Danzas peruanas: El Alcatraz

Análisis discursivo

El Alcatraz es una variedad del Festejo, ambos comparten varias características musicales aunque la coreografía de los danzantes es diferente.

Nuestro Alcatraz afroperuano toma su nombre del ave marina, imita su andar cadencioso en tierra, y a la vez hace alusión al trasero humano, alc-atrás. La música despliega una considerable variedad métrica e incluso el uso simultáneo de dos diferentes compases, si bien el compás subyacente es esencialmente 6/8. El tempo es ligeramente más rápido en el Festejo, aunque el Alcatraz exhibe mayor síncopa.

El carácter de ambas danzas es festivo y contagioso, la síncopa le da una cálida sensualidad al Alcatraz. La forma es cíclica con un esquema rítmico repetido, enriquecido por el palmeo que refuerza la síncopa. La melodía consiste en frases cortas con un ritmo agitado frecuentemente interrumpido al final de la frase por una pausa repentina, o una nota de mayor duración. El carácter “llamado y respuesta” de la línea melódica en frases consecutivas aumenta en la sección final, compuesta por fragmentos melódicos cantados por respuestas entre el solista y el coro.

Los textos del Alcatraz a menudo tienen forma de estrofas. Usualmente desarrollan un tema burlesco que se refiere a la era de la esclavitud. Textos y melodías son a veces compartidos por festejos y alcatraces, e incluso los versos pueden ser préstamos del algún otro género musical. La letra del Alcatraz más conocida es “A que no me quemas…”.

La ejecución musical incluye elementos típicos del conjunto tradicional de música negra: una guitarra, un cajón, una quijada, palmeo, grito y voces. Un solista y un coro. La instrumentación del Alcatraz progresivamente incrementa la densidad de la música introduciendo uno tras otro los instrumentos.

Si consideramos al Alcatraz como un “texto”, la variedad de movimientos corporales que acompañan a la música puede ser leída como obscena, falta de refinamiento, primitiva, inmoral o promiscua; de hecho, esos fueron los sentidos que comúnmente se le atribuyeron. Los individuos comparten su etnicidad, status social, educación, nacionalidad gracias a sus discursos comunes. Los discursos alternativos surgen cuando una lectura crítica radical busca las conexiones más profundas, no las que aparecen sobre la superficie del texto. Una lectura del discurso alternativo del Alcatraz debe prestar atención a una variedad de características performativas que nos dan pistas para interpretar las conexiones entre ellas.

Los mismos mecanismos discursivos que convierten los objetos y los hechos en textos capaces de ser leídos, pueden invertir los procesos y tornar los discursos en seres, cuya existencia es tenida como real. En este sentido Parker afirma que “los discursos nos dejan ver cosas que no están realmente allí, y una vez que se ha elaborado un objeto en un discurso es difícil no referirse a él como a algo real”. Esto sucede con cualidades abstractas tales como “belleza”, “justicia”, “inteligencia”, “matrimonio” o “amor”. Han sido creadas por la gente y sus discursos, pero una vez que son incluidas en el discurso común, tendemos a tratarlas como si tuvieran el mismo tipo de existencia de los objetos físicos. Esto es, los discursos tienen el poder de cambiar el status ontológico de las palabras.

Múltiples casos de permutación ontológica se pueden hallar en el discurso oficial, en el que se construyen los modelos de gente “saludable”, “normal”, “bella” o “moral”. Tales constructos discursivos encajan en las formas dejadas por la dominación española sobre los esclavos negros.

El discurso dominante ha motejado a lo negro de “menos inteligente”, “más feo”, “menos sensitivo”, y “menos moral”. En consecuencia los cuerpos de los descendientes de africanos se consideran naturalmente equipados para las labores duras, los deportes populares pero no refinados, rudos como el fútbol o el boxeo, y el baile obsceno y endemoniado.

La ejecución del Alcatraz no se considera ni conocimiento legítimo ni discurso oficial. Es sólo música popular y danza que los negros peruanos usan para entretenerse, para animar las fiestas. Igual, los versos del Alcatraz son tomados como meramente populares y sin sentido estético. Pero a la luz de la “genealogía” de Foucault se puede leer los discursos no oficiales como conocimiento legítimo. El texto del Alcatraz legitima su propio discurso denunciando la violación y el abuso físico perpetrado sobre los esclavos negros. Desafía el discurso oficial diciendo “A que no me quemas”, y afirma la oposición al proclamar “A mí no me quema nadie”. En la ejecución del Alcatraz cada movimiento o gesto puede leerse como una contraparte del estilo de danza tradicional oficialmente aceptado como expresión de una educación refinada; el lenguaje no discursivo del cuerpo en el Alcatraz habla realmente de resistencia contra el patriarcado oficial:

 

Cuerpos masculinos y femeninos separados uno del otro, como opuesto a las parejas elegantemente entrelazadas.

Movimientos libres de los cuerpos femeninos, que deberían estar prohibidos.

Movimientos de cuerpos femeninos que muestran iniciativas, cuando las danzas dignas sugieren que la mujer se debe someter al liderazgo del hombre.

Vigoroso movimiento de caderas y hombros, mientras que el decoro y la danza refinada recomiendan controlar los movimientos del cuerpo.

Manos y brazos tienen participación notoria, en oposición a su moderado uso.

Movimientos libres de las manos femeninas, cuando deberían apoyarse en las manos y los brazos de los hombres.

 

Estos ejemplos ilustran cómo el cuerpo puede volverse pieza clave de resistencia a la cultura dominante. Los negros peruanos no pudieron sostener discursivamente lo que deseaban expresar al sujeto colectivo hasta que desarrollaron un discurso poscolonial propio. Entretanto, el cuerpo afirmó su identidad cultural, su orgullo racial y su vitalidad sensual. Danzando el Alcatraz los esclavos negros desafiaron al fuego del amo y lograron burlarse del poder blanco apagando su llama con el batir de las caderas. Sobre todo, la danza se burla y se ríe de la danza hegemónica, pues los negros peruanos tienen suficiente poder contra hegemónico en sus cuerpos para vencerla. Sus voces pueden no tener una representación en el discurso oficial, sin embargo sus cuerpos han aprendido a comunicar visiones, pues los cuerpos negros peruanos se han vuelto los cuerpos hegemónicos.

Así, gracias a la aplicación de los aportes de Foucault sobre la política del cuerpo se puede mostrar cómo la ejecución del Alcatraz es una realización de la ideología de los negros peruanos.

La identidad de los negros peruanos mantiene vestigios ancestrales del legado africano y los procesa con la energía de la opresión y la resistencia. Pero además, adopta la rica cultura híbrida peruana tradicional. Entremezclando tal variedad de corrientes culturales dio origen a sonidos y ejecuciones únicos en su estilo y promovió una nueva ideología, una particular manera de pensar y sentir no identificable como africana ni como peruana, sino como Perú Negro.

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