Ladrón de cantera

Entrevista a Wilber Córdova, por Willard Díaz

 Uno de los muchos libros de poesía que se editaron en Arequipa últimamente ha corrido una suerte curiosa. Alejado de la veta principal existencialista que predomina en los pasillos de las universidades y sus inmediaciones, se ha ganado el aprecio de pocos pero firmes y entusiastas, y al mismo tiempo se lee en colegios marginales con una devoción que ya se quisiera.

Su autor, Wilber Córdova, nos ofrece una aproximación a “Ladrón de cantera”, como titula el antedicho poemario (Cuervo editores, 2017).

 

¿Qué te animó a retomar la tradición de la poesía loncca?

Recuerdo que de pequeño escuchaba las «huarocclladas» que se declamaban en nuestras picanterías con chicha y guitarra. Mis compañeritos jugaban en el pasto, pero a mí me llamaba la atención la declamación de esos señores bigotones con sombrero, junto al bordoneo de las cuerdas.

Ya de grandecito escuché versos del finado Reynaldo Delgado en diversos teatros y auditorios. Y de profesor me invitaban a participar con mis alumnos en concursos de poesía “Loncca”, que por cierto nunca ganamos. Creo yo que me movió ese interés de acercar de una forma particular a mis alumnos a esta especie lírica tradicional, que normalmente conmemorábamos solo en fiestas arequipeñas.

Por tu poema «Volverme sillar» supongo que no eres nacido en Arequipa, pero que te gustaría serlo. ¿es cierto?

Indudablemente. No nací en la Ciudad Blanca, y a pesar que debo considerar distancias entre ficción y realidad al escribir, he expuesto algunos elementos personales que puedan hacer notar mi sincero aprecio por la ciudad desde el punto de vista de un forastero.

Creí que ello dotaría a mi poemario de un valor agregado para ser escuchado. Porque es normal cantarle a tu propia tierra, pero pensé que también sería interesante cuando alguien de fuera le canta con aquel deseo.

Bueno, tampoco he querido hacer de este poemario un burdo confesionario; he sembrado aprecios especiales y datos de Arequipa como muchos escritores lo han hecho con novelas, ensayos y libros de historia.

En los archivos de don Francisco Mostajo pude hallar algunos trabajos sobre la influencia del quechua en Arequipa, así como la relación de algunos refranes y dichos de carácter popular de la Arequipa campesina de antaño, pero los uso desde la perspectiva de un hijo postizo, con versos incluso picarescos, Me pareció una forma particular de halago.

¿Cuáles son los autores clásicos en este género arequipeño?

Conocí la poesía loncca en las campiñas, en algunos restaurantes donde íbamos con mis padres y creo que en el anonimato de la memoria quedaron aquellos declamadores, pues sin duda, esta expresión poética hay que disfrutarla más escuchando que leyendo.

Mostraban lo bucólico como característica principal, aunque se difundieron más en la ciudad. Gracias a programas radiales pude conocer representantes de antaño que me atrevo a mencionar sin orden de mérito: José Luis Orihuela Málaga, Alejandro Rojas Escobedo, Ignacio Gómez, Ángel Gonzales, German Prado, Pedro Emilio Zuzunaga, Miguel Núñez Pinto, Isidro Zárate Santillana y sin duda, en la lectura, a Félix García de quien recuerdo su poema « La picantería » y  «¡ si’aventó la vaca…! » que se los enseñaba a mis alumnos; Artemio Ramírez Bejarano «El loncco»

Recuerdo también a declamadores más actuales como Reynaldo Delgado, al poeta  Juan Mario Meza y su poema loncco «Los platos típicos arequipeños», a Artemio Antonio Gonzales Polar, entre otros. Todos con esa habla rústica y sincera del chacarero mistiano.

He conocido además a cultores y estudiosos de esta tradición como Juan Guillermo del Carpio Muñoz quien me otorgó su “Diccionario de Arequipeñismos” para elaborar mi trabajo.

¿Qué lector ideal buscas con este poemario?

Enfocarme a alguno como ideal, no. A pesar que “Ladrón de cantera” ha tenido mucha acogida por personas mayores.

Prefiero un lector real, es decir aquel que tenga interés de acercarse a la cultura arequipeña por medio de la poesía, al que quiera hacer una remembranza arequipeña, pues no es una poesía tradicionalista, ni arequipeñista, mucho menos clasista. No excluye al nato, ni al neto; al lonco ni al ccala, por el contrario, considero a mi poemario más mestizo que potaje arequipeño.

