No soy vanguardista

Erick HuancaEntrevista a uno de los pintores arequipeños más galardonados y polémicos.

Erick Huanca no solo es el pintor arequipeño que más premios ha ganado y más reconocimientos ha recibido, es también alguien que teoriza como pocos su obra, que lee y analiza, y con quien se puede discutir largamente las políticas culturales. Le ayuda sin duda su labor como docente; primero estuvo en la Escuela Carlos Baca Flor y ahora enseña en el Instituto Thomas Jefferson. Aquí lo entrevistamos.

P.- Tú has ganado casi todos los premios nacionales de pintura. ¿Qué te parece la idea de que existe un nuevo género de pintor: “el concursante”, el que apunta a la idiosincrasia del organizador o del Jurado.
R.- Me parece mezquina. Es una falacia.
Primero, hay concursos que fijan la temática, otros no. Segundo, casi nunca se sabe quiénes serán los Jurados, los organizadores tienen en secreto sus nombres. Tercero, cada año gana una obra diferente, por el estilo, la técnica o el enfoque.
Más que una ofensa, sería un halago: solo un genio podría adivinar siempre los nombres de los Jurados y apostando a sus gustos, ganar. Podría jugar mejor a la lotería y ganar más dinero, con menos trabajo.
Pero hay otra cosa. Los concursos son plataformas necesarias para el artista; ante la ausencia del Estado que debería promocionar al arte, los concursos promueven a los nuevos artistas, reconocen su trabajo, y eso no es malo. En Europa los mejores artistas jóvenes salen de los concursos internacionales.
En Arequipa no tenemos escenarios para que los artistas entren en contacto con su público. Tenemos una sola galería que se precie de serlo, la del Cultural; la de la Alianza Francesa es más pequeña, y un par más por allí. Pero hay pocas opciones para que un artista se haga conocido.

P.- Más que un pintor arequipeño tradicional diríamos que eres un vanguardista. Pero, ¿no te parece que la vanguardia ya es un refrito?
R.- La vanguardia ya se ha disipado. Lo que era el grito se ha vuelto espectáculo, la posmodernidad ha disuelto las fronteras y las personalidades fuertes.
Mi trabajo no es de vanguardia. Una de las características de la vanguardia fue su afán promocional de las escuelas o los colectivos contestatarios o subversivos. Yo no pretendo formar parte de ningún movimiento. Salvo por los concursos en los que participo no tengo una actividad social o publicitaria. Muchos me dicen con tantos premios por qué no te publicitas; pero esa no es mi meta. Puede parecer suicida pero mi forma de ser no es promocional ni grupal.
No soy un vanguardista. La vanguardia se quedó en los años sesenta.
Otra característica de la vanguardia es que era grupal, de manifiestos. Las sociedades tecnologizadas, del espectáculo, acabaron con las vanguardias. El surrealismo en Europa fue un escándalo, cuando llega a los Estados Unidos se volvió un espectáculo, y el espectáculo se vende.

P.- Tu acuarela que ganó el segundo premio del Concurso Jaime Rey de Castro, ¿es acaso realista?
R.- Sí, es realista, es una mesa.
Solo que he tratado de eliminar de ella los aspectos narrativos, literarios, para centrarme en los detalles, la textura. He partido obviamente de una mesa con su mantel, pero he tratado de sintetizar la imagen, de suprimir todo lo innecesario.

P.- En todo caso, nada te revela como un pintor arequipeño en tus imágenes. Podrían pasar en cualquier galería de América.
R.- Para empezar, no soy de Arequipa sino de Mollendo. Me podrían pedir que me inspiren los motivos marinos quizá.
Yo he venido a Arequipa solo en los últimos veinte años y cuando llegué la ciudad ya era moderna. Probablemente por eso no tengo esa identidad visual de los pintores arequipeños.

P.- Tampoco la de los mollendinos, en todo caso…
R.- La arquitectura victoriana de Mollendo si está en mis cuadros, gané un concurso Michel con eso. Pero es más: mucho de mi cromática es de sienas, grises, óxidos tomados de la vivienda semiderruída, de terrenos baldíos de Mollendo.

P.- Esta conversación se presta para comparar tu cuadro con el ganador del último Concurso de acuarela. ¿Qué opinas del ganador?
R.- Hablaré a título personal. He visto demasiados cuadros de esa temática…

P.- El Jurado apreció la composición aberrante de dos imágenes, la primera cuadra de Mercaderes y un par de perros callejeros en un primer plano inusual, que anunciaba un nuevo tipo de interpretación de la realidad urbana. ¿Qué haría arequipeño a tu cuadro?
R.- Mi línea de producción es muy variada, y sin embargo hay una constante que es la subjetividad. Yo jamás he buscado ser arequipeño o ser peruano. No es que sea un renegado, solo que no quiero ponerme en un sitio, buscar una identidad.
Alguien dirá que es una señal de inmadurez, pero creo que si lo maduro es lo que está más próximo a pudrirse, Dios me libre de la madurez. A la identidad prefiero lo dispar.  Siempre trato de cambiar, de no repetirme. Reniego de mí mismo y me deshago de mi producción; pinto piscinas, y a la cuarta o quinta serie las dejo y empiezo con algo distinto. Quizá sea un rasgo de mi hiperactividad.

P.- La constante que yo anoto es la violencia de tus imágenes, tanto en lo gestual como en el color y la forma…
R.- Sí, es un hilo conductor que me diferencia casi de todos, la violencia.
Si uno mira mis cuadros por la superficie no se da cuenta, pero vista a vuelo de pájaro mi obra tiene una constante existencial que es la violencia, el caos, el vacío.

P.- Pareciera como que has descubierto un tema…
R.- El día en que descubra mi tema me habré matado, entraré en crisis, en pena y sabré quien soy. Todo lo que hago es buscar, pasar de una temática a otra. Si salta una constante que es la violencia es para mí inevitable y no sé lo que significará.

P.- ¿Y qué tienes contra la paz, contra la sutileza del matiz, contra lo tenue?
R.- Me parece falsa, convenenciera, complaciente. Me dan penan las obras de esas características.
Estoy en contra de la elaboración sofisticada. Soy contrario a la línea de Espinoza y sus discípulos. Quizá se salva Ramiro Pareja. Córdova o Guinassi son personas muy metódicas y sistemáticas, disciplinadas y bien ordenadas. Yo en cambio parto del desorden, del caos. Las veces en que he intentado organizarme me he aburrido, necesito el desorden para buscar dentro de él algún orden, para inventar algo.
Mis colegas me han dicho que soy un neurótico, que me estreso fácilmente y que pinto por terapia, pero esa es solo una opinión.

P.- ¿Tú admiras a algún pintor?
R.- A nadie.
Me dicen que esa es mucha vanidad. Pero no admiro a nadie.
El primer pintor que vi con sorpresa cuando llegue a Arequipa fue un vendedor de acuarelas en la puerta de un hotel, me impresionó la violencia de sus colores y la sencillez de su personalidad. Yo siempre asocio la obra con la personalidad.
Luego me gustó la obra de Mauro Castillo, pero de inmediato me fui a ver la obra de Talavera, de Reynaldo Núñez Simbort, de Elías Condori y Ramiro Pareja; y con todos ellos y muchos más aprendí. Pero no me quedé con uno solo, como hacen algunos colegas que tratan de imitar a un pintor y probablemente con el tiempo de superarlo.
Quizá la mía es una personalidad mal formada, quizá lo mío es inmadurez, pero no es una inmadurez improductiva.

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