Los amigos de mi hermano

Por: Giselle Aronson

Un hermano mayor siempre tiene amigos pero no siempre los amigos de un hermano mayor están buenos. Los amigos de mi hermano estaban casi todos buenos.

Eso no era un problema cuando yo tenía seis años porque ellos tenían once. Tal vez se tornaba algo más compĺicado cuando yo tenía quince y ellos veinte; lo verdaderamente difícil fue el período en que yo tenía veinte y ellos, veinticinco. Difícil porque para los amigos del hermano, una no es mujer. No tiene sexualidad, es un ser vacío, amorfo, anodino. Una ameba. Una podía pasarse las tardes y noches abriéndoles la puerta cuando llegaban, buscando cualquier excusa para atravesar el comedor, camino a la cocina o coincidir, mirá qué casualidad, en los mismos bares que frecuentaban el hermano y sus amigos.

Cualquier intento estaba condenado al fracaso, la condición de hermana de un amigo anula la libido masculina. Al menos, así funcionaba con los amigos de mi hermano. Era notable, tan distintos entre sí, todos respondían a la misma lógica, como si fuera una suerte de ley natural, de mandato. El acuerdo tácito que firmaban al constituirse en cofradía. Tal vez, lo pienso ahora, una variante de la prohibición incestuosa porque, si entre ellos eran casi como hermanos, entonces, no había manera.

Hubo uno en particular, que me gustó durante un tiempo y con el que, mirá qué casualidad, nos encontramos en un bar, una vez que salimos con mis amigas. Al día siguiente, suena el teléfono en mi casa. Eran épocas en las que la única manera de comunicarse con alguien era llamándolo por teléfono, así, a voz pelada. Atiendo: ese amigo. Le estoy por pasar la comunicación a mi hermano y me dice que no, que quiere hablar conmigo. Ya está, me dije, al fin. El amigo de mi hermano me pide si puedo darle el teléfono de una de mis amigas con la que había estado la noche anterior en ese bar en el que coincidimos. El alma se me enrosca en el cable del tubo. Eran épocas en que los teléfonos tenían cables y venían enroscados.

Hice las gestiones correspondientes y contacté a mi amiga con el amigo de mi hermano. Salieron un par de veces y nada más.

Después, terminé de entender la lógica y pasaron a ser, también para mí, sólo eso: los amigos de mi hermano.

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