Hay más bien influencia del quechua de mis abuelos, con arequipeñismos; tiene alegoría de figuras y símbolos de la ciudad que homenajean a Arequipa, pero que le haría muy bien conocer, sobre todo, a la gente joven.

¿A qué alude el título “Ladrón de cantera”?

Con mi buen editor Héctor Sanz coincidimos en guardar con un tropo la identidad de la voz que versaba oculta detrás de los sillares y que admiraba la poesía arequipeña.

Una persona extraña al lugar donde se produce la ignimbrita con la que se viste de blanco las construcciones de Arequipa; alguien que tomara lo ajeno, lo que no le pertenece por nacimiento, para hacerlo suyo. Así surgió el título como un ladrón que se hizo creciendo, pues debo confesar que de jovencito incluso renegaba por los versos de Jorge Polar en los portales que dicen «No en vano se nace al pie del volcán». Yo decía, mejor hubiera escrito Polar «No en vano se crece al pie del volcán»

El libro está dedicado a todos los que se enamoran de una mujer arequipeña. ¿Lo tuyo sería una poesía amorosa arequipeña de nuevo tipo?

Bueno, sí.

La primera sección del poemario revela claro sentimiento a la mujer de Arequipa, aquella de fuerte carácter, de genio fuerte que pica como el rocoto. Y no es coincidencia que varios de mis amigos hayan notado tales características y a la vez su gran amor por ellas.

Pero bien sabemos que pudiera ocurrir aquello en varios lugares; por ejemplo, en el periplo del poemario, por Esmeraldas, Ecuador, me dijeron: aquí a las mujeres tienen las mismas características, son guapas pero de genio fuerte.

En Chañaral, Chile, me comentaron algunos amigos poetas que a la mujer chilena se le quiere bastante, pero pobrecito que le falles. Entonces vi que la dedicatoria debía ampliarse más allá de mis experiencias personales, pero en común encontré que la poesía amorosa por más años que tenga nos mantiene a suspiro, a flor de piel, es inmarcesible y nos es necesaria en ciertas cantidades.

¿Vas a continuar con este género de poesía?

Bueno creo que es incierto, a pesar que he dejado algunos elementos sueltos en la temática de “Ladrón de cantera” siempre ando pensando en algo nuevo para mis jóvenes estudiantes.

Creo que fue más la función de docente en la escuela la que me obligó a publicar algunos textos, “Viejo Baúl”, en Texao, 2016, por ejemplo, es un poemario de la adolescencia y juventud que publiqué recién cuando tuve dinero para hacerlo, es el primer hijo poético a quien a veces uno quiere quitarle el apellido cuando va aprendiendo más sobre poesía, ja, ja, ja, ja,

Pero en fin, el primer paso para meter mis narices en algo tan serio como la escritura de poesía.

Tengo además un tercer poemario “El concierto de Caronte” de 2019, que sigue la estructura, temas, contexto, reflexiones y motivos de las grandes sinfonías del mundo.

Bueno, siempre estoy pensando en algo nuevo para mis lectores, sobre todo los juveniles; pero tampoco soy un escritor a la carta, escribo lo que siento y pienso, me creo en ciernes y con estilo aún en proceso.

¿Piensas escribir narración?

Tengo dos pequeños trabajos de narrativa. Mis primeros cuentos mitológicos de 2008, y “Yuyariway” de 2018.

El primero surge con la ayuda de una ONG por la recurrente necesidad moral de exigirles a mis alumnos escribir cuentos. Un día me sentí enfrentado cuando uno de mis alumnos me dijo «Pero a ver profe, usted escriba un cuento, o escriba un poema como ejemplo, ¿por qué solo nos exige hacerlo?». Ese fue el punto de quiebre que me llevó de profesor a docente escritor.

Claro está que en el Magisterio hay serias deficiencias con ello, los profesores de Comunicación debiéramos leer y escribir más que otros docentes; buscar un taller de escritura es por ejemplo una buena idea, y aunque no todos los docentes seamos escritores profesionales, es necesario que debamos tener el dominio básico para enseñarle a los adolescentes con mayor aplomo y orientación.

He allí la razón del nacimiento de “25 mitos”, uno por cada región del Perú, con una narrativa sencilla pero persuasiva. En “Yuyariway” en cambio expongo el caso de terrorismo en Soras, Ayacucho, de 1984, con un lenguaje narrativo más pulido pero básico aun como para sentirme un escritor logrado.

Por ello mi insistencia en mejorar siempre y aprender de los maestros que tienen más dominio.

 

 

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