Heterodoxo y popular

Chejov lo consideraba su más genuino maestro.

Nikolái Leskov nació en Gorojovo, la parte rusa central en 1831. Su abuelo fue un sacerdote ortodoxo. El futuro escritor quedó huérfano a los dieciséis años y su herencia acabó en manos de  los acreedores de su familia, de modo que pronto empezó a trabajar: de escribano en un juzgado penal, fue agente de reclutamiento en Kiev, entre otros oficios. A los veintisiete años era agente comercial y viajaba por todo el país, desarrollando especial querencia por la gente sencilla que observaba. Alguna de las muchas cartas-informes que mandaba a su jefe fue leída por un vecino de este, quien le sugirió publicarlas. Leskov debutó literariamente en la prensa con el artículo “Por qué son caros los libros en Kiev”.

Tras su primer relato y primera novela, empezaron a aumentar sus detractores, tanto conservadores como progresistas. Leskov presumía de ser escritor al margen y a pesar de los círculos intelectuales, nunca le preocupó caer simpático, incluso sus detractores le inspiraron  algunas páginas de su novela, de explícito  título: “Enemigos mortales”.

Crítico con el sistema educativo, con la política zarista, con la situación del campesinado, con la jerarquía religiosa -aunque era creyente y conservador- por causa de ello perdió trabajos en el Ministerio de Educación y en el de  Hacienda, e incluso la prensa se negó a publicar sus escritos. En cuanto a sus libros, fueron requisados y  quemados.

Experto en la narrativa breve, se considera que su obra maestra fue La pulga de acero, editada en 18818 y que pese a ser polémica, tuvo la rara cualidad  de agradar al zar y décadas después, a Nikit Jruschev. Pertenece al grupo de obras que su autor llamó “de los justos”: gente que vive de acuerdo a sus creencias sin ocuparse por las consecuencias. También fue un homenaje a los artesanos en general y a la ciudad de Tula, centro de la industria metalúrgica recordandola, en propias palabras suyas, “con orgullo y amor”, ya que consideraba la palabra escrita no como  un arte liberal, sino  como artesanía.

Protagonizada por el zar, el cosaco Platov, el zurdo de Tula y la prodigiosa pulga de acero, abundan en ella divertidos neologismos -abultarado, burocumento, etc.- que el autor creía intraducibles, y que fueron calificados de excesivos, artificiales y exagerador por Tolstoi, Dostoievsky o  Turgueniev.

Es mérito de los traductores poder leer en castellano párrafos como éste: “Las personas a las que el correo entregó la ninfusoria la examinaron inmediatamente con el más potente pequescopio y anotaron sus observaciones en el registro publicíaco para que saliera al día siguiente en el difamatín”.

Leskov fue denostado por Nabokov, ensalzado por Gorki, Mann, Walter Benjamin, Tolstoi -quien entendíó que sería mejor entendido en el futuro-. Chejov lo consideraba su más genuino maestro y Gorki  decía que era  el autor más vernacular, reflejo del alma rusa.

Otras de sus obras fueron: “Vida de una mujer del pueblo” o “Lady Macbeth de Mtsensk”, que inspiraría a Shostakovich para su ópera.

Leskov murió en 1895 de cáncer de pulmón y fue enterrado en el cementerio de Volkovo, en San Petersburgo.

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