Tito Cáceres: “Todo Blues”

“Eso quizás me llevó a escribir este libro”.

 

UNO

Había detrás del Mercado San Camilo una vieja casona de muchas habitaciones en cada una de las cuales vivía una familia. Se llamaba la Casa Rosada, por el pintado característico de sus paredes. Lugar de obreros y vendedores del mercado, depósito de mercaderías y refugio de desempleados cuyos niños jugaban alegremente por entre los puestos de ventas de Alto de la Luna y Víctor Lira. Allí nació y vivió su primera infancia Tito Cáceres Cuadros, el mismo que décadas más tarde se convertiría en uno de los investigadores más distinguidos de la Literatura arequipeña, importante catedrático y hombre de teatro.

“Mi padre era obrero del Ferrocarril del Sur. Un hombre serio y muy trabajador, pero sobre todo un sindicalista con mucha voluntad de ayuda y gran coraje”, me dice. ¿De allí te viene lo izquierdista?, le pregunto. “Seguramente”, responde con notorio orgullo. “Lo veía reunirse en mi casa con otros trabajadores, ferroviarios y obreros de construcción civil. Hasta que se quedó sin trabajo, pero no renunció nunca a su militancia”. Por esos años Tito iba al colegio, allí cerca. Recuerda que: “Un día mi profesor Corzo Masías me pidió que recitara un poema. Mi madre me enseñó a memorizar versos y en cada reunión me hacía salir adelante. De modo que le recité al profesor un poema larguísimo, y quedó impresionado, porque al día siguiente me regaló un libro, “La Ilíada”. Yo era ya un buen lector, leía las revistas argentinas de la época y algunos libros que me prestaban mis amigos. Todo lo que caía en mis manos”.

 

DOS

“Una memoria impresionante” —dicen sus alumnos de Literatura en la Universidad Nacional de San Agustín—, llena la clase con nombres, fechas, anécdotas, pasajes de libros; sin papel, de memoria”. Les he pedido que me hablen de él. Aunque ha sido mi profesor y ahora es mi colega, me gusta oír lo que los estudiantes opinan de sus profesores. (“Si algunos profesores escucharan lo que se dice de ellos en los pasillos, no serían tan malas personas”, me dijo una vez una alumna en secreto).

“Es de los pocos profesores que han publicado libros propios de todo lo que nos enseña”, dice otro joven.

En efecto, la lista de sus obras es copiosa: “Tema y estilo en El rayo que no cesa, de Miguel Hernández”, “Indigenismo y estructuralismo en la obra de López Albujar, “Las cosas no son lo que eran antes”, cuentos, “Poetas de Arequipa, los clásicos”, “Ensayos sociocríticos sobre la Literatura Peruana”, “Sonidos y formas. Ensayos de Metodología Literaria”, “Antología de la poesía arequipeña” en dos tomos, “Análisis de textos literarios”, “Filosofía, lingüística y literatura marxista”, son solo unos cuanto títulos entre lo mucho que ha publicado.

 

TRES

“No eres persona de muchos amigos, ¿verdad?”, le pregunto, “Se dice que en tu juventud solo has tenido un amigo, Carlos De la Riva”.

“De la Riva fue el primero que entendió mi modo de pensar, mi maestro y más tarde mi gran amigo. Él me llevó a la ANEA. Le debo mucho, a pesar de que era una persona bastante conflictiva, que se ganaba muchos enemigos quizás por su carácter que era muy fuerte, muy crítico”.

El propio Tito Cáceres tenía un temperamento muy fuerte, muy crítico en sus años mozos. Ha cambiado con el tiempo, cuando lo conocí no permitía que nada que no fuera de izquierda asomara por la Facultad. “Pero al mismo tiempo eras un amante del jazz, música yanqui. ¿No te criticaban tus camaradas?”, le pregunto. “Sí pues, me decían eres un alienado, que era la palabra de moda. Pero qué iba a hacer, desde que fui a Francia y vi tocar a los grandes del jazz me gustó esa música, y siempre que viajaba por mis estudios iba a los cafés donde se presentaban. He tenido un programa de jazz en la radio, y colecciono discos, películas y cuadros sobre músicos de jazz”.

Su colección es impresionante. También colecciona pintura de artistas arequipeños y quienes han visto el informe audiovisual sobre su Biblioteca personal habrán comprobado que se trata de una envidiable colección de libros que seguramente pasa de los diez millares.

