El retorno a los orígenes

Rintaro Mori

Rintaro Mori nació en Tsuwano, actual Shimane, provincia japonesa, en 1862. Como hijo mayor del médico del señor feudal de la localidad, siguió con la tradición de seguir la misma profesión. A los diez años se trasladó a Tokyo, donde estudió holandés, clásicos neoconfucianos y artes marciales y a los diecinueve ya era médico militar, además de experto en alemán y en poesía japonesa y china. Tres años después, agraciado con una beca de estudio de higiene pública, del Ejército Imperial, llegó a la Alemania de Bismarck. En los cuatro años que pasó como migrante tuvo una ajetreada vida social, a tal punto que fue amonestado por un superior: en Dresde, en 1885-1886, era asiduo invitado a palacetes y salones. A diferencia de las privaciones sufridas por el estudiante menesteroso Natsume Soseki en Londres, Rintaro llevó una holgada existencia. Ambos, contemporáneos y futuros ilustres letraheridos, nunca se frecuentaron.

En 1888 Rintaro regresó a su país y combinó el ejercicio de su profesión con una activa labor literaria como traductor de obras de grandes autores occidentales. Puede decirse que había dejado huella entre los germanos: en 1890,una joven alemana conocida como Ellis, viajó en su busca al Imperio del Sol Naciente. Las referencias a este affaire, de vital importancia para el discreto y obediente Rintaro, fueron eliminadas de su diario Doitsumikki. Los padres de Mori se opusieron a tal unión, con el pretexto de que Rintaro ya estaba comprometido con una japonesa y en Yokohama embarcaron a Ellis, colmada de regalos -premios consuelo- de vuelta a su gélida patria.

Rintaro, con el seudónimo literario de Ogai Mori, fue conocido popularmente como El maestro Ogai, por su concisión, sobriedad y contención manifestadas en obras como “La bailarina”(autobiográfica) o “El ganso salvaje”, aunque destacó sobre todo en relatos de ficción histórica como “El intendente Sansho”, conocido universalmente por la adaptación al cine realizada por Kenzi Mizoguchi en 1954.

Como creador de innumerables revistas literarias (y médicas, con estudios como el efecto del frío en el cuerpo humano, entre otros) forjó la nueva literatura de su país.

Su traducción de “Fausto” aún hoy se lee. Participó en la guerra chino-japonesa de 1894. Cinco años después fue degradado y desterrado a Kokura, donde permaneció hasta 1902, época en que con su hermano fundó la revista Kabuki.

En 1904 participó en la guerra rusojaponesa y tres años después fue nombrado General Inspector de Sanidad, en reconocimiento, la distinción más alta en su rango.

Tras dos guerras, un destierro y un silencio literario como autor de dieciocho años, causado según algunos, por su personal descontento con sus tres obras juveniles, al tiempo que Soseki lograba popularidad, Mori publicaba en 1909 “Vita Sexualis”, motivada por su interés como médico en tal asunto, obra que fue prohibida por el gobierno. Otras obras son relatos como “El testamento de Okitsu Yagoemon”, inspirada en el sepukku del General Mori, o “El incidente de Sakai”, sobre el sepukku de varios samurais.

En 1917 renunció al rango militar y fue nombrado director de la Biblioteca Nacional y del Museo Imperial. Entre sus obras poéticas destacan “Diario poético: poemas de guerra” o “Vestigios”. Otras novelas suyas son “Juventud” o “Las cenizas” -inconclusa-.

Los personajes de Mori reflejan la Weltanschaung del autor: Anji, la adolescente heroica y su hermano menor, Zushiro, o Kisuke, el condenado y el dilema ético que atribula al vigilante Haneda, en” El barco del rio Takase”, o la trágica  adolescente Ichi, de “Las últimas palabras”, son seres  con valores inmutables como la dignidad, la abnegación y el amor fraternal. en medio de grandes tribulaciones.

Relatos como “Mediodía” -sobre las disputas domésticas entre la esposa y la madre de Mori- fueron vetados por su esposa hasta 1951.

Mori falleció el 6 de julio de 1922. Tres días antes dictó su última voluntad a su amigo del alma, Kako Tsuneda: rechazaba honras militares, literarias, de toda índole y quería morir y ser enterrado como quien realmente fue: Rintaro Mori, nada más, recuperando su esencia.

En “Nakajiniki”, su testamento literario, Mori escribió: “jamás fue mi intención ser un escritor o un artista, ni verme como filósofo o historiador. Cuando acertaba a estar en el campo, cultivaba la tierra; y si estaba a la orilla de un río, me ponía a pescar. En resumen, siempre he sido conocido como un diletante”.

 

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