¿Arte o entretenimiento?

Defensa de la música pop

César Augusto López Cabana nació en Arequipa en 1985. Inició sus estudios de música a los 8 años de edad en la Escuela Superior de Música Luis Duncker Lavalle, en piano con la profesora Rocío Torres y en violín con el profesor Eleodoro Justiniani. En 2002 ingresó al Conservatorio Dramático y Musical ‘Dr. Carlos de Campos’ en Tatuí, Brasil, finalizando en 2007. Ha participado como solista con diversos elencos de la ciudad, entre los que destaca la Orquesta Sinfónica de Arequipa (OSA) y la Orquesta Filarmónica de la Universidad Católica San Pablo. Actualmente se desempeña como concertino de la OSA y docente de la cátedra de violín y viola en la UNSA.


P. Como artista, ¿cuál es su principal fuente de trabajo?

R. Como intérprete de violín lo hago en la Orquesta Sinfónica de Arequipa, desempeñándome como concertino. En la docencia, actualmente enseño en la Universidad. Al mismo tiempo, tengo algunos alumnos privados, así como eventos o compromisos musicales –los llamados chivos–. Estos eventos son de todo tipo, desde matrimonios o misas, hasta presentaciones en galas nocturnas.

P. Si tuviera la oportunidad de cambiar de situación, ¿cómo le gustaría ganarse la vida?

R. Yo seguiría ejerciendo mi actual profesión. De hecho, tuve la oportunidad de estudiar otras carreras, como contabilidad e ingeniería electrónica. Al terminar mis estudios en el conservatorio de Tatuí, decidí dedicarme a la música por el lado humanista, a pesar de tener estas otras dos opciones profesionales.

Tuve la suerte de estudiar violín desde los ocho años, lo que me dio una ventaja en comparación con otras personas que recién comenzaban sus estudios al terminar el colegio. Esta es la razón por la que decidí estudiar música.

P. ¿Qué hace usted como músico para mejorar las condiciones de la sociedad?

R. Para mí, los músicos somos terapistas. Incluso a mí me sirvió así, pues durante el tiempo que estudié otras carreras me alejé de la música, pero volví a la música por su lenguaje y su potencial expresivo.

Pienso que no hay arte cuyos efectos se puedan comparar con los de la música. Las personas que asisten a nuestras presentaciones gozan de un momento de alivio frente al estrés propio de la semana, y nuestra propuesta musical les sirve como entretenimiento y, para aquellos con más afición, les es una suerte de ejercicio mental.

P. ¿No existe una función crítica en su propuesta musical hacia la música local?

R. Se sabe que en Arequipa se está gestando una mezcla cultural desde hace tiempo. Sin ir muy lejos, en la plaza San Francisco, que es donde normalmente nos presentamos con la OSA, están todos estos espacios dedicados al rock al frente mismo de la iglesia, sin mencionar a los músicos callejeros que tocan en la plaza. Yo mismo he tocado música rock con un cuarteto de cuerdas.

Nuestra propuesta musical hacia la música arequipeña tiene su momento en agosto, donde tocamos la música regional. El interés surge con los nuevos arreglos y orquestaciones de canciones o melodías tradicionales. Inclusive, existen fusiones que permiten que otras músicas tomen espacios que antes no usaban. Nosotros, como la orquesta de la ciudad, estamos en la obligación de tocar para todos los gustos. La sociedad experimenta nuevas expresiones gracias a nosotros.

P. ¿Tiene usted participación política en su medio?

R. Conversando con un colega flautista que enseña en el Conservatorio de París, Marcel Moyse, me comenta que, así como el director de una orquesta tiene un cargo político-artístico, un profesor de música también lo tiene, porque tiene el poder de influir en los alumnos con ciertas tendencias.

Por ejemplo, yo a mis alumnos los oriento hacia la exploración de nuevos lenguajes, nuevas expresiones sonoras. Inclusive en la orquesta, como concertino, invito a los músicos a buscar nuevas propuestas de ejecución, quebrando la tendencia tradicional y conservadora de otros espacios.

Claro, esta es mi postura. De repente en algunos años me vuelvo conservador, pero por el momento quisiera explorar más, e invito a mis alumnos y colegas a hacer lo mismos. Gracias a la política propia de mis cargos es que puedo lograr esto.

P. ¿Cree usted que convenga desarrollar un nacionalismo musical en la actualidad?

R. Bueno, el nacionalismo como corriente ya se dio en nuestro país. Incluso se evidencia un cierto regionalismo musical aquí en Arequipa. En nuestros conciertos tenemos de hecho manifestaciones musicales autóctonas.

En nuestros conocidos conciertos de extensión solemos presentar una breve parte con música llamada clásica, y una segunda y más extensa parte con pura música regional, nacional y latinoamericana.

Para mí, un nacionalismo no serviría porque representa un retroceso en la gran diversidad de manifestaciones musicales del país.

P. ¿Cómo considera su situación socioeconómica?

R. Bueno, para mi es una falacia aquello de que los músicos la pasamos mal económicamente y que somos mal vistos por la sociedad.

Depende mucho del trabajo de cada persona y de su calidad profesional. Y en la sociedad la música se vuelto una necesidad desde muchos aspectos, como profesores, orquestas e inclusive de música.

Por ejemplo, no existen muchos arreglos o trabajos orquestales de música tradicional o popular, pues no muchas personas se dedican a este oficio. Por tanto, sin dudas, uno puede ubicarse socioeconómicamente bien gracias al oficio de la música.

Aquí todavía queda mucho trabajo por hacer. Algunos amigos en Alemania me comentan que en cada ciudad o pueblo, sin importar qué tan pequeño sea, hay al menos un elenco oficial, que puede ser una orquesta o un coro pequeños.

Imaginemos que Yura, Characato o cualquier otro distrito tuviera una pequeña orquesta. Eso incrementaría la demanda de profesionales que atiendan las necesidades de esas orquestas, requiriendo profesores, directores, lutieres, compositores y arreglistas. Aquí, aún estamos en pañales, pero debemos apuntar a un objetivo similar.

Respecto a lo económico, hay que agradecer que desde hace algún tiempo la economía nacional ha mejorado. Por lo tanto, la gente ya no se preocupa sólo de comer y vestir, sino de consumir cultura, lo que nos da a los artistas un empleo y una oportunidad de contribuir con la sociedad.

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