjo un suero ponzoñoso que en vez de sanar mató a algunos enfermos quemándoles por dentro. Otra empresa dio de comer a niños estudiantes alimento propio de perros. Aunque han exaltado tanto su privada eficiencia, no queda duda, los varones dueños destos reinos son, a pesar de sus tantísimas ventajas, gentes muy ineptas y de flacas hazañas.

He leído en la Historia que hace más de cien años estos varones dueños de riqueza eran también retrasados en adquirir nuevas ideas, muy contemplativos de sus sangres y sus convenientes tradiciones. Creo yo, andan en menoscabo pues todavía en aquellos tiempos había señores de agudos ingenios, hoy tienen poco que elogiar, ni en empresa ni en artes ni en ciencia; sus inventos copiados están mal hechos, nadie los paga más allá del horizonte; sus riquezas vienen de la barata venta de las piedras de la fértil tierra, del taimado engaño al fisco, de regatear nuestra fuerza de gentiles y de vendernos siempre el gato por la liebre.

Toman tan malas decisiones los varones destos reinos que ha caído la señora de Palacio que tanto goce les ha concedido y no ha caído por que les horrorice la mucha sangre de gentiles que esta ha derramado, ha caído por su falta de seso y grosero gobierno. No contentos, han pasado el cargo a un acusado de perjudicar mujeres, pienso ¡qué poca nausea le hemos demostrado a este señor!, quizá hasta ahora, a nosotros los gentiles, nos repugna poco tal vileza.

También, en el Señor del Nuevo Orbe se presume la inmundicia de perjudicar niñas. Este mismo Señor ha mandado a unos guardias de cara tapada capturar a los gentiles que anden por la calle habitando su nación para llevarlos a lejanas cárceles, separando madres de niños y hermanos de hermanas. En una protesta contra la pesquisa de gentiles los guardias han pegado un disparo en la cabeza a una mujer que ha perecido, así como se muere en las protestas destas tierras. Pareciendo poco, en las navidades el Señor del Nuevo Orbe ha teledirigido misiles, hacia una nación muy cercana que lleva mucho que sufrir de tener tanto petróleo. El Señor del Nuevo Orbe se ha llevado secuestrado hasta su país al presidente de tal nación, al parecer un corrupto de dudosa democracia que mucha ira ha desatado por aquí. Algunos, contemplando más la rabia que les causa el secuestrado, imposibilitados para imaginar soluciones dignas, han celebrado como buena tal captura. Yo no entiendo cómo puede celebrarse al Señor del Nuevo Orbe que anda persiguiendo a nuestras gentes, debe ser alegría de ratones viendo a gato engullir presa de otra especie.

Hay muchos más de estos horrores, pienso que, al añadirlos, el lector sospecharía que se trata de tremendismos propios de una chusma, por eso los omito, reuniendo pocos, hago real lo terrible. Pido así perdón de continuar mi suma narración de las vidas de estos tiempos sin parecer que omito estos pesares por ganar mala paz o, siendo peor, por ganar el favor de los señores.