{"id":59,"date":"2024-04-05T09:48:43","date_gmt":"2024-04-05T14:48:43","guid":{"rendered":"https:\/\/altodelaluna.com\/wp\/2011\/07\/05\/hemingway-en-el-peru\/"},"modified":"2024-04-17T00:40:28","modified_gmt":"2024-04-17T05:40:28","slug":"hemingway-en-el-peru","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/altodelaluna.com\/wp\/2024\/04\/05\/hemingway-en-el-peru\/","title":{"rendered":"Hemingway en el Per\u00fa"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Por Omar Zeballos<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cQuiero que todo est\u00e9 en orden, Pablo. Hoy tendremos mucho movimiento\u201d, dijo en un castellano masticado el polaco Sigmund Prater, administrador del exclusivo Fishing Club de Cabo Blanco, al fiel barman Pablo C\u00f3rdova Ram\u00edrez.<br \/>\n\u201cQui\u00e9n vendr\u00e1 ahora\u201d, pens\u00f3, mientras limpiaba la barra del bar a una hora poco usual, aunque no le extra\u00f1\u00f3 de manera especial, pues estaba acostumbrado a ver el hotel lleno de gringos extravagantes que beb\u00edan a cualquier hora y que s\u00f3lo hablaban ingl\u00e9s, un idioma del que apenas entend\u00eda algunas palabras.<br \/>\nUnos d\u00edas antes hab\u00eda llegado al Fishing Club, un grupo de norteamericanos cargados de enormes cajas y maletas de gran tama\u00f1o, y se esperaba el arribo de alguien \u201cfamoso\u201d; y aunque para \u00e9l aquella palabra era una m\u00e1s en su vocabulario diario, no imagin\u00f3 que cobrar\u00eda su real dimensi\u00f3n esa misma ma\u00f1ana del 16 de abril de 1956.<br \/>\n32 kil\u00f3metros al sur, un punto en el horizonte seguido de un persistente ruido apenas audible por los vientos matutinos alborot\u00f3 al grupo de periodistas que esperaba desde las 6 de la ma\u00f1ana en el campo de aterrizaje de la Internacional Petroleum Company en Talara, un campamento petrolero situado a mil kil\u00f3metros al norte de Lima.<br \/>\nEran las 8 de la ma\u00f1ana cuando el avi\u00f3n Douglas DC-6b de la compa\u00f1\u00eda a\u00e9rea Panagra procedente de Miami, aterriz\u00f3 en el viejo aeropuerto. El ruido de los cuatro motores del avi\u00f3n apenas permit\u00eda la conversaci\u00f3n entre los reporteros que hab\u00edan viajado especialmente desde la capital para estar all\u00ed.<br \/>\nLa tensi\u00f3n iba en aumento y los minutos en que demoraba en estacionarse aquel enorme avi\u00f3n de pasajeros, hac\u00edan interminable la espera; hasta que finalmente se detuvo y momentos m\u00e1s tarde se abri\u00f3 la puerta y una bella aeromoza de cabello rubio asom\u00f3 su cuerpo hacia la escalinata. Detr\u00e1s de ella apareci\u00f3 la enorme figura del famoso escritor norteamericano Ernest Hemingway. Vest\u00eda un traje gris y ten\u00eda puesto un gorro blanco. Descendi\u00f3 lentamente la escalinata, seguido de su esposa, Mary Welsh y apenas divis\u00f3 a los reporteros levant\u00f3 la mano y dijo en perfecto castellano: \u201cHola, colegas\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">D\u00edas atr\u00e1s un cable de la agencia United Press, lleg\u00f3 a los teletipos de los tres m\u00e1s importantes diarios de Lima, El Comercio, La Prensa y La Cr\u00f3nica, la noticia que el afamado escritor llegar\u00eda al Per\u00fa para \u201cdirigir el rodaje de la pel\u00edcula El viejo y el mar\u201d. En efecto, Hemingway hab\u00eda escuchado de boca de un experto pescador, Kip Farrington, que exist\u00eda un para\u00edso de la pesca de altura donde reinaba el fabuloso merl\u00edn negro (el velero negro de los mares, id\u00e9ntico al que describi\u00f3 en su laureada novela) en una escondida caleta de un pa\u00eds sudamericano llamado Per\u00fa. Hemingway s\u00f3lo hab\u00eda visitado M\u00e9xico en alguno de sus m\u00faltiples viajes alrededor del mundo, pero nunca un pa\u00eds sudamericano.