El estado de la cuestión

Por: Bernabé De Oliveira

Los estudiantes de Literatura de la UNSA iniciamos una ronda de entrevistas a escritores y profesores de Literatura locales. Aquí la realizada a Willard Díaz.

 

Profesor Willard, desde su punto de vista, ¿a qué debemos considerar cuento hoy en día?

A lo mismo que hace miles de años, a cualquier narración breve, sea un chisme, un chiste, una anécdota, una noticia. El cuento literario es lo mismo, más la ficción. Todo lo que podemos decir de un cuento literario es eso: relato breve ficticio.

Cuando Gutenberg inventa la imprenta, en 1440, el mundo cambia bastante, y uno de los efectos colaterales de ese gran cambio fue la edición de libros de cuentos, colecciones tomadas de las tradiciones asiáticas y europeas, como Las mil y una noches, el Panchatantra, Calila y Dimna, los Cuentos de Canterbury, el Decamerón y otras.

El primero que escribe cuentos propios, no recopilados, es nuestro Cervantes, 1613. En la presentación de sus “Novelas ejemplares”, que eran cuentos, dice “son mías propias, no imitadas ni hurtadas; mi ingenio las engendró, y las parió mi pluma, y van creciendo en los brazos de la imprenta”.

¿400 años? Eso es todo. El cuento literario todavía es joven. Y más joven aun el que llamamos Cuento moderno. Nace con Poe, 1840.

Desde Poe hasta hoy han aparecido tantas variedades de cuentos que cualquier definición solo puede repetir lo evidente, lo que ya dije: relato breve en ficción. Si queremos ponernos académicos añadiremos un narrador y un nudo. Es todo. Claro, parece poco, pero es bastante.

¿Qué rol juegan la técnica y la “inspiración” en la literatura?

Hablemos primero de la “inspiración”. La idea de la inspiración, dice Steiner, nos viene del “Timeo”, de Platón. Es la idea que el artista es un solo un médium, alguien que sintoniza la frecuencia de la radio de los dioses.

La creatividad es otra cosa. Definitivamente, es algo solo en parte racional o intelectual o lógico. Diré solo que requiere un poco de talento y mucho trabajo. Mucha curiosidad por conocer a fondo el mundo y las palabras.

La creación pasa por tres momentos: el primero es puramente inconsciente: algo molesta, duele, avergüenza, amenaza de modo constante, se repite y se presenta ante ti en modo imagen. El segundo consiste en darle a esa imagen la forma de un relato; y el tercero, el más difícil y laborioso, pesado y triste, es el pulido de esa forma, la parte que se suele llamar la “técnica”. Muchos, yo incluso, piensan que ese último momento es el puramente literario. La mayoría tira la toalla al llegar a este punto y entrega textos sucios, desprolijos, inconclusos. Las páginas de hoy están plagadas de ese material apresurado.

¿A qué llama talento?

Una escritora norteamericana, Flannery O´Connor, hablando frente a estudiantes de literatura en un taller les dijo que ella creía que todos tienen una capacidad innata para contar cuentos. Pero que cuando recibió los cuentos de siete jóvenes que le pidieron una opinión, tras leerlos podría admitir “no que el cuento sea uno de los géneros más difíciles, pero sí que resulta más difícil para unos que para otros”. Y es más: respecto al don que llamamos aquí talento, “Si uno lo posee desde el vamos, podrá desarrollarlo; pero si carece de él, mejor será que se dedique a otra cosa”.

No sabemos qué es ese don; como el Tiempo, no podemos definirlo pero sabemos que existe. Lo cual es quizás una forma de definirlo. Decir, “eso que está ahí”.

Desde hace veinte años o un poco más hay muchísima gente que escribe cuentos sin tener talento. Los publican. No está mal, ellos y sus amigos lectores forman lo que José Ruiz Rosas llamó alguna vez el campo de “los entusiastas de la literatura”. Sin esos entusiastas no llegaríamos muy lejos. Pero un buen escritor, de talento, sale cada dos o tres décadas.

¿Qué autores arequipeños actuales de cuentos prometen un futuro literario?

Eso siempre es más fácil de preguntar que de responder. Las predicciones son cosa de las ciencias, y uno en literatura y arte corre peligro si suelta la lengua acerca del futuro.

Pero por decirle algo, diré que si uno saca eso que los hípicos llaman “línea de carrera”, el grueso de la nómina actual me temo que no va a llegar a la meta. Estoy hablando de Arequipa, claro. Quizás podría decir lo mismo de Lima.

