{"id":1713,"date":"2020-04-10T11:49:07","date_gmt":"2020-04-10T16:49:07","guid":{"rendered":"https:\/\/altodelaluna.com\/wp\/?p=1713"},"modified":"2020-04-10T11:52:14","modified_gmt":"2020-04-10T16:52:14","slug":"el-contrabando-de-isaac-torres-oliva","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/altodelaluna.com\/wp\/2020\/04\/10\/el-contrabando-de-isaac-torres-oliva\/","title":{"rendered":"\u00abEl Contrabando\u00bb, de Isaac Torres Oliva"},"content":{"rendered":"<p><!--more--><\/p>\n<p>Aquella ma\u00f1ana el sol amaneci\u00f3 con su ropaje dominguero. Ilumin\u00f3 las casuchas porte\u00f1as y se desperez\u00f3 sobre la anchura tremenda del mar. As\u00ed de temprano, las viejucas, con sus pasos menuditos como confeti de carnaval, iban a misa, llevando entre sus manos descarnadas el breviario hinchado de estampitas de todos los santos del cielo. Las cholas, gruesas y tostadas por la sal marina, equilibrando sobre sus caderas redondas la canasta del recado, volv\u00edan de hacer su agosto con los cholos badulaques de la recova. Algunos estibadores y lancheros sentados en los bancos del Malec\u00f3n, incansables de ver el mar, su tierra, incrustaban sus miradas de ave marina en el horizonte. \u00bfHorizonte? \u00bfTiene acaso la gente del puerto horizonte? \u00bfTiene lontananza? Ellos no tienen noci\u00f3n de la distancia. Tampoco la tienen del tiempo. Tiempo y distancia son una misma cosa para el fil\u00f3sofo y el marino. Y, como ellos saben que a tantas millas marinas y a tantas fracciones del d\u00eda o de la noche aquella l\u00ednea que cautiva la imaginaci\u00f3n se esfuma y desaparece y va m\u00e1s all\u00e1, as\u00ed tambi\u00e9n saben que la distancia y el tiempo van m\u00e1s all\u00e1 de lo que sabemos y, por ello, son indefinidos e inexistentes.<\/p>\n<p>Por los pasillos de la Aduana, todav\u00eda embufandado, el Capit\u00e1n del Resguardo, Alejo Tapia, y algunos rondines, se calentaban al primer sol, reflejando en sus rostros tanto la pesadez de la mala noche como el dulce placer de haber terminado la jornada para ir a descansar. Sobre todo estaban bien contentos pues nada hab\u00eda ocurrido aquella noche tan terrible. Las lanchas patrulleras hab\u00edan cumplido su misi\u00f3n. Se hab\u00eda rebuscado minuciosamente todas las caletas de sur a norte y no hubo ni siquiera indicios de contrabando. Sobre todo, el Sonso Tom\u00e1s durante varias semanas no se hac\u00eda a la mar, magn\u00edfico pretexto que usaba para ponerse en contacto con los grandes contrabandistas del sur, elegir la mercader\u00eda y la caleta m\u00e1s adecuada en la que habr\u00edan de abracar los faluchos, irremediablemente, d\u00edas despu\u00e9s.<\/p>\n<p>El Sonso Tom\u00e1s y el Capit\u00e1n Tapia, pese a haber sido amigos desde el colegio se ten\u00edan un odio mortal: cuesti\u00f3n de faldas. En el Mercado vend\u00eda fruta la Elena, una chiquilla de diecisiete a\u00f1os tan dulce y jugosa como las golosinas que ofrec\u00eda. Era verdaderamente rica. Ten\u00eda unos ojazos prietos y dormidos como una media noche marina; la narizuca levantada y los labios frescos como los amaneceres a la orilla del oc\u00e9ano; cuerpo gr\u00e1cil como el contorno de los faluchos juguetones, y dos senitos cual dos polluelos temblorosos de amor. Sobre ellos, como dos negras v\u00edboras, se columpiaban a cada vuelta sus largas trenzas azabaches. Todos los muchachos de aquella hornada compr\u00e1bamos fruta para nuestras casas. \u00c9ramos la mejor juventud de treinta a\u00f1os atr\u00e1s. Pero todos se daban cuenta de que la Elena hab\u00eda sabido cautivarnos y que la grandeza de nuestra educaci\u00f3n consist\u00eda solo en agradarle a ella, en adquirir sus frutas sabrosas, en darle nuestras \u00faltimas monedas, en tocar sus manos morenas y olorosas, en verle los ojos dormidos y tristucos.