<br \/>\nLos directores de los diarios lime\u00f1os dispusieron de inmediato que sus principales redactores viajen al norte del pa\u00eds a esperar al afamado escritor, pues para entonces, Hemingway hab\u00eda ganado ya el premio Pulitzer por la novela \u201cEl viejo y el mar\u201d, publicada en la vieja revista Life el 1ro. de septiembre de 1952, y dos a\u00f1os m\u00e1s tarde el Premio Nobel de Literatura; por lo que se trataba de un gran acontecimiento noticioso que tama\u00f1a figura de la literatura pise suelo peruano.<br \/>\nAs\u00ed, tres reporteros hicieron maletas y enrumbaron al norte del pa\u00eds, se trataba de Manuel Jes\u00fas Orbegozo (La Cr\u00f3nica), Jorge Donayre Belaunde (La Prensa) y Mario Saavedra-Pin\u00f3n Castillo (El Comercio), cuyos destinos quedar\u00edan marcados para siempre, tocados por la estrella de Ernest Hemingway.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los tres recuerdan como si fuera ayer que el escritor irradiaba un enorme carisma y contrariamente a lo que imaginaron, era due\u00f1o de una enorme sencillez que rompi\u00f3 desde el primer momento esa aura de la que est\u00e1n envueltos los famosos. \u201cUn hombre corpulento, no tan alto como aparece en las fotograf\u00edas, de rostro muy rosado, casi rojo, de barba crecida y de pelo largo y cano y que ten\u00eda la cabeza cubierta con un gorrito (jockey), descendi\u00f3 del avi\u00f3n\u2026\u201d, escribi\u00f3 Jorge Donayre en su cr\u00f3nica para La Prensa.<br \/>\nCon \u00e9l, lleg\u00f3 su esposa Mary Welsh, siempre con una amplia sonrisa en sus labios; adem\u00e1s de sus inseparables amigos cubanos, Gregorio Fuentes, capit\u00e1n de su yate \u201cEl Pilar\u201d y Eliseo Arg\u00fcelles, ambos compa\u00f1eros de aventuras de pesca, que vinieron en busca del merl\u00edn negro. En aquel vuelo, tambi\u00e9n arribaron algunos de los productores de la pel\u00edcula y el presidente del Fishing Club de Cabo Blanco, el millonario peruano Enrique Pardo Heeren, due\u00f1o de un banco y de enormes plantaciones de ca\u00f1a de az\u00facar en el norte del pa\u00eds, hombre muy vinculado al jet set y al mundo de las finanzas; curiosamente el \u00fanico peruano que integraba el reducido y exclusivo grupo de socios multimillonarios que formaban parte del Fishing Club.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hemingway estrech\u00f3 la mano de cada uno de los periodistas y agradeci\u00f3 que hayan venido hasta Talara para esperarlo, expresi\u00f3n que los sorprendi\u00f3 sobremanera, m\u00e1s aun cuando el celoso Prater, se empe\u00f1aba en evitar mayor contacto de la prensa con \u00e9l y les hab\u00eda advertido que el escritor \u201cllegar\u00eda cansado y no los recibir\u00eda\u201d. All\u00ed mismo se improvis\u00f3 una rueda de prensa y Hemingway hizo notar que la cojera que mostr\u00f3 al bajar del avi\u00f3n era producto del impacto de una esquirla de ob\u00fas recibida durante la guerra y cuya secuela le dej\u00f3 esa cadencia similar a la de un enorme gorila cuando caminaba. \u201cEn realidad \u2013dijo luego de una breve carcajada- no me preocupa mucho la impresi\u00f3n que da mi cojera, ni la forma en que me visto. Prefiero no verme en un espejo\u201d, remarc\u00f3 divertido.