Manuel Vázquez Montalbán

Un detective popular

En 1939, apenas acabada la Guerra Civil Española, nació en Barcelona el laborioso y sibarita escritor Manuel Vázquez Montalbán, que, por casualidades del destino y pese a sus incontables baipases, luego de 64 años murió en Bangkok de un fulminante infarto. Este poeta y periodista forjó una obra narrativa donde destacan las novelas negras protagonizadas por el detective Pepe Carvalho, ex miembro de la CIA y del Partido Comunista, cocinero experimentado y aficionado incendiario de libros.
“Tatuaje”, la segunda novela de la serie, fue escrita en 15 días. Luego de una cena con su editor, Vázquez Montalbán amenazó con escribir una novela contraria a la literatura oficial, en la que los personajes eran “incapaces de subir una escalera o de abrir una ventana”. La historia arranca en una playa muy concurrida, donde los bañistas hallan el cadáver de un hombre que tiene tatuada en la espalda la enigmática frase: “He nacido para revolucionar el infierno”. Luego de más de una decena de libros, que retratan cuidadosamente la ciudad de Barcelona, obtendría con “Los Mares del Sur” el premio Planeta en 1979.
A semejanza de Philip Marlowe, el detective de los policiales de Raymond Chandler, Pepe Carvalho se rige por un código distinto de las normas establecidas: es en las novelas negras donde se puede apreciar cuán etérea es la línea que divide la legalidad de la ilegalidad. Ambos son detectives privados que conocen el sistema, los bajos fondos y los círculos de poder. Y aunque no sean fieles a estos ámbitos, sino más bien tengan una actitud crítica e irónica hacia ellos, se desenvuelven con mucho dinamismo, pero resguardando siempre su independencia y libertad. Estos detectives son una suerte de gatos cimarrones: aparentan estar domesticados, pero en el fondo sólo siguen los derroteros de su condición salvaje.
Sin embargo Pepe Carvalho posee ciertas características que lo diferencian de los detectives de la literatura norteamericana y del resto de Europa. La principal es que está sumamente influido por la cultura popular. Es un ferviente amante de la comida, categoriza a las personas de acuerdo a sus gustos culinarios y, como revela el propio autor, así como Sherlock Holmes toca el violín o fuma de su pipa cuando está bloqueado, Carvalho se dedica a cocinar bacalao con arroces negros. Esta faceta culinaria llega al extremo de que algunos lectores afirmen haber obtenido exquisitos platos de las recetas que contienen las novelas.
Siguiendo esta línea, Carvalho, a pesar de involucrarse en sus investigaciones con diversos tipos de mujeres —viudas, millonarias o muchachitas díscolas— conserva una relación estable, de amor-odio, con la pendenciera y fidelísima Charo, una prostituta que trabaja por cuenta propia en un pequeño departamento ubicado en las Ramblas y que, asimismo, hace las veces de informante debido a los alcances que le depara el ejercicio de su profesión. También hacen el papel de informantes las peluqueras, los limpiabotas o los mozos de restaurantes, un grupo de personajes que se confronta con los ejecutivos, empresarios y autoridades gubernamentales. 
La tendencia popular de este detective lo conduce a enfrentarse al academicismo en una forma radical: cada vez que enciende la chimenea de su casa quema un libro de su enorme biblioteca, puede ser “El Quijote” o “España como problema”, todo depende del estado de ánimo. Según Carvalho los libros sólo le han servido para alejarlo de la vida real; curiosa conclusión a la que arriba un personaje de ficción. Por otro lado el autor ha confesado que la quema de libros le ha servido para atacar a cierta corriente del pensamiento español o para vengarse de ciertos antologadores españoles que no han incluido su poesía.
Por último, el estilo de la prosa ha rescatado el “catalán bastardo” y callejero, los espacios donde se desarrolla la trama han configurado una imagen espléndida y vital, opuesta a los clichés turísticos, de la ciudad de Barcelona. Valiéndose de los atributos de la novela negra, a la que Vázquez Montalbán considera idónea para explotar el realismo literario, superior al que ostentó en su momento la novela socialista o la novela crítica, este escritor ha indagado en los temas sociales de la España postfranquista, pergeñando de esta manera una identidad barcelonesa y española por medio de las aventuras de Pepe Carvalho, el detective popular. 

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