Tentación de la palabra

Presentación del libro de Efraín Kristal / Por: Willard Díaz

Hace siete años Efraín Kristal, el crítico más importante de la obra de Mario Vargas Losa, pasó por Arequipa y tuvimos ocasión de conversar con él, y de entrevistarlo para El Pueblo sobre los temas de su dominio. Ya entonces nos dio claves rápidas sobre una periodificación de la obra de nuestro Nobel que atendía por igual a las etapas de la deriva ideológica de Vargas Llosa y a sus usos de la técnica narrativa.

Efraín Kristal ya tenía publicada primero en español y de inmediato traducida al inglés su obra cumbre, “Temptation of the Word: the novels of Mario Vargas Llosa” (1998), que casi unánimemente fue reconocida como el trabajo totalizador mejor investigado y más exhaustivo publicado en el mundo anglosajón sobre las novelas de Vargas Llosa.

Desde esa época hasta la fecha, veinte años después, Vargas Llosa ha publicado varias novelas más, y ahora Kristal rehace su libro original y lo traduce al español añadiendo como corresponde un nuevo período en el corpus. De modo que la segunda edición de “Tentación de la palabra” presentada ahora en Arequipa es una visión total de la prosa narrativa del Nobel arequipeño.

En la Introducción de “Tentación de la palabra” Efraín Kristal sintetiza así la estructura de su libro:

“El estudio del conjunto de las novelas de Vargas Llosa permite identificar los distintos momentos de su trayectoria como novelista; y en cada uno de estos, examinar cambios importantes en sus contenidos y procedimientos literarios, que se corresponden con las vicisitudes de sus convicciones políticas y sus ideas sobre la relación entre la literatura y la vida”.

Kristal se ha formado en la academia norteamericana, pero ha tenido también estudios especializados en Europa, donde ha sido discípulo de los postestruralistas Michel Foucault y Jacques Derrida, entre otros; de allí la amplitud de su mirada sobre la literatura latinoamerica y en especial sobre la obra de Vargas Llosa en la que es especialista.

A ello hay que añadir esa inmensa ventaja que trae la inmersión de Kristal en la Biblioteca Firestone, de la Universidad de Princeton en la que ha sido profesor visitante. Esa Biblioteca contiene el fondo de manuscritos de Mario Vargas Llosa más importante del mundo, como sabemos desde la visita de Rubén Gallo a nuestra ciudad en 2017.

Trabajando con una inmensidad de fuentes, textos de Vargas Llosa y sobre Vargas Llosa escritos hasta hoy, leyendo con minuciosa atención sus novelas, sus cuentos, sus artículos, sus cartas personales, sus entrevistas, sus columnas de opinión, la crítica que sobre él se ha publicado, las monografías y los artículos especializados, Efraín Kristal no se ha perdido en el vasto mar de lecturas sino que las ha sintetizado con una claridad meridiana y ha extraído del corpus dos simples propuestas y una clasificación que les corresponde. Qué capacidad de síntesis y qué audacia de académico.

Conjugando la sociología de la literatura y la epistemología contemporánea, la narratología y el posestructuralismo con el estudio de fuentes y la biografía Kristal nos ofrece una obra inteligente, escrita además con una gran claridad y precisión.

A diferencia de la mayoría de libros académicos de la última época que se enfrascan en un lenguaje complicado, a veces críptico, elitista en todo caso, “Tentación de la palabra” lo puede leer casi cualquiera que esté interesado en comprender mejor la obra de Vargas Llosa, basta con ser un lector curioso y apasionado. Lo que no significa ni mucho menos que se trate de un libro ligero o superficial. Queda dicho que nada de lo que hemos leído antes sobre las novelas de Vargas Llosa tiene este alcance y profundidad, solo que esa riqueza está puesta al alcance del lector común con una generosa claridad que agrademos.

Vayamos ahora al contenido de este libro.

Como he dicho, el trabajo está vertebrado sobre dos ideas: que hay una relación esencial entre la ideología de Vargas Llosa y sus ficciones, idea que se anuncia desde el subtítulo: “Arte literario y convicción política”.

Por supuesto que en cualquier obra literaria se puede hacer esta relación; la conjunción “y” es aquí la peligrosa. No se trata simplemente de poner lado a lado Literatura y Política, sino de hallar entre ellas una relación significativa aceptable. Se ha dicho que el arte es un reflejo de la realidad, que no lo es, que hay una relación necesaria causal entra ambas y que la literatura es un mundo posible pero no es este mundo; que hay ambas son discurso y nada más¸en fin, hay muchas propuestas sobre la relación señalada. La que parece subyacer a la visión de Efraín Kristal es la visión estructuralista que concibe a la obra como una totalidad articulada por sus elementos formales, entre los cuales que incluye a la historia narrada; pero el suyo es un estructuralismo genético, a la manera de Lucien Goldmann y Jacques Leenhardt, que inserta la estructura de la obra en la estructura del pensamiento del autor, y esta entre estructura de la totalidad de sus obras y esta en la de su contexto social, económico y político, y esta en un sistema de mecanismos de poder y dominación, etc. Que es el fundamento de lo que hoy se conoce como Estudios Culturales.

