Ficción y Metaficción

La novela de Leonardo Aguirre se presentó en Arequipa

 

Por: Willard Díaz

“Interruptus”, la última novela del escritor limeño Leonardo Aguirre ha venido para echar leña al fuego en el debate nacional sobre la existencia y las funciones de la ficción, de su contraparte la Realidad, y de la posmoderna Metaficción: Debate nacional que es por cierto distinto al del mismo nombre que hace décadas se planteó en Europa a raíz de la crisis del Estructuralismo francés, porque en estas latitudes la historia es otra y los términos adquieren nuevos sentidos al combinarse con nuestro simbólico peruano.

Lo que para Genette estaba claro, esto es, la diferencia entre historia y relato; o para Schaeffer era sustancial, la diferencia entre ficción y realidad, aquí parece no estar claro ni ser aceptado, aun entre los críticos y los periodistas locales de la literatura. El propio premio Nobel Mario Vargas Llosa habla de “la verdad de las mentiras” barajando con libertad los dos planos ontológicos, el del mundo de los hechos sujetos a la práctica de lo verdadero y lo falso, y el mundo ficcional en el cual solo se juega una cierta verosimilitud.

“Interruptus” es una novela posmoderna peruana que tematiza esta confusión y acepta sus riesgos. Un narrador editor ofrece dos discursos al narratario, uno que abre, en el monólogo de una mujer editora y amante de un autor que no habla. El otro discurso es una novela, “Pasaje Soledad”, de tipo picaresca, armada solo con una sucesión de anécdotas amorosas y sexuales, sin historia que las una. Salvo, una presencia metaficcional que se oculta en la edición aludida, y que justifica la posibilidad de la confusión conceptual. Baste citar la última línea de la novela: “A ver si la convences de que todo, hasta las comas, es mentira y es ficción. Mete floro, mucho floro: haz literatura, pues, querido”. Consejo (estereotípico) de la “editora” para librar al “autor” de problemas con su esposa.

El otro asunto a discutir es el color local de la novela interior: dedicada a presentar a un tipo de personaje característico, social y regionalmente exótico, el intelectual “limeño”, con su habla clasemediera que imita al lumpen capitalino. Como Twain, como Rulfo, como Arguedas, Aguirre intenta introducir en el imaginario literario a un personaje-tipo definido a partir de un habla peculiar, pero a diferencia de aquellos, sin historia. La vida amorosa y sexual del protagonista de “Pasaje Soledad” consiste en una asociación libre de ideas-anécdotas, en las que cierta relación hombre-mujer se indexa, pero a un nivel de sugerencia todavía incierto. No se trata, como se ha comentado, de aventuras sexuales, porque son más bien dramas frustrados y ridículos los de este anti-pícaro limeño, que se aleja al final de la novela sin rumbo cierto, como Lazarillo.

Ni “autoficción”, ni crítica al sistema editorial limeño, ni colección de chismes, ni ironía posmoderna; quizás una mezcla de todo con algo más; el libro es, como su título “Interruptus”, algo roto o interrumpido, fragmentado o suspendido, inconcluso en sus partes y en el todo; y funciona por eso como una tentativa de expresión de aquello que está en ciernes, que se avizora y no se sabe adónde va.

Deja un comentario