El vizconde demediado

Un genio oculto.

Según Le Monde, Lascano, alias Vizconde de Lascano Tegui, fue un genio oculto de la  literatura argentina.

Lascano, hijo de argentino y de madre oriental, nació en Concepción del Uruguay, provincia argentina de Entre Ríos en 1887 y creció en el porteño barrio de San Telmo.

Entre 1906 y 1910 fue traductor de la oficina internacional de correos, ocasión que le llevó a viajar al norte de África, Italia y Francia. En París, donde se instaló en 1914, fue mecánico dental durante los años de la Gran guerra, además de incursionar en la pintura y frecuentar a Apollinaire, Picasso y a Modigliani, además del círculo de Leopoldo Lugones, vinculado a la revista Martín Fierro.

Lascano había  editado en 1910 el poemario “A la sombra de la Empusa” y al año siguiente otro, titulado “Blanco” y firmado como Rubén Darío hijo, para rebatir a sus detractores: “Me decían como una afrenta y desenvueltamente que yo no sabía lo que era poesía y mucho menos hacer versos. Lo que se llama crítica quería nivelarme, vulgarizarme hasta hacer de mí un adocenado más. Para darle satisfacción escribí dentro del silencio del Jardín Botánico un libro”.

También en 1911 publica en Buenos Aires “Álbum de familia” y otro volumen titulado “El libro celeste”.

Sus artículos, en diversas publicaciones, se editaron reunidos bajo el título de “Mis queridas se murieron”.

En 1923, el ya inclasificable autor empezó a trabajar en el cuerpo diplomático argentino, desempeñándose como cónsul en diversas ciudades francesas.

Su obra maestra, “De la elegancia mientras se duerme”, publicada por la parisina editorial Excelsior, fue escrita entre los años 1910-14. Narra, en forma de diario íntimo de un joven, con entradas aparentemente inconexas, la gestación de un crimen “Tuve horror de mí mismo y comencé desde ese día a olvidar mi figura y a cambiarla paulatinamente. Los libros contribuyeron en mucho a esa transformación”. El protagonista de la novela, de aires lautreamontianos, describe así a sus congéneres “esa sociedad triste de gente desencuadernada que no ha sabido conservar la elegancia de cuando era niño y de cuando el hombre, ese monstruo obeso, dormía”.

En 1936 se trasladó a Caracas, donde desarrolló su faceta de pintor muralista en el edificio del consulado. En 1940 viajó a Los Ángeles. En 1944 editó su último libro, el poemario “Muchacho de San Telmo”, donde recrea su infancia bonaerense. Al año siguiente se embarcó de regreso a su país y durante la travesía, se incendió su camarote, destruyéndose así la pieza teatral “La esposa de don Juan”, parte de su obra inédita. El autor fue también conservador de museo y cocinero y se dedicó a escribir crónicas culturales, costumbristas y patafísicas en “Patoruzú”, “Crítica”, “El mundo”, “El hogar”.

Siempre deploró el poco interés que despertaba su obra, pues pese a haber frecuentado círculos literarios relevantes, fue un marginal que no halló sitio ni encajaba en parte alguna “No tengo público grueso, ni fama, ni premio nacional, conozco a fondo la estrategia literaria y la desprecio. Me lastima la inocencia de mis contemporáneos y la respeto”.

Parte de su obra inédita, además de incendiarse, no se halló, ni se sabe con certeza de su existencia.

Ensalzando la vida campesina, el autor murió en su casa bonaerense de Palermo el 23 de abril de 1966, dejando un testamento hológrafo en el que mencionaba unos manuscritos archivados en un cuarto cerrado de un departamento en la calle Paraná, entre ellos, el ensayo “Vía Láctea de polillas”, “Cuando la plata era señorita” y “Mujeres detrás de un novio”. Dichas obras nunca fueron encontradas.

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