No se trata pues de una relación causal y refleja, como aquella de la Sociología de la literatura de la académica arequipeña, sino de un entramado dialéctico complejo que va y viene de un nivel a otro de significación para buscar el secreto de la magia de la creación concreta de una novela al mismo tiempo que las condiciones de producción y de consumo que le otorgan un significado social e histórico. Tremendo trabajo.

Se dirá que en caso de Vargas Llosa eso es fácil, pues se trata de un escritor realista cuya visión de la novela como compromiso con la realidad se presta para aplicarle ese método sencillo de análisis, pero eso tampoco es cierto. Numerosos han fracasado en el intento. Aquí nos rinde lo evidente, que no necesariamente es lo verdadero. Se trata de ir más allá, y Kristal lo hace procurando una explicación no de lo inmediato sino de lo oculto tras la superficie, y se ve en cada uno de sus análisis de las novelas, los cuales los lectores tendrán ocasión ahora de conocer.

La otra idea central de “Tentación de la palabra”, desde mi perspectiva, es la vinculación intrínseca entre los recursos técnicos que manejaba Vargas Llosa en cada etapa de su carrera de escritor y las historias por él ideadas en ese período.

A cada grupo de novelas le corresponde una cierta técnica literaria, la que se presta justamente para enfatizar los rasgos ideológicos que sostiene Vargas Llosa en aquellos años. Cuando cambia el período, la técnica cambia; sostiene Kristal.

Bajo estas premisas nos propone el autor una periodificación de las novelas de Vargas Llosa que ahora sí resulta aceptable y respetable.

Nos dice que esa inmensa obra pasa por tres períodos: uno primero cuyo fundamento son las convicciones socialistas del autor entre 1959 y 1969, que incluye a “Los jefes”, “Los cachorros”, “La ciudad y los perros” y “Conversación en La Catedral”. Viene un breve momento de transición marcado por “La tía Julia y el Escribidor” y “Pantaleón y las visitadoras” que dará paso al segundo período, la primera etapa liberal de los años 90 de Vargas Llosa, bajo la admonición de Berlin, Revel y Popper, que incluye a “La guerra del fin del mundo”; viene luego un nuevo momento de transición con “¿Quién mató a Palomino Molero?” y “Los cuadernos de don Rigoberto”. Efraín Kristal nos lo explica así:

“En su época socialista las novelas de Vargas Llosa presentaban un mundo en el que cualquier individuo era susceptible a la violencia de un medio social profundamente corrupto, mientras que en su primera época liberal la convivencia social se veía amenazada por el fanatismo de personajes que recurren a la violencia en nombre de sus ideales. No obstante, subyace en ambos momentos una certeza: el desencuentro entre los deseos del ser humano y su capacidad para realizarlos, pero con implicaciones encontradas, ya que en su época socialista la insatisfacción del individuo era indicio de una sociedad inaceptable, mientras que en su primera época liberal la insatisfacción era un elemento congénito a la experiencia humana, que podía desatar la violencia de los fanáticos o bien podía amortiguarse con las compensaciones del arte o del erotismo, como en Elogio de la madrastra (1988). Esto último empieza a cambiar, primero con la publicación de Lituma en los Andes (1993) y luego con Los cuadernos de don Rigoberto (1997). En estas novelas surge una nueva propuesta: el erotismo y el arte no son compensación suficiente para las propensiones más oscuras del ser humano, como lo habían sido en las novelas de la década de los años ochenta”.

El tercer período corresponde a la última etapa, las obras del siglo XXI como “El paraíso en la otra esquina”, “Travesuras de la niña mal” y “El sueño del celta”. Según Kristal, “en este tercer momento su liberalismo ahonda en una actitud más pluralista y conciliatoria, en defensa de la sociedad del derecho. Y, al igual que con los dos momentos anteriores, surgieron nuevos contenidos literarios y un procedimiento narrativo —correspondiente con la evolución de sus ideas políticas después de que renunciara a la política activa— que perfecciona en Travesuras de la niña mala”.

En fin, hay muchísimo para pensar en este libro rico y erudito, realmente estimulante a fin de estudiar, analizar y comprender la obra novelística de Mario Vargas Llosa, y para valorarla en su justa medida.

No crea por esto que Kristal ha escrito un libro encomiástico solamente. Como buen investigador, toma distancia de su objeto de estudio y revela sus claros y sus oscuros, sus logros y sus limitaciones, sus contradicciones internas y su valor estético, social e histórico. De allí su importancia.

No queda sino recomendar la lectura atenta de este libro, que para todo arequipeño debe ser una ayuda insustituible en la aproximación a las novelas de nuestro escritor insigne, Mario Vargas Llosa.

 

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