<\/p>\n<p>Todos los d\u00edas, quienes sal\u00edamos del colegio y los que ya trabajaban nos sent\u00e1bamos en alguno de los bancos de la plazoleta a tomar los d\u00e9biles rayos del sol invernizo. Media hora despu\u00e9s nos retir\u00e1bamos a nuestros hogares haciendo escala forzosa en el Mercado. All\u00ed le dec\u00edamos nuestras galanter\u00edas y ella sonre\u00eda, como una diosa marina en medio del oro de sus frutas. Nos hac\u00eda bolsitas con pl\u00e1tanos de Guayaquil, duraznos arequipe\u00f1os, uvas de Majes, pedazos de coco chileno, etc., o nos pon\u00edamos al hombro una sand\u00eda o un atado de ca\u00f1as del rico y cercano valle de Tambo.<\/p>\n<p>Poco a poco fuimos olvidando esa querencia. La Elena iba abriendo surcos en su coraz\u00f3n para aquellos de su pelaje. Nosotros \u00e9ramos ni\u00f1os bien. Us\u00e1bamos corbata y nuestros padres nos obligaban a sentarnos en la platea, por m\u00e1s que nuestra vida palomillosa estuviera cerca de las cazuelas. Solo quedaron dos prendados de la fruterita: Alejo Tapia y el Sonso Tom\u00e1s, para quienes reserv\u00f3 un rinconcito en su coraz\u00f3n indeciso y con quienes jugaba, como la princesa Eulalia, hasta que el destino la at\u00f3 al primero por medio de un reto\u00f1o, fuerte y carant\u00f3n como su padre, y rico y moreno como ella.<\/p>\n<p>Cuando despu\u00e9s de muchos a\u00f1os regres\u00e9 al puerto volvimos a hacer la cuerda de amigos. No perd\u00ed la fisonom\u00eda de ninguno, pese a que los diez a\u00f1os de ausencia aventados por todos los caminos del mundo nos hab\u00edan desdibujado algunos rostros porte\u00f1os y algunos hechos y an\u00e9cdotas de nuestra infancia y juventud.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY qu\u00e9 es del Sonso Tom\u00e1s Cueva?\u2014 pregunt\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014Te va a dar mucha pena si lo ves \u2014me contest\u00f3 uno de la cuerda.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9?<\/p>\n<p>\u2014Se ha dedicado a la mala vida.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfMala vida? \u00bfQu\u00e9 hace?<\/p>\n<p>\u2014Se ha metido con una serie de contrabandistas y a cada rato lo cogen, lo encarcela, lo procesan.<\/p>\n<p>\u2014Y se ha vuelto un desalmado terrible \u2014terci\u00f3 otro de los del grupo\u2014. El otro d\u00eda bot\u00f3 un marinero a la poza, porque le impidi\u00f3 ir a bordo.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed\u2014 dije recodando. Era fuerte como un toro. \u00bfY Tapia? \u00bfC\u00f3mo se llamaba Tapia?<\/p>\n<p>\u2014Alejo\u2014 me contest\u00f3 Pedro R\u00edos.<\/p>\n<p>Y por mi mente pas\u00f3 la tremenda paliza que me diera cierto d\u00eda en la quebrada por no s\u00e9 qu\u00e9 broma que le hice. Y esto que yo era mayor y m\u00e1s grande que \u00e9l.<\/p>\n<p>Parece que todos recordaron lo mismo, pero nadie dijo una sola palabra, aunque sus miradas, quieras o no, se treparon a mi cara. En ese momento, instintivamente, me toqu\u00e9 la cicatriz que me dej\u00f3 en el p\u00f3mulo.<\/p>\n<p>\u2014Era guapazo\u2014 le dije.<\/p>\n<p>\u2014Actualmente no hay quien le pegue.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY el Sonso?