<br \/>\nLes cont\u00f3 que ven\u00eda al Per\u00fa por tres o cuatro semanas, no s\u00f3lo para ver de cerca la filmaci\u00f3n de la pel\u00edcula basada en su novela \u201cEl viejo y el mar\u201d, que hab\u00eda iniciado ya en Cuba el director John Sturges; sino fundamentalmente para capturar un ejemplar de merl\u00edn negro de las dimensiones que se requer\u00edan para el film.<br \/>\nParado a unos pasos de la escalinata del avi\u00f3n, Hemingway respondi\u00f3 a todas las preguntas que los periodistas le hicieron, sin rehusar a ninguna de ellas y cuando lo invitaron al sal\u00f3n del aeropuerto para charlar, \u00e9ste les respondi\u00f3: \u201cPrefiero quedarme aqu\u00ed, porque detesto estar sentado; adem\u00e1s no estoy cansado. Yo no me canso nunca. Qu\u00e9 me voy a cansar en ese pajarraco\u201d, se\u00f1alando al avi\u00f3n y soltando una sonora carcajada. Hemingway estaba de buen \u00e1nimo y a pesar de la buena disposici\u00f3n que tuvo para conversar con sus colegas, hab\u00eda cierto rasgo de impaciencia, pues la adrenalina empezaba a circular por su sangre y quiz\u00e1 s\u00f3lo quer\u00eda terminar para subirse a una embarcaci\u00f3n y sentir la brisa marina en su rostro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las preguntas iban y ven\u00edan, Hemingway las respond\u00eda todas, algunas con frases cortas y otras que terminaron en profundas reflexiones.<br \/>\n-\u00bfEn cu\u00e1nto tiempo escribi\u00f3 \u201cEl viejo y el mar\u201d?<br \/>\nLa escrib\u00ed en 80 d\u00edas, pero la pens\u00e9 13 a\u00f1os. Lo que quiere decir que primero hay que vivir y luego escribir sobre una verdad profunda, y eso tiene m\u00e1s valor que la misma literatura.<br \/>\n-\u00bfCu\u00e1l es su pr\u00f3xima aventura?<br \/>\nNo se, las aventuras viene a buscarme.<br \/>\n-\u00bfEs usted republicano o dem\u00f3crata?<br \/>\nNi lo uno ni lo otro. Mis antepasados s\u00ed fueron pol\u00edticos. Mi abuelo era muy jodido. Fue un republicano que nunca se sent\u00f3 a la mesa con un dem\u00f3crata.<br \/>\n-\u00bfEs verdad que le gusta la bebida?<br \/>\nLos periodistas tenemos que aguantar tanto que s\u00f3lo nos calma la bebida.<br \/>\n-\u00bfY no le hace da\u00f1o?<br \/>\nNunca me ha hecho da\u00f1o.<br \/>\n-\u00bfC\u00f3mo se explica que siempre haya salido vivo de los accidentes?<br \/>\nHe tenido suerte.<br \/>\n-\u00bfSuerte o es que usted no le tiene miedo a la muerte?<br \/>\n\u00bfLa muerte? \u2013se repregunt\u00f3 Hemingway- La muerte es una puta m\u00e1s con la que no quiero acostarme.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En ese momento el avi\u00f3n de Panagra encendi\u00f3 sus h\u00e9lices y la r\u00e1faga de viento casi vuela el gorro del escritor; este logr\u00f3 cogerlo y dijo sonriente: \u201cC\u00f3mo jode este avi\u00f3n\u201d. All\u00ed termin\u00f3 la conferencia de prensa, pues el s\u00e9quito que lo rodeaba le dijo que la camioneta que lo llevar\u00eda a Cabo Blanco estaba lista. Hemingway se despidi\u00f3 de cada uno de los periodistas, se encamin\u00f3 lentamente hacia el veh\u00edculo y se trep\u00f3 en \u00e9l con cierta dificultad.<br \/>\nMary Welsh esper\u00f3 a que subiera su marido y antes de entrar, volte\u00f3 hacia los periodistas y les dijo, tambi\u00e9n en buen castellano, \u201cErnest es un buen muchacho\u201d.<br \/>\nLos autom\u00f3viles se perdieron en la carretera rumbo a la caleta, para recorrer los 32 kil\u00f3metros que la separaban de aquel aeropuerto construido por la marina de los Estados Unidos en lo que fuera una base militar norteamericana denominada \u201cEl Pato\u201d.