La naturaleza desnuda

Denise Levertov

Denise Levertov nace en Inglaterra (1923). Poetisa de espíritu humanista que se consagra en acontecimientos sociales de gran trascendencia, activista de movimientos feministas, lo cual le da motivo para la temática de su poesía. Catedrática  en varias universidades importantes de E.E.U.U. Obtiene la nacionalización estadounidense en 1947 al casarse con Mitchell Goodman.

Osciló entre la acerada conciencia política y el desarrollo progresivo de la propia espiritualidad. La crueldad de la guerra de Vietnam la conmocionó, y apareció en sus poemas como una insoportable injusticia. A su vez, su activismo se fue permeando de religiosidad a medida que envejecía, pero nunca de un modo acrítico o complaciente. Sus escritos poéticos de mayor importancia son: “Here and Now” (1940); “The Double Image” (1946).

Levertov está considerada como una miembro de la generación Beat. Son pocas las mujeres que se adhieren a este círculo y acotan su concepción del mundo desde un enfoque variado. Kerouac y Ginsberg (representantes principales de los beats) reconocen en ella una de las escritoras con voz propia, perspicaz y liberal. Su condición de mujer no fue impedimento para expresar sus más profundos y prohibidos sentimientos, de igual modo su opción sexual no la reprimió a desbordar de manera sensual el contexto de la naturaleza.

Los versos de Denise tienen un toque melódico, acompasados por el canto silvestre de las aves; la firmeza de los árboles; la cotidianidad de la vida. Las palabras fluyen como ríos adentrándose al océano del lenguaje donde los elementos estéticos perfilan la consagración del alma, ‹‹Era ya casi demasiado tarde / para dar un paseo por el bosque, / pero fui igual. Y me salí un momento / del sendero sombrío / para adentrarme en una sombra más oscura, / un círculo de abetos que me encanta, / y recibí un regalo mientras anochecía: / una lechuza, que sin miedo / voló con decisión hasta una rama / muy cerca de mí, y me miró – una larga / mirada de reconocimiento, fija, imparcial››. (De Criatura a Criatura).

La muerte también ocupa un sitio en la poesía de Levertov. Su mención es metafórica, subyace al ritmo y al contorno de las figuras, realzando las sombras que simulan el trasfondo inusitado del follaje. Los átomos trémulos del paisaje tributan las migajas celestes en dirección a lontananza para cubrir las esperanzas grises, ‹‹En la boca dorada de una flor/ el olor negro de la tierra en primavera./ Basta de cráneos en el escritorio/ solo el estudio/ generalizado de la muerte -¿como si hicieran/ falta nuevas maneras de morir? No,/ no hacen ninguna falta/ nuevas maneras de morir./ La muerte en nosotros sigue/ probando el riesgo/ salvaje de vivir/ como lo arriesgó Adán›› (Otra primavera).

La poetisa Adrienne Rich le dedica un poema extenso titulado  “The Roofwalker” (La que camina por el techo, 1961), en el cual se concibe el hecho de que una mujer escriba poesía como un oficio peligroso. Estas referencias dicen mucho del valor literario que produce Denise, sumado a su empeño por demoler las barreras de la indiferencia, el machismo, el racismo, y la corrupción. Si de algo se sostiene su protesta, es de la desnudez concreta, esta misma que la transporta a la senda de lo sagrado donde solo un aliento es suficiente para seguir andando.

Su estado híbrido dentro de la literatura estadounidense, la sitúa un tanto entre los poetas tradicionalistas, los idiosincráticos, los beats. Siguiendo una suerte de proceso alcanza un estilo definido, enfocado desde la perspectiva naturalista, capturando las tomas adecuadas de las cuestas, las colinas, las puestas, traduciéndolo en armonía musical. La plenitud envuelve  los campos dorados a contra luz, y el escenario de los sucesos humanos arde bajo el sol.

Levertov, enamorada de la vida se detiene ante la última puerta del edén perdido, y con voz temblorosa llama al gran Adán para pedirle besos; para rendirle cuentas. No olvida la voluntad del cielo, está dispuesta a desnudarse y a entregarlo todo. La dama pálida solo te visita una vez, y eso, la angélica musa lo sabe; los búhos del Hades también lo saben, y no hay nada que hacer.

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