Cuentos brasileños contemporáneos

Cambios en la idea de cuento

Toda antología es un constructo, pero no todo constructo es igual, hay unos arbitrarios y egolátricos, y otros consensuados alrededor de categorías razonables. En cualquier caso, el lector puede leer una antología aplicando su propio derecho a la crítica de la elección y a la opinión sobre el material reunido.

Petroperú publicó hace tres años una colección de cuentos brasileros contemporáneos llamada sencillamente “90-00”, en referencia a las dos décadas pasadas en el campo del cuento. Los autores, María Alzira Brun y Nelson de Oliveira, son ambos escritores y académicos de Sao Paulo. La colección presenta veintiún relatos y los agrupa por temas en “Ciudad ácida”, “Vídas líquidas”, “Caos y acasos”, “Universo inverso”, con metáforas que aluden a unos tipos reconocibles no solo en Brasil sino, probablemente, en toda América Latina.

En el “Prólogo” Brun y de Oliveira advierten que los nuevos escritores muestran influencias de los maestros del cuento en el siglo XX en cuanto a su realismo, su vanguardismo, modernismo y tropicalismo, sin embargo hay en las últimas décadas un espíritu totalmente nuevo fruto de la mundialización de la cultura y la economía y de los nuevos medios de comunicación masiva. Confiesan estar inseguros del resultado de ese cambio masivo y apelan no sin un poco de ingenuidad al dictum de Marx, “de la cantidad siempre brota la calidad”.

Para el lector de Rubem Fonseca, Roberto Drummond, Autran Dourado, Clarice Lispector, Dalton Trevisan o  Lygia Fagundes, los cuentos de las últimas décadas aquí reunidos representan sin duda alguna un nítido descenso tanto en la calidad literaria como en la imaginación creadora de símbolos culturales de Brasil. Los cuentos, en general, son mediocres, de una mediocridad en boga, es cierto, pero plana, sin fuerza, sin pulimento, sin ese punche que pide Cortázar o esa perfección formal significativa que demanda Lukacs. Es como si la posmodernidad y la globalización hubieran desdibujado el género y al mismo tiempo anegado el campo devastado con una capa de cieno de cinco centímetros de altura en la que solo crece la angustiada egolatría. En esto, “90-00” se parece a casi todas las antologías peruanas del mismo periodo.

Apenas hay un cuento interesante en el libro. Se llama “Monumento al escritor desconocido” y es de Joca Reiners Terron. Es un ejercicio metaficcional en el que un narrador de la nueva escuela mata a un loco de las palabras vacías aparentemente por su propio bien. En la página 312 se puede leer este comentario que dejamos a manera de colofón:

“Es curiosa la literatura. Como el Triángulo de las Bermudas o la isla de Capri donde vivían las sirenas de Ulises, la literatura atrae a todo tipo de náufragos. Desde el vagabundo más asqueroso al médico más higiénico, todos se quieren distinguir como escritores. Una única y fundamental cicatriz, sin embargo, deforma la cara de esta masonería lega y narcisista: el histrionismo. Bajo la piel del resentimiento y del ansia por el reconocimiento público, se esconden malos autores que le atribuyen a la literatura la misión de salvarlos de su aurea mediocritas. Solo hay una cosa que no saben: en lugar de combatir la mediocridad, la literatura la alimenta, dejándola a flor de epidermis. Enfermos de superficialidad, aquellos vagabundos en lugar de más limpios de volverán aun más inmundos y los médicos permanecerán en su asepsia anodina. Lo sé porque soy idéntico a ellos”.

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