<br \/>\nApenas lleg\u00f3 la delegaci\u00f3n a las instalaciones del Fishing Club de Cabo Blanco, Hemingway se acomod\u00f3 en la habitaci\u00f3n Nro. 5, dej\u00f3 el traje y se puso un short que dejaba al descubierto sus poderosas pantorrillas, una camisa larga de manga corta, atada con un cintur\u00f3n, su infaltable gorro blanco y unas enormes zapatillas de lona negra. Estaba ataviado para enfrentar las aguas del mar peruano en busca de su presa.<br \/>\nComi\u00f3 algo ligero y casi de inmediato dispuso todo para salir de pesca. Cogi\u00f3 su ca\u00f1a de bamb\u00fa prensado y junto a Kip Farrington, abord\u00f3 la embarcaci\u00f3n bautizada como \u201cMiss Texas\u201d. Lo primero que hizo fue palmear cari\u00f1osamente al capit\u00e1n del yate, Jes\u00fas Ruiz y a toda la tripulaci\u00f3n; luego se sac\u00f3 las zapatillas y empez\u00f3 a untarse una pomada en el rostro para proteger su piel; pues como revelar\u00eda su m\u00e9dico y amigo Jos\u00e9 Luis Herrera Sotolongo, Hemingway padec\u00eda de cloasma mel\u00e1nico, una especie de \u201cc\u00e1ncer benigno\u201d que le produc\u00eda una descamaci\u00f3n en la frente y en la zona de las cejas, adem\u00e1s de un enrojecimiento exagerado de la piel por la constante exposici\u00f3n al sol.<br \/>\nAquel d\u00eda al morir la tarde, regres\u00f3 bastante satisfecho, pues elogi\u00f3 las aguas de Cabo Blanco y con esa sonrisa de ni\u00f1o caracter\u00edstica en \u00e9l, mostr\u00f3 dos enormes corvinas plateadas que hab\u00eda capturado durante su primera incursi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esa noche, luego de la cena, se sent\u00f3 en la barra del bar y pidi\u00f3 un vaso de whisky y uno de agua, y le pregunt\u00f3 al barman c\u00f3mo se llamaba. Pablo C\u00f3rdova se convertir\u00eda a partir de aquella noche en su confidente de pesca, pues pasar\u00eda largas horas charlando de cosas triviales mientras beb\u00eda innumerables vasos de escoc\u00e9s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los periodistas, insatisfechos a\u00fan con la cordial rueda de prensa ofrecida por el escritor aquella ma\u00f1ana e impedidos de entrar en el hotel del Club, se reunieron en un bar cercano para hacer un \u201cpacto de caballeros\u201d mediante el cual se compromet\u00edan a que ninguno hiciera nada a escondidas de los dem\u00e1s. Esa misma noche, el famoso pacto se romper\u00eda inevitablemente, pues Hemingway era una presa demasiado apetitosa para un periodista.<br \/>\nMientras Donayre y Orbegozo se fueron a calmar sus calores al pueblo de El Alto, Mario Saavedra se acerc\u00f3 al hotel y gracias a sus dotes de relacionista p\u00fablico, logr\u00f3 entrar al bar donde se encontraba Hemingway. \u201cYo era un muchacho de 25 a\u00f1os y \u00e9l era una leyenda viva, era el personaje que siempre quise entrevistar y me lo encontr\u00e9 en mi camino\u201d, confesar\u00eda 50 a\u00f1os despu\u00e9s cuando record\u00f3 aquella inolvidable noche.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hablaron de Antonio Ord\u00f3\u00f1ez Araujo, el legendario torero espa\u00f1ol \u00edntimo amigo del escritor, pues Saavedra era a la saz\u00f3n cronista taurino y conoc\u00eda muy bien a los matadores que por aquella \u00e9poca llegaban a la plaza de Acho en Lima. Tambi\u00e9n le explic\u00f3 sobre el \u201cblended\u201d, esa extra\u00f1a manera de beber el whisky, pues lo tomaba puro e inmediatamente beb\u00eda un gran trago de agua, porque le gustaba que la mezcla se produzca en el est\u00f3mago.