LA FICCIÓN EN LA FOTOGRAFÍA DE MARTÍN CHAMBI

Por Juan Carlos Belón

Hacer referencia a la ficción en la fotografía de América Latina podría revelarse un ejercicio difícil ya que el «realismo» es una constante en los trabajos fotográficos del continente.

En efecto, lo esencial de nuestra producción fotográfica atestigua la predilección de los fotógrafos por la realidad inmediata. Tales producciones constituyen más un registro que una interpretación, más un archivo que una re-creación de la realidad. Para ese tipo de práctica fotográfica los principios de objetividad, claridad, precisión, neutralidad y transparencia son considerados como necesarios a la representación.

Se asimila la imagen fotográfica a la realidad misma. La fotografía es considerada un sistema de representación ligado al real funcional; la imagen fotográfica está vinculada, antes que nada, al objeto representado.

¿Cómo explicar la persistencia de esta fotografía en América Latina? Como en otros lugares, la interpretación y la representación fotográficas están relacionadas con el grado de evolución de la realidad social, la masificación de la mirada obedece a una voluntad muy política de conservación del poder y de las ideas establecidas.

Martín Chambi, el más importante de los fotógrafos indígenas cusqueños parece ir a contracorriente de esas tendencias extranjeras a la expresión de tradiciones populares. Chambi utilizó el autorretrato (unos cuarenta) para realizar estudios sobre la luz y aplicarlos después a sus modelos.

Sus retratos de grupo e individuales están llenos de fuerza y espontaneidad. Constituyen sorprendentes organizaciones de los personajes, de las posiciones sociales y de elementos materiales. Y eso, sin abandonar el carácter documental de la imagen fotográfica. En los retratos y escenas de grupos en los cuales se encuentran las diferentes clases sociales, notamos una distribución de roles muy estudiada según un dispositivo escénico particular, en donde el efecto cromático de una gama de grises es suficiente para revelarnos una ficción.

Tomemos por ejemplo «La fiesta en la hacienda Angostura» (1931); en el primer plano se encuentran los hijos de los empleados, enseguida vienen los peones con la banda de músicos del ejército a la izquierda. Arriba, en la baranda del primer piso está instalada la familia del propietario con sus principales invitados entre los cuales vemos al jefe del ejército, el comisario de policía, los notables del pueblo. Al final, completamente a la izquierda, aparece el cura completamente alejado de todos como si no quisiera ser parte de esa comedia, algo inquieto, incomodo. Nada es dejado al azar en las fotografías de Chambi. Él interviene en todo momento para dominar, inventar y controlar la imagen que está construyendo.

Chambi es un creador, un constructor de imágenes que rompe con el sentimiento de realidad impuesto por la imagen fotográfica. «La boda Gadea» (1930), supera radicalmente el carácter realista. Esa imagen nos llega como la imagen de un sueño; una pareja de recién casados saliendo de la nada. La distribución de la gama de grises y el enmarque han sido utilizados con el fin de crear ese efecto. Se podría pensar que esa imagen ha sido producida en un estudio, con luz artificial, pero no es el caso. A Chambi le gustaba trabajar con la luz natural. Es la iluminación la que contribuye a dar carácter irreal a esta imagen.

«La familia de Cesar Lomellini» (1928) es otra imagen de sabia construcción de equilibrio y de ritmo. Los blancos y los negros tienen un rol preciso para dar a la imagen la profundidad adecuada, que nos permita «ver» la representación abstracta de la «familia».

En las imágenes de Chambi la representación de la realidad se confunde de esta manera con la abstracción. La ficción coexiste con la representación del real objetivo. Chambi interpreta la realidad y crea, de tal manera, una realidad que le es propia.

 

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