\u2014 pregunt\u00e9, aprovechando la afirmaci\u00f3n y como busc\u00e1ndole coteja que pudiera vengar mi horrible chirlo.<\/p>\n<p>\u2014No\u2014 me replicaron a un tiempo\u2014. El Sonso es sucio. Al tiro saca navaja. En cambio el Alejo es limpio.<\/p>\n<p>Y el charler\u00edo continu\u00f3, recordando, recordando.<\/p>\n<p>Pocos d\u00edas despu\u00e9s el Sonso de hac\u00eda a la mar en su bote pescador. Dentro de la panza recia iba el bracero todav\u00eda apagado, para calentar el fiambre y poner el t\u00e9; la botella de alcohol o ca\u00f1azo para preparar el ch\u00edngaro tonificante; la red, minuciosamente acondicionada; la lata mohosa para achicar el agua; y en un rinconcito, escondida, el arma espuria del pescador: la dinamita.<\/p>\n<p>Al colocar los remos a los costados del bote, el Sonso prendi\u00f3 un cigarrillo y, con su temible sonrisa de Neptuno criollo, se despidi\u00f3 de la gente levantando su brazo izquierdo. De cada remada el bote avanzaba hasta veinte metros, cortando en dos grandes moles de encrespadas olas que penetraban retumbando en la poza del muelle. Aun de lejos se notaban sus brazos atl\u00e9ticos y su t\u00f3rax hermoso de remador ol\u00edmpico, batiendo a comp\u00e1s los remos impulsores. Lo vimos perderse en la distancia, diluirse como las aves marinas en el vaho mortecino del atardecer. Nos gustaba el hombre: si era de nuestra tierra; mejor dicho, de nuestro mar. Por eso todos anhel\u00e1bamos volverlo a ver. El \u00fanico, tal vez que no lo quisiera, era el Alejo Tapia, el Capit\u00e1n del Resguardo, su compa\u00f1ero de aulas, separado de \u00e9l, como los remos, por el coraz\u00f3n femenino de la Elena.<\/p>\n<p>Cada vez que el Sonso se hac\u00eda a la mar regresaba con su bote plateado de corvinas, bonitos, gavinzas, cabrillas, qu\u00e9 se yo; y \u00e9l en medio de tanto pescado, como un \u00eddolo que emergiera de pleno mar. Mas, con su arribo llegaba tambi\u00e9n el contrabando. No se sab\u00eda c\u00f3mo, pero esa misma noche o d\u00edas despu\u00e9s entraban al puerto, por algunos de los recovecos, casimires, relojes, perfumer\u00eda, cigarrillos y miles de cosas que llenaban las tiendas de los turcos apa\u00f1adores. Por m\u00e1s que la polic\u00eda marina se pon\u00eda en movimiento, por m\u00e1s que toda la noche vigilaban las caletas aleda\u00f1as, por m\u00e1s que las lanchas patrulleras recorr\u00edan el mar en todas direcciones, el mar se hac\u00eda cada vez m\u00e1s ancho, sumamente grande, y el bote contrabandista cada vez m\u00e1s peque\u00f1o, min\u00fasculo. Todos sab\u00edan que \u00e9l era el autor, pero nadie lograba cogerlo con las manos en la masa. Mientras el contrabando se repart\u00eda en el puerto a las gentes que hab\u00edan dado el dinero, o se acondicionaba en camiones para llevarlo a Arequipa, el Sonso, a la vista de todos, repart\u00eda su pescado o fumaba su cigarrillo americano estirado en alguno de los bancos del malec\u00f3n que mira al mar, contemplando, po\u00e9ticamente, c\u00f3mo se ahogaba el sol en la infinita vastedad, entre un capricho de nubes de colores y un lento cortejo de aves tristonas.