<br \/>\nPero la confesi\u00f3n que le hiciera aquella vez cuando hablaron sobre la pel\u00edcula que estaban filmando y que lo trajo al Per\u00fa, fue que no estaba conforme con la actuaci\u00f3n de Spencer Tracy encarnando al viejo Santiago de la novela, pues lo ve\u00eda regordete y con poca agilidad. \u201cYo hubiera preferido a Errol Flynn\u201d, le dijo Hemingway. Por esa u otras razones, el film de Sturges result\u00f3 un fracaso de taquilla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la ma\u00f1ana siguiente, el reportero de La Cr\u00f3nica, Manuel Jes\u00fas Orbegozo, esperaba a sus colegas en el comedor del peque\u00f1o hotel para planificar el d\u00eda; sin embargo, ninguno daba se\u00f1ales de vida. Extra\u00f1ado se acerc\u00f3 al muelle de pescadores y all\u00ed se enter\u00f3 que cada uno hab\u00eda alquilado una lancha y se hicieron a la mar en busca del \u201cMiss Texas\u201d donde estaba Hemingway.<br \/>\nDesesperado por la trampa, Orbegozo corri\u00f3 hacia el otro extremo del muelle y divis\u00f3 el \u201cPescadores II\u201d, el yate donde se embarcaba Mary Welsh, as\u00ed que sin pensarlo dos veces, cogi\u00f3 un cooler donde se encontraba la comida que subir\u00edan al yate y haci\u00e9ndose pasar como parte de la tripulaci\u00f3n, abord\u00f3 la embarcaci\u00f3n. Sigilosamente se meti\u00f3 en el ba\u00f1o y se encerr\u00f3 all\u00ed a la espera que zarparan.<br \/>\nMedia hora despu\u00e9s, sali\u00f3 de all\u00ed y su presencia caus\u00f3 alarma entre los acompa\u00f1antes de la mujer; pero tras las explicaciones del caso y el apoyo de los pescadores, Mary Welsh acept\u00f3 que se quedara. Fue as\u00ed que logr\u00f3 navegar junto a la esposa de Hemingway y ser testigo de excepci\u00f3n de aquel d\u00eda de pesca y de conversaci\u00f3n amena con la \u00faltima mujer del escritor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las embarcaciones navegaban casi paralelamente y por momentos se acercaban tanto, que Hemingway y su mujer pod\u00edan intercambiar algunas frases en ingl\u00e9s. El resto del tiempo era un tributo a la contemplaci\u00f3n. Ella disfrutaba viendo a su marido tirar de la ca\u00f1a, dar \u00f3rdenes al capit\u00e1n para enrumbar la embarcaci\u00f3n hacia las corrientes marinas en busca de los card\u00famenes de anchoveta que los lleve hacia su ansiada presa. Pero el santo estuvo de espaldas al escritor, aquella jornada de pesca fue infructuosa; salvo algunas jibias intrusas que engancharon en los anzuelos, no hubo rastros del merl\u00edn.<br \/>\nPero Orbegozo, s\u00ed consigui\u00f3 una presa, conversar de algunas intimidades con Mary Welsh, all\u00ed supo cu\u00e1nto amaba aquella mujer a Hemingway. \u201cMe cas\u00e9 con el hombre al que amo y no con el novelista al que admiro\u201d, le confes\u00f3.<br \/>\nLo que sigue es un revelador di\u00e1logo que el periodista tuvo con ella:<br \/>\n\u201cNos conocimos en Londres, cuando \u00e9l y yo \u00e9ramos corresponsales de guerra. Sol\u00edamos conversar mucho de la vida enfundados en unos pesad\u00edsimos capotes militares, mientras la neblina se empecinaba en tumbar al Big-Ben. Nos enamoramos a primera vista. En 1945 nos separamos para reunirnos luego en Cuba\u201d.<br \/>\n-\u00bfEl es humano por naturaleza?<br \/>\nNo podr\u00eda dec\u00edrselo yo. Cuando recibi\u00f3 el Premio Nobel manifest\u00f3 que estaba muy contento, pero que \u00e9l se lo habr\u00eda dado a Carl Sandburg. Al recibir los 35 mil d\u00f3lares, \u201cPap\u00e1\u201d entreg\u00f3 al chofer y a todos los que nos acompa\u00f1aban en la casa, 10 sueldos de gratificaci\u00f3n. Lo cual no quiere decir que sea muy humano, pero en fin\u2026<br \/>\n-\u00bfA usted qu\u00e9 le dio?