TALLER: Caracterización

Por: Robert Scholes

El mayor error que podemos cometer al hablar de personajes de ficción es insistir en su “realidad”. Ningún personaje en un libro es una persona real. Ni aún si se trata de un libro de Historia y de San Martín.

Los personajes de la ficción son como la gente normal. Y al mismo tiempo son diferentes. En la ficción realista, que hallamos en la mayoría de novelas y cuentos, los escritores han tratado de enfatizar la semejanza de sus personajes con la vida. Esto significa que tales escritores han tratado de rodear a estos personajes con detalles extraídos de la vida contemporánea. Y han tratado de restringir los acontecimientos de su relato a cosas como las que suceden en la vida cotidiana. Como resultado, los escritores de ficción realista han tenido que abandonar cierto tipo de tramas que son demasiado fantasiosas para personajes que se supone tipifican la vida ordinaria. Los realistas tratan de alejar la atención del lector en el trabajo de la ficción para dirigirla hacia el personaje por sí mismo.

Usando las ideas recientemente logradas por la Psicología o la Sociología, el escritor realista nos ofrecerá sus ideas sobre la naturaleza humana. La motivación de los personajes, el funcionamiento de la conciencia y el inconsciente se han vuelto el punto focal de la mayoría de novelas y cuentos.

Quizá el movimiento más extremo en esta dirección ha sido el desarrollo de la técnica de la “corriente de la conciencia”, mediante la cual los escritores nos ofrecen una visión de los procesos mentales al nivel en que las impresiones de las cosas vistas y oídas convergen con ideas confusas, con las pulsiones que surgen del inconsciente. Al leer este tipo de ficción debemos comparar la validez de su caracterización de personajes con nuestro sentido del modo en que la gente se conduce. Los mejores realistas siempre nos ofrecen el sobresalto de un reconocimiento, mediante el cual compartimos su percepción de la conducta humana.

Nos puede ser útil pensar en los personajes en función de dos impulsos: el impulso a individualizar y el impulso a tipificar. Los mayores y más memorables personajes son resultado de una poderosa combinación de estos dos impulsos. Recordamos las peculiaridades individualizadoras, especiales —modos habituales de hablar, actuar o apariencias— y reconocemos el modo como el personaje se presenta a sí mismo. Estos toques individualizadores son parte del arte del narrador. Ellos nos divierten o comprometen nuestra simpatía con el personaje. Los toques tipificadores son parte del significado de una historia. En la ficción realista un personaje es representativo de una clase social, una raza, una profesión; o puede ser un tipo psicológico reconocible, analizable en términos de este o aquel “complejo” o “síndrome”. O puede ser una mezcla de cualidades sociales o psicológicas. En la ficción alegórica los personajes se parecen más a representaciones de posiciones filosóficas. En una historia de aventuras encontraremos tipos pertenecientes al esquema tradicional de la búsqueda romántica: héroe, heroína, villano, monstruo.

Lo más importante para recordar sobre caracterización es que hay muchas variedades, y muchas combinaciones. Una historia de aventuras puede tener una importante dimensión alegórica o realista que será observable en su caracterización de personajes. Los personajes en las novelas realistas también pueden ser significativos como ilustraciones de ideas filosóficas o actitudes. Como lectores debemos estar atentos y listos para responder a diferentes tipos de caracterización en sus propios términos. Un cuento de Borges y un cuento de Joyce no pueden leerse igual. Es asunto del lector adaptase a cualquiera sea el mundo ficcional en que ingresa. Es asunto del escritor hacer tal adaptación digna de atención, valiosa.

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