Rowe: nos estamos desmoronando
William Rowe, profesor principal del Departamento de Estudios Íbero Latinoamericanos de la Universidad de Londres y uno de los estudiosos más importantes de Arguedas a nivel internacional ha llegado nuevamente a Perú, para participar de los eventos académicos que se realizan este año por el Centenario del nacimiento de escritor. Esta es una conversación que sostuvimos con él en Lima
P.- Han pasado más de treinta años desde la publicación de Mito e Ideología en la obra de José María Arguedas, un libro que se ha convertido en un lugar obligado de todo el que empiece el análisis de las obras de José María. ¿Qué cosas sigue valorando de ese libro y con qué otras discrepa?
R.- Cuando hablo en ese libro sobre el Zumbayllu. Creo que todavía comparto esa visión.
Sin embargo, se podría ir más allá y reflexionar sobre esas páginas y el manejo más político de la escritura. ¿En qué sentido? En el sentido de rescatar, en el capítulo del zumbayllu, la capacidad de nombrar y capturar el nombre como parte imprescindible de una mirada. Todo aquello, en realidad, destroza el manejo burgués del lenguaje, por decirlo en dos palabras; como instrumento de intercambio de información, de dominio. Se hubiera podido llevar más allá algunas cosas, pero, bueno.
Luego, creo que en la apreciación sobre Todas las Sangres es donde hay un punto más político, también incompleto. Sin embargo, creo que faltaba relacionar la incapacidad del capitalismo nacional con los conceptos más teológicos, religiosos de la política en el libro.
P.- En el caso de las relaciones entre Fermín y Bruno, por ejemplo.
R.- Exacto, y con Fermín y Rendón Willka, porque la política andina es inseparable de la religión andina. Se podría decir que lo que plantea Rendón Willka, no soló en planteamientos o conceptos, sino en el manejo del lenguaje cuando habla, en realidad se vincula con una noción de comunidad y de política capaz de crear una sociabilidad que el capitalismo nacional no logró hacer. Por ahí hay una propuesta de sociedad y sociabilidad.
P.- ¿Hay alguna visión que conozca que estudie la estética de la política en Arguedas?
R.- Algunas cosas de Gustavo Gutiérrez, cuando habla del aspecto religioso en un sentido político. Creo que él ha percibido la relación teología-política en Arguedas. Sobre estética-política, el trabajo de Lienhard sobre los Zorros, es excelente en ese sentido. El proceso de la carnavalización en lo biológico, basado en una práctica social andina, no basado en una hipótesis teórica internacionalizada.
P.- Creo que hay la opinión generalizada de que el proyecto político de Arguedas termina con Todas las Sangres. Pero Lienhard nos dice que no, los Zorros sigue siendo un proyecto de nación, de política coherente dentro de la lógica de las demás novelas.
R.- Yo creo que es tan importante como la propuesta política de Todas las Sangres, es más compleja. Por otro lado, creo que es más profunda, porque de un modo Todas las Sangres nos lleva a un horizonte de comunidad que la sociedad nacional está destrozando y de lo que quede en pie, por la imagen y la palabra, es una coherencia expresada en un vivir para siempre.
En el caso de los Zorros, el horizonte no es tanto una comunidad venidera; sino de una destrucción/creación constante de lo social en toda la novela. El horizonte es más bien temporal en los Zorros, un horizonte donde ya la propiedad de un mito andino de lo comunal no basta, no da para resolver la crisis histórica.
Entonces, hay varias lecturas posibles. Una sería leer esta novela como el fin, el fracaso de la utopía andina; un poco yo pensaba así hace años, ya no lo pienso. Otra posibilidad, es una lectura tipo Cornejo Polar, donde la novela nos da un modelo de una sociedad posiblemente plural y con procesos de desplazamientos constantes; esa lectura la llamaría “democracia multi-étnica radical”.
Creo que además hay otras lecturas posibles, he propuesto en Lima que el horizonte temporal es uno en el que nace una época nueva, es de corte epocal. Esto quiere decir que sí hay un desmoronamiento, si se quiere una tragedia, de hecho, pero hay que atravesar la tragedia, la muerte. Los personajes tipo Arguedas, atraviesan la destrucción de la corriente andina, el final de la coherencia de su propia vida: atraviesan su muerte antes de terminar la novela, muere antes de morir.