<br \/>\nA mi me ofreci\u00f3 una escopeta que esper\u00e1bamos comprarla en Par\u00eds. Tambi\u00e9n me dio un cheque de dos mil d\u00f3lares.<br \/>\n-\u00bfY les queda mucho de aquel Premio Nobel?<br \/>\nMary sonri\u00f3 y dijo: \u201cYo no tengo nada, s\u00f3lo lo tengo a\u00a0 \u00e9l\u201d.<br \/>\nAl caer la tarde, las embarcaciones retornaron a Cabo Blanco con las bodegas vac\u00edas. Esta vez los merlines huyeron de las ca\u00f1as de Hemingway.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los d\u00edas en Cabo Blanco se hicieron rutinarios. Ernest Hemingway se levantaba al amanecer con un desayuno que consist\u00eda en dos huevos duros, tostadas con mantequilla y mucho caf\u00e9. Hacia las 8 de la ma\u00f1ana ya estaban embarc\u00e1ndose. Junto a los aparejos de pesca siempre hab\u00eda una botella de whisky o gin. La jornada era invariablemente de diez horas en alta mar, y al caer la tarde, ya todos estaban en el hotel, para iniciar las noches de tertulia y conversaci\u00f3n. Abundantes ensaladas en la mesa y una exquisitez culinaria que encandil\u00f3 a Mary Welsh; el famoso lomo saltado, t\u00edpico plato peruano hecho de lomo fino de res, cortado en trozos y salteado a la sart\u00e9n con cebolla y tomate, y servido con arroz blanco. Tanto le gust\u00f3, que la mujer de Hemingway pidi\u00f3 la receta que anot\u00f3 cuidadosamente en su diario.<br \/>\nAquellas noches de bohemia terminaban invariablemente a las 10 de la noche, cuando ya varias botellas de escoc\u00e9s estaban vac\u00edas; entonces el escritor se levantaba del taburete junto a la barra de Pablo C\u00f3rdova, el querido barman, y se iba a sus habitaciones a descansar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cabo Blanco era conocido mundialmente por los famosos pescadores de altura; all\u00ed conflu\u00edan la fabulosa Corriente de Humboldt y las aguas tropicales de la l\u00ednea del Ecuador, generando un ecosistema marino ideal para la reproducci\u00f3n de los grandes peces de altura, entre los que estaban los merlines, los peces espada, atunes y dorados.<br \/>\nAll\u00ed estaba este exclusivo Fishing Club fundado en 1951 por Kip Farrington y Tom Bates, y conformado \u00fanicamente por 20 socios que pagaban una membres\u00eda de 10 mil d\u00f3lares anuales. Manten\u00edan una rigurosa lista de miembros para evitar que ingrese gente que ellos no conoc\u00edan. Se cuenta que muchos millonarios intentaron pertenecer al famoso Club y que incluso hubo un pescador que quiso pagar hasta 50 mil d\u00f3lares para pertenecer al Club y no lo dejaron.<br \/>\nPor all\u00ed pasaron como invitados, grandes estrellas de cine, como John Wayne, Marilyn Monroe, James Stewart, Gregory Peck, Cantinflas o el torero Luis Miguel Domingu\u00edn, que llegaban de inc\u00f3gnito a Cabo Blanco a pasar semanas lejos de los flashs de la prensa y de la agitada vida en Hollywood.