Lo que sí puedo hacer es hablarle de los escritores que me gustan. En esencia es solo uno, si me limito a los últimos veinte años para que haya futuro posible: Yero Chuquicaña. Posee aquello que se llama “un mundo” del cual hablarnos, y una buena dosis de talento, tiene ojo para el lenguaje y se cuida mucho con la técnica. Que haya ganado el Premio Nacional de Literatura no debe hacernos olvidar que lo ganó en Literatura Juvenil e Infantil. Espero lo mejor de él como escritor maduro. Hasta ahora no encuentro un cuento suyo que yo pueda repetir de memoria, algo inolvidable, salvo los ambientes.

Sí hay escritores de un cuento o dos. Rosa Núñez, Percy Prado, César Sánchez y un par más escribieron algo bueno y lo dejaron. Esos cuentos están ahí, ya nadie los mueve. Pero alguien con futuro de cuentista, solo Gero, si persiste.

¿Qué obras literarias, artísticas, influenciaron o cambiaron su forma de concebir la práctica literaria?

Los que admiro y me hubiera gustado escribir algo de lo suyo han sido tres: Joseph Conrad, Ernest Hemigway y Tobias Wolff.

¿Qué libros recomienda usted leer?

Cada escritor debe hallar su estrato, los libros con los que hace eco. Aunque eso toma mucha mucha lectura.

Lo que recomiendo, lo único, es que quien desee ser escritor lea una buena biblioteca de Ciencias Sociales, de Historia, de Filosofía. Es la única medicina que se me ocurre contra la superficialidad que está destruyendo al arte de hoy. El espacio cultural e histórico dentro del cual se mueven los nuevos narradores es muy chico, cinco o diez años, los libros de su promoción o la historia de su barrio. La dimensión humana se pierde, a nadie le importa la Humanidad y menos las Humanidades, eso es de cosa viejos. Pero esta actitud posmo es solo efecto del mercado, del imperio de las modas y de las empresas culturales; aunque los habitúes se la crean.

¿Cuál es el posible futuro de los escritores en esta sociedad considerada, por muchos, como posmoderna?

Creo que la posmodernidad es un error en la historia del hombre, hay que esperar que pase y se olvide, o que nos entregue algo realmente rescatable. Como dice Alain Badiou, el arte contemporáneo se ha dedicado a desmontar todos los supuestos del arte moderno, es un arte “en negativo”. Si pudiera darnos una versión positiva junto a un futuro humanamente posible, sería magnífico.

¿Qué opina acerca de la inclusión, como género literario, de las letras de música popular por parte de la Academia Sueca o el Premio Camões?

Estuve en desacuerdo con el Nobel a Bob Dylan. Después se supo que hubo chanchullo y cerraron el concurso. Mis razones son extensas, complejas y aburridas. No quiero molestarlos.

¿Cuál es su opinión acerca del estado actual de la crítica?

Hay dos instancias de la crítica, la académica y la no-académica, por así decirlo. La académica corre a cargo de la Universidad Nacional de San Agustín, y por alguna razón, no arranca. Salvo los trabajos de Tito Cáceres y algunas tesis que lamentablemente no abandonan los estantes de nuestra biblioteca, no hemos hecho estudios de la Literatura regional, monografías de autor, bibliografías, periodizaciones, historias de nuestra literatura; casi todo lo que se investiga es nacional o internacional, o va sobre temas colaterales a la literatura de ficción. El otro problema, quizás el más grave, es que todavía estamos en un período ingenuo de lecturas, seguimos siendo “realistas”, o “social-realistas”.

Es penosa esa indiferencia, porque de lo académico depende la institucionalidad de nuestra literatura arequipeña.

El otro campo, fuera de la academia, cubre todo lo escrito en diarios, revistas, redes sociales y otros medios no institucionalizados. Aquí abunda la crítica, pero es de bajo nivel intelectual. Si bien hay incluso catedráticos que escriben en ese ámbito, pero será por la naturaleza del medio o por falta de medios, que dicen generalidades, oscuras e impresionistas, divagan con estilo de poeta más que con argumentos.

Hay dos problemas adicionales, por el lado de la recepción. De una parte, el narcisismo de los escritores está hoy híper desarrollado. Las presentaciones de libros son el formato del puro besamanos, lo mismo que los artículos periodísticos. El último a quien oí aventurar una crítica señalando los lados débiles del libro presentado fue Goyo Torres. Hace unos diez años.

De otra parte, la posmodernidad hace inútil la crítica, ahora todo vale.

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