El rincón de los niños

Música clásica para niños

Claude Debussy conoció tarde la paternidad y sus alegrías. Se había casado a los treinta y cinco años pero seis años más tarde se enamoró de una cantante, Emma Bardac, y huyó con ella. La pareja, todavía casados cada uno por su parte, concibió una hija a la que bautizaron con el alegórico nombre de Claude – Emma, pero la llamaban cariñosamente Chou-Chou. Tres años después del nacimiento, en 1908 la pareja logró el matrimonio.

La felicidad de padre llevó a Debussy, el compositor más importante de Francia en sus días, el creador del impresionismo musical, a escribir una pequeña obra maestra para tratar de transmitir a su pequeña la pasión por la música. Esa obra, llamada “Children’s corner”, es otra de las piezas clásicas que me permito recomendar a los padres que desean ayudar a sus hijos a depurar el oído musical.

“Children’s corner” es una suite para piano que Debussy compuso entre 1906 y 1908. Consta de seis piezas cortas inspiradas en el mundo infantil de su hija: sus juguetes, sus primeras clases de piano y la educación de su aya inglesa, Miss Dolly. Precisamente lleva un título general en inglés y salvo la primera pieza que está en latín, los demás nombres de las danzas en el original también son en inglés. Era en parte una broma y en parte un homenaje a una música popular que estaba de moda y que Debussy admiraba.

Doctor Gradus ad Panassum, la primera pieza, es una ironía sobre la abstrusa complejidad de los ejercicios con que enseñaba la técnica del piano a los niños según el método usual de Muzio Clementi. Lo que hizo Debussy fue acelerar los ejercicios hasta convertirlos en melodías tan ágiles como etéreas, volátiles, sutiles en sus escalas continuadas.

El impresionismo cambió el esquema musical de finales del siglo XIX al romper con los moldes románticos, sensibleros y narrativos, para enfatizar en cambio la impresión pura de los sentidos, al estilo de los pintores franceses de la época y de los poetas simbolistas. Frente a la necesidad “expresiva” del “mundo interior” de los románticos, Debussy señaló: “La música se ha hecho para lo inexpresable”. “Doctor Gradus” lleva a un niño a sobrevolar la continuidad de los colores musicales y a librar su sensibilidad.

Jimbo’s Lullaby (Canción de cuna para Jimbo) se inspira en un elefante de juguete de Chou-Chou, y describe su pesado andar con la melodía del bajo. Sin embargo es la ternura el tema explorado a través de la imagen de un bebé elefante, ternura que resulta de la lentitud del fraseo, de los sonidos bajos apagados por el pedal del piano y la amabilidad de la melodía central simple y danzante, dulce e inocente a la vez.

Serenade for the Doll (Serenata para la muñeca): La muñeca de Chou Chou resulta ahora motivo para una pieza caracterizada por la continuada utilización de quintas que produce las sonoridades más armoniosas y etéreas. Canta una serena a la muñeca con la gracia del piano que imita pasos y giros y que con recursos técnicos muy simples y creativos le da impulso a la imaginación infantil.

The Snow is Dancing (La nieve danza): La caída de nieve, espectáculo desconocido para nosotros, es uno de los temas románticos preferidos. En esta pieza, sin embargo, Debussy sale del lugar común para recrearse con el movimiento de los copos y el minimalismo de las variaciones de color, todo ello gracias a una bella melodía compuesta en contratiempos, que sugieren los movimientos de la vista en medio de la monotonía adivinada del fenómeno natural. Un bello ejercicio para la visión eidética.

The Little Shepherd (El pastorcito): Es un tema romántico clásico: el niño pastor solitario que toca su flautín mientras vigila su rebaño en medio de los prados. Solo que Debussy lo transforma en una imagen impresionista: “La belleza debe apelar a los sentidos, nos debe proporcionar un goce inmediato, nos debe impresionar e insinuar sin ningún esfuerzo de nuestra parte”, según él.

Golliwogg’s Cakewalk: El “cakewalk” era una danza de negros americanos, precursora del jazz. Un muñeco negro entre los juguetes de Chou Chou inspira esta graciosa composición. Es una pieza enérgica que según la partitura se toca “avec une grande émotion”. Con su ritmo sincopado, divertido, cierra la suite es un estado de felicidad.

 

“Childrens Corner” es una obra ideal para apreciar los colores sonoros, el paisaje armónico, la flexibilidad de la música, su rica sensualidad y su capacidad infinita de sugerencia. El grueso de la música popular reduce la apreciación a las letras, que suelen ser mediocres, o las melodías, que por lo común son elementales. El “color musical” que producen las tonalidades, los timbres, las armonías es un descubrimiento de los impresionistas, la belleza de sus obras descansa en la exploración de la riqueza y la sutileza de las percepciones sensoriales. Debussy solía decir que “No hay nada más que una puesta de sol musical”. Descifrar el sentido de esta frase es posible, oyendo su música con una buena dosis de pasión.

Claude Debussy murió de cáncer solo diez años después de escribir “Children’s Corner”, y su hija, Chou-Chou, al año siguiente. La obra, sin embargo, eterniza el amor filial con su exquisita e imaginativa ternura. Lo bueno es que esa ternura está hecha cuerpo en uno de los trabajos de técnica pianística más finos y creativos de la historia de la música clásica. Algo que se puede transmitir a los niños, todo junto.

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