<br \/>\nAll\u00ed se estableci\u00f3 el record mundial de pesca de altura, cuando Alfred Glassell Jr. logr\u00f3 capturar un merl\u00edn negro de 710 kilos y de 4 metros y medio de largo; el mismo que hasta hoy no ha sido batido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">As\u00ed pasaron los d\u00edas en Cabo Blanco, y los hombres de prensa tuvieron que partir hacia Lima; pero antes decidieron hacerle llegar un obsequio, as\u00ed que compraron una botella de pisco, un delicioso destilado de uva t\u00edpico del Per\u00fa, en cuya etiqueta le escribieron un extracto de un poema dedicado al famoso pisco, junto a breve dedicatoria que dec\u00eda: \u201cMientras lloren las uvas, yo beber\u00e9 sus l\u00e1grimas\u201d, y un poco m\u00e1s abajo, Jorge Donayre dibuj\u00f3 un enorme merl\u00edn negro y firmaron los tres periodistas. Hemingway recibi\u00f3 el presente, esboz\u00f3 una sonrisa y les dijo: \u201cYo beber\u00e9 estas l\u00e1grimas y despu\u00e9s guardar\u00e9 la botella\u201d. Se tom\u00f3 las \u00faltimas fotos que se tienen registro en Cabo Blanco y se despidi\u00f3 de sus colegas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fueron 32 d\u00edas los que permaneci\u00f3 Ernest Hemingway en el Per\u00fa, entre largas y exitosas jornadas de pesca, en que logr\u00f3 capturar alrededor de una docena de enormes merlines negros a los que hac\u00eda saltar fuera del agua para que el equipo de filmaci\u00f3n de la Warner pudiera captar las mejores im\u00e1genes para la pel\u00edcula.<br \/>\nAll\u00ed dej\u00f3 grandes amigos, como Pablo C\u00f3rdova que a\u00fan vive recordando a \u201cDon Ernesto\u201d en el peque\u00f1o bar que hoy tiene en la vieja y olvidada caleta; y tambi\u00e9n los periodistas, dos de los cuales viven, y que saben que aquella comisi\u00f3n que los llev\u00f3 al norte del pa\u00eds, los marc\u00f3 para siempre.<br \/>\nAl volver a los Estados Unidos, Hemingway dijo a la revista \u201cLook\u201d: \u00abPescamos 32 d\u00edas, desde la primera hora de la ma\u00f1ana hasta que era dif\u00edcil fotografiar y el mar se levantaba como si fuera una enorme colina con nieve en la cima. Se pod\u00eda mirar desde la cresta de la ola hacia la orilla los vientos de arena que esculp\u00edan las colinas de la costa\u201d.<br \/>\nSin embargo, muchos a\u00f1os despu\u00e9s de la muerte del escritor, la hija de Marlene Dietrich, Mar\u00eda Riva, entreg\u00f3 al JFK Library and Museum de Boston, 30 cartas escritas por Hemingway a Marlene entre 1949 y 1959 que incluyen peque\u00f1os relatos y poemas; y obviamente confesiones \u00edntimas a la que fuera amiga y amante del escritor. Una de esas cartas, est\u00e1 fechada el 21 de mayo de 1956, escrita en Cabo Blanco, Per\u00fa; es decir 36 d\u00edas despu\u00e9s de su llegada. Entonces tal vez no fueron 32 d\u00edas los que permaneci\u00f3 el escritor en esa caleta, sino muchos m\u00e1s. Pero esa es otra historia.<\/p>\n<div class=\"pvc_clear\"><\/div>\n<p id=\"pvc_stats_59\" class=\"pvc_stats all  \" data-element-id=\"59\" style=\"\"><i class=\"pvc-stats-icon small\" aria-hidden=\"true\"><svg xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" version=\"1.0\" viewBox=\"0 0 502 315\" preserveAspectRatio=\"xMidYMid meet\"><g transform=\"translate(0,332) scale(0.1,-0.1)\" fill=\"\" stroke=\"none\"><path d=\"M2394 3279 l-29 -30 -3 -207 c-2 -182 0 -211 15 -242 39 -76 157 -76 196 0 15 31 17 60 15 243 l-3 209 -33 29 c-26 23 -41 29 -80 29 -41 0 -53 -5 -78 -31z\"\/><path d=\"M3085 3251 c-45 -19 -58 -50 -96 -229 -47 -217 -49 -260 -13 -295 52 -53 146 -42 177 20 16 31 87 366 87 410 0 70 -86 122 -155 94z\"\/><path d=\"M1751 3234 c-13 -9 -29 -31 -37 -50 -12 -29 -10 -49 21 -204 19 -94 39 -189 45 -210 14 -50 54 -80 110 -80 34 0 48 6 76 34 21 21 34 44 34 59 0 14 -18 113 -40 219 -37 178 -43 195 -70 221 -36 32 -101 37 -139 11z\"\/><path d=\"M1163 3073 c-36 -7 -73 -59 -73 -102 0 -56 133 -378 171 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