<\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana, cuando a\u00fan no hab\u00eda salido el sol, el Sonso, remando su bote bicolor entraba al muelle, en alto su mano izquierda, como un pend\u00f3n. Desde lejos lo vimos, alta la vela, arremetiendo al puerto. La fuerza del viento, toc\u00e1ndolo de barlovento, lo impulsaba como una exhalaci\u00f3n. Despu\u00e9s empez\u00f3 a llenar el producto de su pesca en sacos que eran izados por gruesos hombres desde el embarcadero, y de all\u00ed, llevados en hombros al varadero. Ac\u00e1, mujeres especializadas, con finos cuchillos, cog\u00edan los animales, les abr\u00edan el vientre, separaban las hueveras y arrojaban a los gallinazos gorreros el saldo de las v\u00edsceras inservibles. Muchos de estos volaban sobre las cabezas humanas, cog\u00edan su raci\u00f3n a picotazo limpio y se la engull\u00edan en los islotes vecinos. Despu\u00e9s volv\u00edan por m\u00e1s, insaciables, glotones. Todo el mundo se pleiteaba la corvina reci\u00e9n llegadita; al c\u00e1lculo, se vend\u00edan las piezas a diez o doce soles. Su precio se elevaba sobre el del mercado, pero el gusto era llevarla a casa del mismo varadero, fresca y cristalina.<\/p>\n<p>Esa misma noche ya se sent\u00eda el run run del contrabando: se o\u00edan frases incoherentes, se ve\u00eda inquietas a las autoridades y polic\u00edas mar\u00edtimas; la gente de mar se gui\u00f1aba el ojo, se ol\u00eda a pescado o a sangre.<\/p>\n<p>Alejo Tapia, como Capit\u00e1n del Resguardo, sali\u00f3 a dirigir personalmente la b\u00fasqueda: unos a pie deber\u00edan vigilar las caletas tramposas del norte y la carretera que entraba al puerto; otros, rev\u00f3lver en mano, en sitios estrat\u00e9gicos esperar\u00edan el atraque de los faluchos contrabandistas, y \u00e9l, como un campe\u00f3n, con sus mejores hombres vendr\u00edan, en forma de abanico, en las lanchas patrulleras, cerrando la fuga por mar al m\u00e1s diestro de los marineros. Ni un pez escapar\u00eda a ese c\u00edrculo tramado por el cumplimiento del deber, y de la venganza.<\/p>\n<p>Ser\u00eda la una de la madrugada cuando la noticia, como una ola, lleg\u00f3 al puerto: en La Sorda, una caleta intrincada, hab\u00edan cogido a los contrabandistas. Corrimos hacia all\u00e1, presas de la curiosidad. Efectivamente, por medio camino los polic\u00edas del Resguardo tra\u00edan a varios hombres esposados. Reconocimos a algunos: Marfil, Jaiba, Aracanto, etc\u00e9tera., pero el Sonso no estaba entre ellos. Habr\u00eda costado mucho trabajo reducirlos, as\u00ed lo mostraban los rostros sanguinolentos y las ropas deshechas de vencedores y vencidos.<\/p>\n<p>\u2014Rodearemos la casa del Sonso\u2014 orden\u00f3 Tapia\u2014. Le har\u00e9 otro c\u00edrculo sin escapatoria \u2014Dispuso a su gente en las esquinas y techos vecinos\u2014. Yo mismo entrar\u00e9 con Garc\u00eda. Ven, herman\u00f3n.<\/p>\n<p>Todos los curiosos pudimos ver en los ojos de Tapia c\u00f3mo brillaba la fruici\u00f3n del triunfo.<\/p>\n<p>Empuj\u00f3 suavemente la puerta del conventillo. En uno de los cuartos viv\u00eda solo el Sonso Tom\u00e1s. Atraves\u00f3, con la oreja y la mirada atentas, el callej\u00f3n, y de un salto se puso al otro lado de la puerta. Pararon el o\u00eddo, y con un movimiento de la mano indicaron que la presa estaba all\u00ed. De los techos de las casas vecinas se levantaron unos hombres y cautelosamente fueron formando un anillo alrededor de la habitaci\u00f3n se\u00f1alada.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Sonso, date por vencido! \u2014le grit\u00f3 Tapia, esperando temerosamente la respuesta. Todav\u00eda le ten\u00eda respeto. Nadie contest\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1s pedido. Hemos rodeado la casa y la manzana.<\/p>\n<p>El silencio era lo \u00fanico que se o\u00eda en aquel instante.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Sal, mierda!