La novela no es una dramatización de la espera de la muerte; ya el escritor muere escribiendo, en el sentido que atraviesa la descomposición, el esparcimiento, la desorganización del cuerpo como en el sentido ritual; para que pueda surgir un nuevo orden; ése es el horizonte, una época nueva, la fuerza de la novela.
Que esa época nueva no se dé inmediatamente no quiere decir que el modo en que esa crisis epocal se revela en la novela no sea importante ahora. El hecho que no surja un orden nuevo, o éste se prolongue por décadas, es una posibilidad histórica. Creo que la estamos viviendo en estos momentos, más en el Perú que en algunos países europeos. Creo que hay un desmoronamiento que se está viviendo.
P.- Pero es necesario superar ese desmoronamiento.
R.- Es difícil, como viven los personajes o el escritor, tratar de atraversarlo.
P.- De ahí la implicancia del cuerpo.
R.- No es el relato Inkarri, que se divide el cuerpo y hay que esperar a que se junte de nuevo. Es más bien, profundizar eso y atravesar la descomposición. Hay novelas que lo hacen, casi estamos hablando de la Tragedia: de un orden que se destroza, puede surgir un orden nuevo.
Es posible una lectura desde la tragedia.
P.- En todo caso, en los Zorros se pretende superar esa tragedia, instaurar un nuevo orden, pero con el cuerpo desmembrado.
R.- No se puede decir que es el mismo cuerpo. Atravesar la muerte (la muerte simbólica) es negar el cuerpo. Puede haber una recomposición, pero ya no es el mismo cuerpo. Hay modos de hablar de todo ello, pero se pierden en metáforas como la del Espíritu Santo.
Por otro lado, hay cosas muy específicas en los Zorros. Por ejemplo, la gente dice la vida en los prostíbulos aminora la capacidad de lucha de los guerreros. ¿Tú crees que es verdad?
P.- En la novela sí, pero como una metáfora cultural.
R.- Yo lo entiendo de otro modo. En la desvinculación del sexo con las estructuras familiares y comunitarias, el sexo se vuelve mercancía. Pero por otro lado, hay una liberación de energías en ese proceso. Los prostíbulos son ambas cosas, una realidad contradictoria, que es la realidad del capitalismo. Es un espacio vital el de los prostíbulos y no sólo de las relaciones. En la novela, el tartamudo besa el sexo de la Argentina, si me acuerdo bien, y empieza a hablar. Hay algo más profundo.
P.- Me parece que la novela del congreso en la PUC fue “El Zorro de arriba y el zorro de abajo”, ¿comparte usted también esa visión?
R.- No lo sé, hay algunos jóvenes que se están acercando a Arguedas de maneras nuevas como la cuestión de la revelación o de la escritura, ¿no?, de distintos modos. Las visiones sobre Arguedas de las décadas de los ochenta, de los noventa son cada vez menos.
Entonces, la política estética de Arguedas, no sólo la de los Zorros, se está tratando de otro modo, ya no digamos con el multiculturalismo, los estudios culturales o la nación popular; sino de otros modos que todavía están formulándose.
P.- Para acabar, ¿en qué quedo el mito de Arguedas?
R.- ¿El mito que se creó él mismo, sobre un Arguedas comprometido con la nación, con la población andina?
P.- Sí, claro. Ahora que miramos su proyecto de otra manera.
R.- Él se prestó públicamente a hacerse de cierto compromiso, pero a nivel personal su situación era más complicada, más compleja. Si uno lee los poemas como La oda a Vietnam o la figura del Che en el Zorro, más personal, mostrando una actitud revolucionaria más que nacional-popular; ese aspecto de ideología política no lo declaraba muy públicamente. Un escritor, una persona se va creando una presencia pública que nunca va a coincidir completamente con la escritura, ¿no?
P.- Entonces la pregunta no es si sobre Arguedas es un escritor comprometido, sino ¿comprometido a qué?
R.- Es el problema de la noción de compromiso, uno presupone una ideología, un programa, un partido. El compromiso de Arguedas puede estar con las luchas sociales, con la historia o con el proletario; en el sentido de Mariátegui, con el sujeto de la historia.
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