Hay Festival para escritores

Con Alberto Fuguet

 

La sesión del escritor chileno Alberto Fuguet en el Hay Festival Arequipa 2015, desarrollada en el Paraninfo de la UNSA, fue una de las más accidentadas, tanto por el estilo desenfadado del autor cuanto por sus referencias personales a otros escritores y sus familiares, que afectaron al clima de la entrevista. No obstante, algo dijo sobre los aspectos técnicos de su obra, que aquí seleccionamos para nuestros lectores.

 

Fuguet.- Lo bueno del Hay es que permite interactuar con otros escritores y con el público, pero yo creo que las novelas deben hablar por sí solas. Soy de aquellos que cree que si el libro se lee funciona mejor, no digo que mejore, porque siempre hay alguien que me dice oye el libro está genial, lo leí en dos horas, y yo pienso ojalá yo lo hubiera escrito en dos horas.

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¿Cómo se originó mi novela “No ficción? A veces la idea ocurre cuando uno le cuenta a otra persona algo que le está dando vueltas. Es algo que no se puede calcular, no se puede manipular; pero cuando eso ocurre hay que hacerse cargo de la reacción del otro, porque mal que bien, uno se dedica a contar historias y a crear personajes, y hay qué ver cómo funcionan.

Yo aprendí este truco cenando con un grupo de actores. Estaban montando la obra “Mala onda”, en Chile, y no sé por qué la gente empezó a hablar de pasantías: yo empecé a trabajar en esto, yo en aquello, etcétera. A algunos les tocó empezar con obras de teatro horribles. Y bueno, yo empecé como redactor policial dije, y hubo silencio total, no me creían, pero no miento, yo empecé redactando periodismo policial en el peor diario de Chile. Y la cena me la terminé por acaparar yo contando anécdotas toda la noche, que después salieron en “Por favor, rebobinar”. Así se originó todo un libro.

“No ficción”. Yo conocí a través de redes sociales a un tipo y la idea era que nos íbamos a juntar para hacer cosillas. Pero a mí me pareció que era horrible. Pensé ahora de qué vamos a hablar, la cita era en un parque. Pero ocurre que al minuto él me dice “Escritor, no”. Pero por qué, le dije. No, no me gusta lo que hacen. Y yo por hablar empecé a contarle una historia, de si el sexo era tan importante o si no era importante, y él empezó a contarme algo que le había ocurrido a él, y así pasó la noche. De vuelta a casa empecé a pensar en esas historias, tan entretenidas que el sexo quedó atrás. Y así se originó la novela.

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Nunca pido permiso para contar ciertas cosas. La literatura es ficción, si no fuera a uno podrían llevarlo a la cárcel o sacarle los dientes. A mí me parece que parte del escribir es traicionar, es vengarse, es ajustar cuentas, y para eso no se pide permiso. Ahora, con los años yo me he dado cuenta de que a la larga todos quedan contentos. La mayoría de la gente tiene un alto grado de narcisismo y ganas de trascender, y los libros son aquello que más trasciende. Sin ir más lejos, mira lo bien que la ido a la Tía Julia.

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En todos los libros que he hecho no investigo tanto, pero veo qué libros parecidos al mío hay, para no tratar de enmendarlos, de hacer un remedo, para ver cuál es la competencia, a quien le voy a pisar los pies o tratar se superar o igualar. O cómo lo hicieron.

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Siempre he dicho que si hay una fiesta, como la que hubo en el Hay, en el monasterio, mis personajes se encontrarían entre ellos. Y se irían a otra parte. Pero que está buena la fiesta. Sí, pero hay mucho escritor, mucho limeño, mejor vámonos a otra parte. Mis personajes se van a reconocer, tienen como un ADN parecido. Eso me gustaría, esa es mi apuesta. A lo mejor mis libros no son tan buenos pero yo creo que mis personajes son mejores. Creo que escribo novelas de personajes, más que historias. Mis personajes me caen bien y yo estaría en una fiesta con ellos.

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Siempre he pensado que si me pidieran publicar mis obras completas yo les cambiaría todos los títulos. Les pondría “Alex” o “Matías” o “Antonio”. Me gustaría algún día publicar un libro con el nombre del personaje, como “Adán Buenosaires”. A veces estoy comprando algo y escucho un buen nombre, y yo pregunto ¿Puedo usar tu nombre?

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En general, pienso que no hay que destrozarse, no hay que sufrir tanto escribiendo. Solo es un libro. Y los que son mejores son los que salen sin tanto trabajo. Generalmente hay que esperar escribirlos cuando corresponde. Lo que sí me es más difícil son las columnas, tienes que escribir para mañana sobre el estado de América Latina. Eso es algo que destroza.

Algo que aprendí de los músicos es que las canciones generalmente salen en la noche. Los libros no salen en la noche, pero las primeras frases, los personajes, los nombres de los personajes, cómo se visten, cómo huelen, qué música escuchan, cómo están decoradas sus casas, cosas que para mí son muy importantes, son cosas que en el día ya están hechas, no demoran tanto.

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Para escribir un guion primero tiene que haber una imagen, creo que esto se lo oí a Sidney Lumet. Una imagen, aunque sea mala. Uno tiene que creer que es perfecta. Mañana puede terminar como un afiche, una foto en un diario. En ella está relativamente todo resumido.

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Un escritor tiene que tomarse todas las libertades, siempre. Yo no entiendo a aquellos que me dice yo no puedo escribir como tú porque malogro mi carrera. Y generalmente es gente que no tiene carrera. Gente que debería irse a trabajar a una farmacia. Yo no me siento experimental, aunque no lo crean. Yo tengo que entretener, y parte de ello es tener un lazo con el tema, sentir que me estoy exponiendo, que estoy corriendo un riesgo, pero no un riesgo con la academia, con la prensa o con los libreros, sino con gente que no conozco, que sé que se van a enojar. Uno no escribe para que te quieran, uno escribe para que lo odien. La idea de que te quieran me parece genial, que pero no se escribe para andar conquistando personas. Hay otras formas de conquistar, y ahora más con las redes sociales.  Mi idea de experimentar es entretener, innovar, no volver a escribir la novela anterior. No soy un escritor experimental, soy de lo más básico que existe. Pero cada libro debe tener algún truquillo para que entretenga.

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