Contrateorías

Por: Willard Díaz

 Presentación de “Contrateorías” (Quimera Editores, 2018) en el Congreso Antonio Cornejo Polar.

 

Cuando apareció este libro en el ámbito académico de Arequipa despertó inmediatamente mi curiosidad. Aun antes de leerlo su título me pareció provocativo: “Contrateorías”. Y me hice cuatro preguntas:

  1. ¿Se trata de un grupo de teorías que están contra otras teorías?
  2. ¿Será una nueva teoría que se opone a todas las anteriores como un nuevo paradigma científico literario?
  3. ¿Tal vez se refiera a la crítica literaria como contraria a la teoría o las teorías literarias?
  4. En fin, ¿será un libro de epistemología literaria?

Cuando lo tuve en mis manos reparé en el subtítulo: “Ensayos de Crítica Literaria”; y la tercera de las cuestiones anteriores cobró relieve. Se trata, aparentemente, me dije, de confrontar a la crítica literaria, probablemente la de orientación sociológica, con la crítica estructural o la posmoderna. La lectura del prólogo me dio más pistas. En efecto, Carlos Caballero explica en un par de páginas cuál es su propósito con el libro: lo suyo es contra la crítica académica: “Actualmente —dice— la crítica académica ha devenido discurso cómplice del poder, saber institucionalizado confinado a reductos académicos y distante de los asuntos humanos: una crítica acrítica”. Y añade más: “La expansión de cierta posmodernidad concesiva con el capitalismo tardío aceleró el giro de la crítica hacia la esterilidad analítica: la suspensión del juicio, la negación de referentes o la abstención de un decir categórico”.

Por supuesto, el autor toma posición a favor de la llamada “crítica emancipadora”. Pues: “Ello implica resistir las políticas del conocimiento vigente en establecimientos académicos hegemónicos (grados, títulos, publicaciones, cátedras y becas) y emprender la tarea de rediseñar estas estructuras desde una militancia académico-política”.

Todo bien. Pero hasta aquí no aparece el asunto de la teoría literaria; se nos habla solo de la crítica literaria. La teoría no tiene un fin crítico o polémico o libertario, eso es rol de la crítica: el ejercicio de la interpretación y la valoración de obras concretas, tal como el mismo Carlos Arturo hace en las páginas interiores del libro con “Historia de Mayta”.

Debemos esperar hasta la segunda parte del libro que se llama justamente “Contrateorías”, para hallar referencias al problema epistemológico. Según Carlos Caballero las teorías de mediados del siglo XX y finales han perdido el lado polémico, cuestionador, crítico. Solo a partir de la deconstrucción, del análisis crítico del discurso y de la crítica poscolonial encontramos una nueva actitud interpretativa. Su libro, pues, trae a nuestra academia una modernización según las corrientes teóricas que se han forjado en Europa, Inglaterra y Estados Unidos en las últimas décadas. Nos dice: “En un contexto de repliegue de las humanidades y de avanzada técnico-científica aparentemente neutral ante la política, pero en realidad promovida por el neoliberalismo, la inmovilidad ya no puede ser un lugar seguro para la crítica. La hipótesis de la Contrateoría es que la teoría literaria requiere distanciarse del influjo de cierta posmodernidad que inhabilita el pensamiento crítico, lo cual ha convertido a la crítica en un cuerpo dócil ante el avance del capitalismo neoliberal —que viene utilizando la cultura (entendida en su acepción más amplia como un modo de habitar el mundo) como plataforma para legitimarse como un nuevo horizonte universal”.

En efecto, hay que reconocer que en gran parte la crítica nacional ha permanecido durante largo tiempo atada a los presupuestos estructuralistas y positivistas. Que el Análisis del Discurso, la corriente más crítica de fin de siglo XX, ha sido resistido en nuestra universidad. Si bien en el año 2000 se abrió la primera maestría en Análisis del Discurso en la UNSA, de inmediato se cerró, hasta hace dos años. Aunque que todavía hay profesores en esa maestría que se preguntan ante los alumnos “¿Para qué sirve pues el Análisis del discurso?”. Y se responden “Para nada”.

Los pocos trabajos de análisis de hechos culturales hechos en nuestra universidad desde una perspectiva crítica han pasado desapercibidos en tesis de pregrado y posgrado. Por eso me parece saludable el empuje que trae este libro y su autor.

Solo estoy curioso por algo. El libro ha sido escrito desde fuera de la academia universitaria y contra ella. Ahora la situación ha cambiado, Caballero es ya parte de la Escuela de Literatura de la San Agustín y profesor de Teorías Literarias. Qué irá a pasar.

Para finalizar, quiero apuntar un par de ideas complementarias.

Una, la historia de las teorías literarias del último siglo ha seguido una secuencia lógica que resultó del cambio de paradigma introducido por el formalismo ruso. Durante cincuenta años se luchó en términos teóricos por recuperar al texto como objeto de estudio, librarlo de los estudios de fuentes o los biográficos al uso. Una vez logrado ese objetivo, se pasó a recuperar al autor, con la psicocrítica; luego al lector, con las teorías de la recepción; y así llegamos a fin de siglo XX. La deconstrucción, la teoría crítica, el análisis crítico del discurso, la teoría poscolonial y otras corrientes resultantes del posestructuralismo están, como vemos, tratando de ampliar el horizonte hermenéutico de los estudios sobre la literartura.

Me parece que lo que hemos visto es el desarrollo de un paradigma de investigación que ha pasado por etapas necesarias y no contradictorias. No creo que haya una ruptura epistemológica todavía, a pesar de lo encendido del debate, en este libro, por ejemplo. El propio Carlos Arturo Caballero echa mano de la narratología, el análisis formal, la psicocrítica y otras teorías para hacer sus trabajos en este libro. No es que las desprecie o tema infectarse por ellas. La Contrateoría no sería sino una teoría más, en ese sentido.

Debemos anotar que en el rápido avance de los estudios literarios ya hay nuevas teorías tocando a la puerta: la poética cognitiva, la narratología posclásica, la teoría de los juegos, las nuevas lingüísticas poéticas y de la lectura, etc. Con todo este bagaje el trabajo hermenéutico, en mi opinión, sería mejor cuanto más amplio sea.

Y, segunda idea, que me viene de una lectura literaria última, en la novela “La ciudad blanca”, de una invitada al Hay Festival de este año, Karolina Rakqvist se lee: “Puede que no tengamos los hijos que nos merecemos, sino los hijos que podemos sobrellevar”. Lo que quiero decir es que la construcción del conocimiento está sujeta aquí y en todas partes a una serie de condiciones sociales, económicas, políticas e institucionales que son limitantes o propicias. El desarrollo de la academia en Arequipa ha sido y es un desarrollo lento y lleno de obstáculos, como bien podrá atestiguar ahora desde dentro el autor de “Contrateorías”.

El propósito político que trasunta de sus páginas va a encontrarse sin duda con otros propósitos o con otras prácticas. A Carlos Arturo Caballero le espera una larga lucha.

Deja un comentario