Pepe Mujica en Barcelona

Sorprendida, leo la invitación de la Casa de América para la conferencia que ofrece Pepe Mujica, “Visiones de ética, política, ciudadanía”, acompañado de Lucía Topolansky.

 

El día del acto, domingo, dos horas y media antes del inicio una decena de uruguayos esperan sentados en el suelo, ante las puertas cerradas del auditorio municipal con aforo de 450 almas. Pese al calor toman mate, cargan con sus termos y demás aditamentos, hablan de política, de su país, “Pequeño, conservador, si hay algún turista es que se perdió, no se puede comparar con Perú  o con esta ciudad”, afirma un joven matrimonio que ofrece mate a sus vecinos de cola. Algunos/as frikis leen libros. El grueso del respetable teclea incesante sus dispositivos electrónicos, se hacen selfies, sin el menor asomo de vergüenza propia. Algunos comen papas fritas, sándwiches, una chica vestida con shorts blanco-plateadoso me dice “Mira cómo tiemblo, tengo arritmia, es que soy muy sensible, cuando aparezca Pepe, lo voy a aplaudir bien fuerte”.

Una hora y media antes del acto 300 almas forman cola. La chica arrítmica me cuenta que era vedette de candombe, aunque en realidad, prefiere la murga, de candombe no sabe mucho. Un señor añade que qué les costaba traer acá unos tambores, para animar a la gente. Como si se materializara tal anhelo, aparece un chico rubio con pinta de Lenny Malacara preguntando si es aquí donde se hará la capoeira. Ignoramos, venimos a ver a Pepe. Le siguen unos brasileños que actuarán en otra zona del recinto. En una sala anexa los jubilados juegan dominó, en otra dimensión.

Mis vecinas de la izquierda explican que son del 45 y del 46, desgranan achaques y operaciones, filosofan: “una nace sola y se muere sola, yo ya no hago planes a largo plazo, vivo el momento”, etc. -mientras, enajenadas, teclean mensajes a sus hijos, que desde Uruguay esperan las fotos de Pepe que sus progenitoras tengan a bien mandarles.

Una hora antes del acto hay una cola que ocupa un par de manzanas. Una chica británica me pide una hoja de papel para escribir. Pocos minutos después, se abren las puertas.

Pepe Mujica y su consorte llegan puntuales. El representante de la Casa de América nos saluda y añade que somos unos privilegiados, porque afuera hay miles de personas. Sentados en primera fila, tres políticos locales con indudable afán de ser el perejil de todas las salsas. Mujica y señora son ovacionados aunque el representante de la Casa de América pidió un aplauso para los que se quedaron fuera -de premio consuelo, podrán oír la conferencia merced a unos altavoces.

La presentación sigue: se narra la trayectoria personal de los singulares conferenciantes, se menciona a la perrita Manuela —que los debe estar extrañando, supongo— y nos informan que el acto se organizó al vuelo, aprovechando el viaje privado del ex presidente al País Vasco, Cataluña e Italia buscando sus raíces—, “las mías ya las perdí” añadirá Topolansky.

El representante de la Casa de América tiene a bien leer  un compendio de frases  para la historia de Mujica, a quien califica de transgresor y lleno de sentido común, antes de ceder la palabra a Topolansky, quien hizo un repaso del proceso de formación del Frente Amplio, destacando la importancia de la unidad y de la educación de la ciudadanía para que los cambios sociales no sean hojas llevadas por el viento.

Mujica toma la palabra y declara que contra su costumbre va a leernos algunas páginas, advirtiendo que va a aburrirnos. Son datos y cifras sobre problemas sanitarios, educativos y medioambientales, dejando como reflexión el hecho de que la humanidad no parece asumir como propio el problema de la contaminación, declara que el rencor no sirve para nada, que ha cumplido 80 años el 20 de mayo y espera que la humanidad progrese, aunque no lo verá. Se declara ciudadano de la nación latinoamericana, no de un país en particular, glosando las mejoras en esperanza de vida, disminución de la desigualdad, etc. Critica el modelo de producción desenfrenado: “siempre es necesario fabricar pavadas, pero con un límite”, “no se trata de retirarse del mundo como monjes cartujos a cultivar cuatro lechugas, sino de asumir responsabilidades”. Es ovacionado cuando declara que “los perros europeos se alimentan mejor que los niños africanos, hay que frenar la destrucción de los recursos naturales. Hace 25 años los sabios de Kyoto emitieron el Protocolo, y ni caso les hicieron, es como para meter en cana a todos los gobiernos del mundo”. Señala que se ha reunido con el Papa: ”soy ateo, pero respeto las creencias de la mayoría de mis compatriotas, cómo no, sino sería un loco”.

Termina recomendando a los jóvenes que no pierdan la alegría de vivir, pese a las circunstancias y a la apatía, que no entiende: “A la juventud nunca se le regalaron las cosas, la juventud siempre se ha abierto paso a codazos”.

 

Nueva ovación con el respetable por completo abducido y emocionado. Mujica decide salir por el inexistente pasillo central, rodeado sólo por los organizadores.

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