\u2014 grit\u00f3 desesperado, pensando quiz\u00e1 que hasta en el momento del triunfo el Sonso se burlaba de \u00e9l\u2014. \u00a1S\u00ed, est\u00e1 ah\u00ed! \u2014le grit\u00f3 a su gente\u2014, rompamos la puerta.<\/p>\n<p>Dio un empell\u00f3n feroz, capaz de voltear a un buque, pero aquella fr\u00e1gil portezuela apenas se meci\u00f3 hacia adentro lanzando un d\u00e9bil chirriar de sus bisagras mohosas.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1La echaremos abajo!\u2014 volvi\u00f3 a gritar, hecho un energ\u00fameno, dando mil patadas, como si esa hoja fuera el mismo cuerpo que odiaba tanto\u2014. \u00a1Traigan ese tronco \u2014orden\u00f3 enseguida, viendo que todo era imposible\u2014. \u00a1La echaremos abajo!<\/p>\n<p>Iban a lanzar el primer empell\u00f3n, cuando se le ocurri\u00f3 una idea mejor. Hizo acercar a uno de los detenidos y le orden\u00f3 que lo convenciera.<\/p>\n<p>\u2014Tom\u00e1s, sal nom\u00e1. No hemos podido defenderte. Estamos heridos.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Que la trampa se los cargue, maricones! \u2014maldijo el hombre desde dentro\u2014. \u00a1Primero muerto me sacar\u00e1n de aqu\u00ed!<\/p>\n<p>No sab\u00edan qu\u00e9 hacer. De un empuj\u00f3n salt\u00f3 la puerta. Adentro era una boca de lobo. Mejor para ambos. Alejo Tapia, arrimado a una de las paredes, con la bala presta, sigiloso como un arponero ten\u00eda los cinco sentidos puestos en todo. Desde afuera iluminaban la habitaci\u00f3n con una linterna. \u00c9l corr\u00eda la mirada recelosa pero firme junto a la luz. No hab\u00eda nadie.<\/p>\n<p>De pronto, como un rayo, salt\u00f3 hacia el ropero y abri\u00e9ndolo orden\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Sal!<\/p>\n<p>La luz solo le mostr\u00f3 unas ropas inanimadas, meci\u00e9ndose como monigotes. De pura ira dispar\u00f3 contra una casaca, a la altura del coraz\u00f3n. As\u00ed deber\u00eda ser el tiro que hab\u00eda ensayado tanto. Su pulso estaba bien. Eso lo hizo tomar confianza. De otro salto se tir\u00f3 bajo la cama, disparando, pero nada. Entonces fue sintiendo el desesperante vac\u00edo de la habitaci\u00f3n, la proximidad de su derrota.<\/p>\n<p>Todos comenzamos a dudar. Tal vez lo fatigoso de la jornada nos hab\u00eda alucinado. Pero, \u00bfno hubo ruidos dentro de ese antro? \u00a1\u00bfY no hab\u00edan escuchado todos la misma maldici\u00f3n?! Se miraron unos a otros estupefactos. Volvieron a examinarlo todo. Sobre la mesa de noche un papel escrito los invit\u00f3 a leer. Tapia lo cogi\u00f3 y ley\u00f3 para s\u00ed: \u201cAlejo, sobre el ropero est\u00e1 el contrabando que buscas. Gu\u00e1rdalo y no lo entregues a nadie. Es tuyo. Tom\u00e1s\u201d.<\/p>\n<p>Alejo Tapia tom\u00f3 de encima del ropero una cajita de metal, la abri\u00f3, y varias fotograf\u00edas y esquelas le hicieron abrir los ojos desmesuradamente. Un sudor fr\u00edo le cubri\u00f3 la frente y un rictus cadav\u00e9rico se dibuj\u00f3 en sus facciones de hombre enga\u00f1ado. Cerr\u00f3 la caja, la apret\u00f3 fuertemente contra su pecho, mir\u00f3 a todos y luego baj\u00f3 los ojos, descorazonado. Luego, al ver su rev\u00f3lver in\u00fatil, ocioso, dispar\u00f3 contra la primera sombra que vio. El plomo irresponsable abri\u00f3 un hueco en la pared, por donde entr\u00f3 la luz de la calle. Peor a\u00fan, parec\u00eda uno de los ojos burlones de Cueva.<\/p>\n<p>\u2014Perd\u00f3n \u2014dijo\u2014, no s\u00e9 lo que hago.