Taller: Contra los lugares comunes

Por Anton Chejov

En mi opinión una descripción auténtica de la naturaleza debe ser muy breve y tener un efecto determinante. Lugares comunes tales como “el sol se bañaba sobre las olas del mar que se oscurecía vertiendo su oro morado”, etc. o “las golondrinas que volaban sobre la superficie del agua gorjearon alegremente…” deben desecharse. En las descripciones de la naturaleza uno debe concentrarse sobre los detalles, agrupándolos de tal modo que, al leerlos y cerrar los ojos, se obtenga una imagen de lo descrito.

Por ejemplo, puedes lograr el efecto totalizante de un claro de luna si escribes que en la poza de un molino el puntito brillante de una estrella iluminó el cuello de una botella rota y la sombra negra y rotunda de un perro o un lobo apareció y corrió, etc. La naturaleza logra adquirir vida propia si comparas los fenómenos con actividades humanas comunes y corrientes, etc.

En la esfera de lo psicológico los detalles son también la norma. Dios nos libre de los lugares comunes. Lo mejor es evitar la descripción de lo que ocurre en la mente del héroe; eso debe quedar claro a partir de las acciones del protagonista. No es necesario contar con muchos personajes. El centro de gravedad debe recaer en dos personas: él y ella…

Te escribo esto como un lector que tiene un gusto definido. También para que cuando escribas no te sientas solo. Sentirse solo en un trabajo resulta muy duro. Mejor una crítica adversa que ninguna crítica, ¿no es cierto?

(Fragmento de una carta a I. L. Scheglow, enero 22, 1888)

Deja un comentario