Un patrón salvaje y básico

Conversación con Pedro Novoa, ganador del Concurso Internacional de Novela Corta “Mario Vargas Llosa”.

P.- Empecemos por el Narrador. La novela tiene 31 apartados separados por doble espacio. De ellos, seis son contados por un Narrador externo al relato. Todos los demás los cuenta un Narrador indeterminado, que aunque pasa por ser uno de los alumnos del profesor Orlando (que aparentemente es el protagonista), no sabemos quién es. Ese narrador personaje le habla de tú a los demás para contar sus historias. ¿A qué obedecen esas elecciones?

R.- En la misma novela está la respuesta, la narradora es la escritora. La elección de la segunda persona es por ser una voz de conciencia que confluye con el pensamiento de los personajes, que se funde al punto de desaparecer.

P.- La voz de los dos narradores, tanto del principal o interno como la del externo u omnisciente, tiene un mismo tono oral, habla como los limeños de clase media baja o baja. Además es jerguera, soez, desvergonzada y cínica; aunque a veces tiene tonos literarios: hace referencias medio cultas a Borges, Salazar Bondi, Sartre, a Fellini, o indirectamente al cine y los juegos de matanzas, a Tarantino, al cómic, a la novela negra. ¿Es ese el marco cultural del lector al que te diriges?

R.- Creo que la novela es  un producto cultural, no pretende ser orientada para los cultos, o para los lumpenescos. La similitud de la tonalidad oral es importante, son alumnos de un mismo maestro. Maestro (Orlando), y también de la calle. Esto da identidad a las voces que piensan, hablan, sienten. Pero hay diferencias que parece no has notado, la escritora es la que tiene referentes cultos; los otros, no. Es como ese otro producto cultural llamado Los Simpsons, te doy un ejemplo. Hay una escena que la puede ver un televidente culto con otro que no lo es, el culto se dará cuenta , por ejemplo, que en esa escena donde Bart gira la cabeza sicóticamente al conducir un pequeño triciclo, es un guiño a la película “Resplandor” de Stanley Kubrick, que a su vez refiere a la novela de S. King. Yo he leído fragmentos a jóvenes, a mi madre. Y todos han entendido el espíritu de la historia, la esencia, ese fluir visceral que son las historias que se entrecruzan. Ahora eso de jerguera, soez, desvergonzada y cínica no solo es el tono de los personajes, es también el ambiente, es la vida misma que se respira o intoxica la novela.

P.- Cuando eliges una estructura de relato experimental que nos recuerda a la novela corta de Vargas Llosa “Los cachorros” eliges un tipo de público que no es precisamente el masivo o el popular. Curiosamente, la novela se vuelve una historia callejera al servicio de unos lectores intelectuales, ¿no es verdad?

R.- No, no es verdad.  El estilo es vargallosiano hasta los tuétanos, eso sí. Pero además de “Los cachorros”, también está “La casa verde” y “La ciudad y los perros”. Obras que de alguna manera han impregnado su estilo en toda la novela. Tengo el presentimiento que tú piensas que existen novelas para la masa, y otras para intelectuales. No estoy de acuerdo en ello, la Teoría de la recepción te ayuda para dar más o menos una proyección sobre los supuestos lectores (receptores) de tu novela. El Quijote, a pesar de su evidente barroquismo, fue una novela popular, que ahora se la considera culta, por ejemplo… Sin embargo, debo reconocer que sí existen obras que son necesariamente orientadas para un espectro receptivo culto como la mayoría de cuentos de Borges. Pero en mi caso, no es así. Me pasa, -o en todo caso quiero que me pase-, lo que le sucedió al filme “La era del hielo”, proyectada para receptores infantiles. Y resultó siendo vista además de los niños por jóvenes y adultos. Lo mismo con “El principito”. Mi novela es así, popular en esencia, por momentos culta, pero solo en  pinceladas relacionadas con la perspectiva de la escritora, luego inicia y regresa siempre a lo popular.

P.- Ese pasaje sobre la novela “Maestra vida” que está dentro de tu novela “Maestra vida” nos lleva a la metaficción. Lo cito: “En efecto, era el acta del jurado que nombraba como ganador (sic) a la novela “Maestra vida” por unanimidad. Más abajo estaba “Magister dixit”, el seudónimo que siempre usaba…”. Como estuve en el momento en que el presidente de Artequipa te llamó para comunicarte la noticia del premio, no pude dejar de sentir el impacto del círculo metaficcional que se cerraba. Una bonita jugada que pudo haber fallado, ¿no? Pero jugar con la ficción dentro de la ficción es un verdadero riesgo, vuelve al género, a la estructura parte de la historia narrada. ¿Lo premeditaste?

R.- Desde luego. Del maestro Vargas Llosa aprendí que en la novela las casualidades no existen, que los vasos comunicantes siempre confluyen en un punto neurálgico. Además, es un homenaje al Quijote, donde también se habla de la novela dentro de la novela. Yo también hice lo mismo, esta metaficción es también un asesinato al Dios realidad (un Deicidio), para imponerle una realidad novelesca. Aquí también vargallosiano, pienso que la literatura se impone a la vida real. Esta novela estaba prevista para ganar, si no ganaba no ser volvía curiosamente novela. Como tú dices, una jugada que pudo no funcionar. Y como el Quijote cuando le dice a Sancho que en efecto, esos que están murmurando a sus espaldas, son seguidores de sus primeras aventuras y que ahora están dentro de otras, de su continuación novelesca. Yo también estoy aquí, respondiendo a tus preguntas, porque la literatura ganó a la realidad. La literatura se impuso, ganó el premio y se volvió real. El límite, la telita delgada que la divide, creo que se rompió.