<\/p>\n<p>Lentamente enderez\u00f3 el arma contra su sien, pero no pudo. El brazo fl\u00e1cido, como una vela sin aire, se le cay\u00f3. Mir\u00f3 extra\u00f1amente a sus hombres y les dijo:<\/p>\n<p>\u2014Esto es m\u00edo, me lo llevo.<\/p>\n<p>Y abri\u00e9ndose paso entre el gent\u00edo, bamboleante, apretando la caja contra su pecho, corri\u00f3 calle arriba, hacia el lado del mar.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 es esto, hombre? \u00bfA d\u00f3nde va?\u2014 lo detuvo el Administrador de Aduanas.<\/p>\n<p>\u2014Esto es m\u00edo, se\u00f1or\u2014 contest\u00f3 suplicante.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo suyo? \u00bfUn hombre como usted apropi\u00e1ndose\u2026?<\/p>\n<p>\u2014No se\u00f1or, no. Esto es m\u00edo, propio. Me pertenece.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Traiga ac\u00e1 eso!\u2014 le orden\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014No, se\u00f1or \u2014implor\u00f3 Alejo Tapia. Entregando la caja cay\u00f3 al suelo, presa de intento dolor.<\/p>\n<p>El administrador abri\u00f3 la caja, examin\u00f3 su contenido y se la devolvi\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014Efectivamente \u2014dijo\u2014, es de Tapia. Son joyas que le han robado. Ll\u00e9venselo.<\/p>\n<p>El capit\u00e1n, como un borracho, tom\u00f3 el camino de los acantilados en cuyos filos se rompe en mil chispas la furia del mar.<\/p>\n<p>Por ac\u00e1 el espect\u00e1culo es maravilloso: las olas trepan las alturas queriendo ganar las lomadas, y en la hermosa ca\u00edda de las tardes el sol se hace a\u00f1icos en los colores del iris, y el agua lanza un eterno desaf\u00edo a la terca agresividad del granito, o, en los d\u00edas calmos, susurra una oraci\u00f3n que sube por las quebradas hacia las nieves eternas de las cordilleras, para hacer all\u00ed el connubio en donde ha de nacer el mar.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente hallaron el cad\u00e1ver de Alejo Tapia, varado en la caleta en donde hab\u00edan cogido el contrabando.<\/p>\n<p>Solamente cuando se abri\u00f3 el proceso para investigar las causas de la muerte del capit\u00e1n Tapia se hizo p\u00fablico, pudimos saber todos, que el Sonso hab\u00eda huido por un forado que ten\u00eda bajo su cama, y que en aquella caja de metal hab\u00eda un retrato de Elena y una esquela rosada que dec\u00eda: \u201cQuerido Tom\u00e1s. Te espero a las 10. Mi marido estar\u00e1 de ronda toda la noche, busc\u00e1ndote. Siempre tuya, Elena\u201d.<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_1713\" class=\"pvc_stats all  \" data-element-id=\"1713\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon small\" aria-hidden=\"true\"><svg xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" version=\"1.0\" viewBox=\"0 0 502 315\" preserveAspectRatio=\"xMidYMid meet\"><g transform=\"translate(0,332) scale(0.1,-0.1)\" fill=\"\" stroke=\"none\"><path d=\"M2394 3279 l-29 -30 -3 -207 c-2 -182 0 -211 15 -242 39 -76 157 -76 196 0 15 31 17 60 15 243 l-3 209 -33 29 c-26 23 -41 29 -80 29 -41 0 -53 -5 -78 -31z\"\/><path d=\"M3085 3251 c-45 -19 -58 -50 -96 -229 -47 -217 -49 -260 -13 -295 52 -53 146 -42 177 20 16 31 87 366 87 410 0 70 -86 122 -155 94z\"\/><path d=\"M1751 3234 c-13 -9 -29 -31 -37 -50 -12 -29 -10 -49 21 -204 19 -94 39 -189 45 -210 14 -50 54 -80 110 -80 34 0 48 6 76 34 21 21 34 44 34 59 0 14 -18 113 -40 219 -37 178 -43 195 -70 221 -36 32 -101 37 -139 11z\"\/><path d=\"M1163 3073 c-36 -7 -73 -59 -73 -102 0 -56 133 -378 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