TALLER: Quince años aprendiendo a escribir

Por: Katherine Anne Porter

Nunca pienso para nada en la forma. De hecho, yo diría que nunca he estado interesada en nada acerca de la escritura después de haber aprendido —eso espero— a escribir. Es decir, dominé mi oficio lo mejor que pude. Hay una técnica, hay un oficio, y uno tiene

que aprenderlo. Bueno, yo lo hice tan bien como pude, pero ahora lo único que me interesa es contar una historia. Tengo algo que quiero contar y que, por alguna razón, creo que vale la pena de ser contado, así que quiero contarlo tan clara y pura y simplemente como pueda.

Pero he pasado al menos quince años aprendiendo a escribir.

Practiqué la escritura en todas las formas que pude. Escribí un pastiche de la escritura de otras personas, imitando al Dr. Johnson y a Lawrence Stern y a Petrarca y los sonetos de Shakespeare, y entonces traté de escribir a mi manera. Pasé quince años aprendiendo a confiar en mí misma: a eso se reduce todo.

Es como un pianista que recorre sus escalas durante diez años antes de dar un recital: porque cuando da ese recital no puede estar pensando en sus dedos o en sus manos, tiene que estar pensando en su interpretación, en la música que está tocando. Está pensando en lo que está tratando de comunicar. Y si en ese momento no ha perfeccionado la técnica, entonces no puede dar ningún recital.

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