P.- Vamos a la historia. Si bien es cierto que la voz del narrador pretender ser muy corriente para el lector limeño, y los personajes se parecen en algunos aspectos a los de la vida real; hay aspectos de la historia que desde el punto de vista realista resultarían inverosímiles. Las coincidencias, por ejemplo: varios de los personajes son alumnos del mismo profesor Orlando y sin embargo no se conocen entre ellos; todos concurren a un mismo lugar para protagonizar la escena climática; todos hablan muy parecido; etcétera. Hay por ello un sesgo de romance en tu novela, de historia moral. ¿Podrías darnos algunas pistas más sobre el género?

R.- Hay una película que te recomiendo, se llama “Magnolia”, lee el epígrafe que inicia el filme. Es quizá mucho mejor a lo que en estos momentos te voy a explicar. Las casualidades no son tales, son alumnos del mismo profesor, de la Maestra vida, de la calle. No se reconocen porque ellos han aprendido a metamorfosearse, porque en eso consista quizá la mayor y más cruel metáfora de la sobrevivencia. La escritora no podría haber reconocido a cholito por una razón bien sencilla, fueron alumnos del profesor en diferentes tiempos. El profesor no es reconocido porque se ha cambiado drásticamente de look. Ahora con relación a que sea un romance, no me lo creo; de historia moral, tal vez. Una historia que se basa en una filosofía básica, pero efectiva, una moralidad de la sobrevivencia donde te exigen siempre lo más difícil antes de lo sencillo. Para los pobres, para los de la clase baja y media baja no nos queda otra, o aprendemos rápido y bien, o nos revienta la vida. Por eso es que esta novela servirá no para que vivas bien, quizá esta novela sirva para que aprendas a rugir, a tener mejores reflejos, por que como por allí escribí, en esta ciudad (Lima), antes de aprender a caminar y correr, se aprende a volar.

P.- Estamos llegando al corazón de la novela, a esa metáfora que representa la solución de un conflicto social, el mito que hace aceptable resolviendo alguna contradicción que nos agobia. La encuentro expresada en dos párrafos que cito: “Es que los tiempos son así de exigentes, de impetuosos, de agresivos. Ya no existen los eufemismos, los cabrismos, los chivatismos para nosotros”. Esa es la lección de la “Maestra vida”, ¿no? Y la solución viene al final: cuando uno de los personajes acaba de masturbarse el narrador reflexiona: “Entonces revientas, se revienta el mundo en un disparo visceral y básico. Ese estremecimiento atávico y primario que es y será para siempre el rugido más digno del hombre”, y unas líneas más abajo: “Y por una fracción de segundo, ha convertido este chiquero que es la extensión de tu vida —o quizá tu vida misma— en un lugar tolerable, bello, y hasta luminosos, varón”. Lo que entiendo es que en esta sociedad capitalista salvaje hay que aprender a vivir con violencia y que la única salida a esa violencia consiste en procurarse placer, gozo personal, sexo. Goce en vez de deseo, diría Lacan; pero en llano: el instinto más elemental, la supervivencia animal sería la única salida. Te pregunto: ¿tan mal se ve la situación?

R.- En esto concuerdo contigo, la Maestra vida te enseña, el profesor Orlando te enseña, todos te enseñan a vivir de acuerdo a un patrón salvaje y básico, pero contradictoriamente placentero y complejo. El homo urbanus, si tú quieres, como diría Martín Adán (“…nací en una ciudad y no sé ver el campo”) deviene en axioma irremplazable. Este hombre urbano se animaliza, se brutaliza, se emperra, se enrarece en definitiva (De nuevo Martín Adán: “me gusta andar por las calles, algo perro, algo máquina; casi nada hombre”). El yo urbano ha aprendido en esta Maestra vida a ser rápido, a ser efectivo, a ser viril y violento; no hay otra salida, el luchador de pronto se reconoce en la lucha como tal; sabe que puede morir, pero eso no importa, porque en la lucha está su esencia, ya es la lucha. En esa última parte, donde la eyaculación se dispara, redime al hombre de su propia brutalidad, poetiza un chiquero, un muladar de decepciones, de miserias, de herrumbre y sarro que tiene que reconocer como suyo. Un reino de goces inmediato, podría ser, pero también el triunfo de la ficción. Si lo ves con cierta paciencia, notarás que en la masturbación, triunfa la imaginación. Que los personajes se disfrazan, se envuelven en sus fantasías reales. Que la misma escritora logra lo máximo –a manera de Borges-, logra imponer un sueño a la realidad. Logra que la ficción se vuelva realidad.

P.- Al parecer quedan pequeños desacuerdos entre el entrevistador y el entrevistado. Dejemos que los lectores averigüen por su cuenta, que lean la novela, ¿te parece?

R.- Claro, amigo, ha sido una entrevista muy interesante. Ya nos conoceremos en persona y estoy seguro de que charlaremos horas sobre ese apasionante mundo que es la literatura que sin magia, ni artificios de por medio, me ha inventado con palabras, me ha dado un nombre,  un premio, un probable mejor destino y la necesidad de un hermoso pueblo como el arequipeño que me imaginan aún borrosamente y que a su vez quiere imponer un ser del tamaño de su expectativa que calce lo mejor que pueda en ese seudónimo Magister dixit que fragüe entre noches oscuras de frenesí y delirio.

 

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