 

CUATRO

“La primera vez que oí la palabra “jazz” creí que era una mala palabra. Cerca de mi casa vivía un pianista joven, que a veces me invitaba a verlo ensayar e incluso me quiso dar algunas clases. Me hacía ensayar escalas, “pero solo toca las teclas blancas, subes y bajas” me decía. Yo practicaba. Un día se me ocurrió tocar también las teclas negras y me pareció que sonaba mejor. Pero justo en ese momento entraba a la casa el profesor de piano, y al escuchar la música gritó muy enojado, ¡qué es esto, ¿un burdel?, en esta casa no se toca jazz!”

El auditorio largó la carcajada. Era la noche de la presentación de “Todo blues”, de Tito Cáceres.

“Después con mi hermano quisimos aprender a tocar clarinete, saxofón, trompeta, algo para hacer jazz, porque nos enteramos que la mayoría de grandes jazzistas eran autodidactas. Pero más tarde me di cuenta con pena que estaba negado para la música. Eso quizás me llevó a escribir este libro”.

 

CINCO

¿Cómo llegué a ser amigo de Tito Cáceres? Fácil, cuando entré como profesor de Literatura me dije, dos personas que aman tanto la literatura no poder ser rivales, y a pesar de sus resistencias iniciales, a la larga hemos madurado una buena amistad. Eso creo.

 

SEIS

Presentación de su último libro:

“Pocos conocen la vena creativa de Tito Cáceres, pero ¿a quién que trate con las letras no le anima un poco el anhelo de intentar con la creación? En el fondo de cada profesor de literatura y de muchos abogados hay un poeta o un narrador oculto.

La primera versión de “Todo blues” que conozco data de 1996. Traía solo tres cuentos, tomados directamente del mundo del jazz. Hoy ha añadido a la segunda edición nuevos relatos para redondear una obra de mayor aspiración.

Esta edición de “Todo blues” (Texao Editores, 2016) contiene diez historias en las que nuestro autor sintetiza tres de sus pasiones: el jazz, la lucha social y la literatura. Desde el título se advierte la columna que unifica el libro: blues. Cuentos de pie forzado que hallan su inspiración en el seno de esa cultura de afro descendientes llamada jazz.

Así, el libro abre con “Billie’s Blues” y “Todos los días tengo los blues”, y cierra con “Nacimiento de los blues” y “Elegía en blues”, cuatro historias del mundo del jazz. En medio se interpolan unos relatos que lateralmente aluden a esa música y la toman de bajo constante; estos nuevos cuentos están ambientados no en Estados Unidos como los anteriores, sino en nuestro país, con temas como la guerra interna (“Blues del Ande”) y un conflicto amoroso interior (“Preludio y blues”).

Profundo conocedor de la historia del jazz, el autor emplea sus archivos bien documentados para saquear los datos históricos, los nombres y las formaciones, los discos y sus fechas de lanzamiento, los relatos ocultos o sabidos a medias. Su narrador, sea omnisciente o personaje, tiene una cultura de jazz enciclopédica, como la mayoría de melómanos respetables. Demora la acción con referencias cruzadas en una trama que entreteje nombres y títulos, de modo que las escenas resultan cargadas de historia y trascendencia.

Hay un tema de fondo en estos cuatro cuentos, que se expresa bien en uno de los epígrafes: “La gente creativa, ¿tiene que ser tan infeliz?” (Maynard Ferguson). Los suyos son cuentos que tienen la intriga de la degradación, relatos de héroes trágicos vistos bajo una luz de simpatía. Las drogas, el alcohol, la soledad parecen minar a los mejores músicos de jazz.

Del mismo modo, los relatos ambientados en nuestro medio, sean de conflictos externos o internos, también tienen un aire trágico, de insatisfacción y desencanto.

Hay dos textos que guardan relación con “Todo Blues”: “El perseguidor”, de Cortázar, y “Cortometraje” de Yuri Vásquez. El primero parece una de las fuentes formales del proyecto de Tito: la ficcionalización de un hecho histórico del jazz. El segundo parece una variante; los títulos y los temas de algunas piezas conocidas le sirvieron a Vásquez en su primer libro de cuentos como punto de partida. “Todo blues” se distingue de ambos por su barroquismo, su gusto por el detalle y la fidelidad con la fuente.

Una verdadera enciclopedia para el amante del jazz, me parece que esta colección de cuentos funciona mucho mejor con la música respectiva de fondo. De modo que conviene buscar los discos, armar un archivo mp3, preparar un trago, sentarse en un lugar cómodo y empezar la lectura de “Todo Blues””.

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