Cordero según Curasi

Por: Freddy Chambi

Mario Curasi es considerado por la crítica como uno de los mejores pintores del país. Cusqueño de nacimiento, egresado de la Escuela Diego Quispe Tito y ganador de distinciones en varias Bienales de Arte Contemporáneo.

En esta entrevista da cuenta de su amistad con otro notable artista contemporáneo, el arequipeño Miguel Cordero, últimamente invitado a Bienales de nivel internacional. Dos ciudades se hermanan a través de este lazo en el arte y la amistad.

 

Freddy Chambi. ¿Cómo conoció al Miguel Cordero?

Mario Curasi. Exactamente, no sé cuándo, pero creo que lo conocí en las Bienales de Lima, donde provincias tuvo más presencia. Probablemente tuve primero contacto con sus obras, recuerdo haber visto “Un pollo”, pollo (repite) crudo, con una banda presidencial; yo me dije, ¿de quién será?, ¿qué estaba haciendo un arte tan irreverente en una Bienal? Y, bueno, yo siempre tengo un propósito político. Entonces me pareció interesante, pero luego conocí al autor en persona, nos vimos en varios sitios, uno de los que más recuerdo debe de haber sido en el Museo de Arte Contemporáneo, del Cusco.

Pero ya tenía referencias de él; porque yo tenía una hermana que trabajaba en la ferretería de Máximo E. Velásquez, y me ella decía que había hecho amistad con una persona que parecía artista, que vive en el segundo piso y que era un tipazo, y entonces al reconocernos en el museo le dije: “Y usted es… ¿Miguelón?, ¡Ah!, yo soy hermano de Gladys”; y entonces a partir de ahí tuvimos un acercamiento directo y nos volvimos a ver en varias muestras en algunos museos en Lima, como por ejemplo la casona de San Marcos.

Más tarde, en varios momentos nos hemos cruzado y también he tenido la suerte de toparme con Miguelón aquí en Cusco.

Un tipo muy generoso.

A partir de estas experiencias he seguido su obra irreverente en todo sentido de la palabra, en concursos de carácter, digamos, “plástico”.

Una vez se había equivocado de concurso, por ejemplo, jajajaja (ríe). Me parece genial una acuarela, jajajaja (ríe). Entonces, he seguido su obra y a partir de ahí hemos creado una amistad porque tenemos amigos en común.

¿En qué año aproximadamente lo conoció, y qué situación social había en Cusco?

Bueno creo que estamos hablando de los años 90’. Cusco salía de las épocas de la violencia y había grandes eventos, un tiempo y un contexto político muy fuerte. Avizoramos las muertes, por ejemplo, de los partidos de izquierda, y probablemente empieza allí la ebullición del turismo en la ciudad.

¿Qué sabe usted de la biografía de Miguel Cordero?

Bueno, las referencias básicas. Sé que es arequipeño y de la familia de los Velázquez, una familia muy arraigada en Arequipa que ha tenido muchas ferreterías a lo largo del sur del país. Pero veo con sorpresa que es una familia muy numerosa, muy relacionada al arte. Conozco gente que ciertamente está asociada a esa familia; no sé si son propietarios del Hotel Royal Cusco, por ejemplo, del Hotel Ruinas. Vi sus obras de arte ahí. Como que andan conectados ¿no?, veo que son de origen arequipeño, y se han dedicado al empresariado.

¿Qué piensa de la temática de Miguel Cordero?

Yo creo que saca sus temas de su autobiografía, porque cada vez te sorprende con una obra completamente diferente. No lo podrías establecer dentro de un solo concepto, no es conceptual ni es una instalación. Me parece que él trabaja con un elemento más importante que es “la tradición”, la he visto en muchas de sus obras; por ejemplo, hace trajes de alpaca para vestir alpacas, una cuestión contradictoria ¿no?, es casi como su versión del friaje; es una óptica única, irónica, fuerte. Cada vez que me invitan a hacer una charla intento presentar el “ Pchaqchaki”

¿En qué consiste esta obra?

Yo he tratado de establecer contacto para entender un poco su proceso creativo y explicarme realmente cuáles son sus intenciones. Desde mi óptica, yo avizoro que es un trabajo colectivo, como un rescate del comportamiento en las sociedades en los Andes, que es el “Ayni”.

De pronto a partir de un elemento que es el “Pchaqchaki” se van a tener que fusionar necesariamente toda una colectividad, crear una obra que interactúe en el espacio. Me ha parecido una obra con bastantes significaciones y más aún, que él tiene por organizar obras de esta naturaleza.

¿Sabe que alcance tuvo esta obra a nivel internacional, o regional?

Sí, tengo ciertos contactos con la prensa y con la crítica y ha sido considerada como una de las muestras más importantes, la comentó muy bien Lama en Caretas, y ha tenido un impacto en la comunidad intelectual, inclusive pensamos que podía ser uno de los convocados para la Bienal de Venecia. Ha tenido un impacto nacional, de hecho; a nivel internacional, no tengo ninguna referencia, pero habría sido importante que hubiera mostrado su obra como parte de nuestro quehacer artístico en Venecia, hubiese sido un buen representante, un excelente representante.

Con respecto a la técnica que Miguel Cordero usa, ¿qué sabe?

Bueno, en esa obra se había equivocado en un concurso que era de acuarela jajaja (ríe). Más allá de eso, ha estado trabajando con soportes orgánicos, si se podría decir, con el tejido. Con soportes que están circunscritos en el espacio de lo contemporáneo para lograr, digamos, una nueva compresión post-moderna, o rescatar algunos elementos de nuestra tradición, de nuestra identidad y darles una mirada actual.

Bueno quien hace la entrevista conoce un poco de la obra de Miguel Cordero, alguna vez vi en su Facebook me parece, que puso en su foto de perfil un título universitario de la escuela de psicología de la Universidad Católica de Arequipa. Desconozco si también era una obra, ¿quizá usted lo sepa?

No, yo me imagino que por ejemplo no es esquivo a ningún tipo de técnica, hace performance, hace todas las clases de arte contemporáneo que pueden haber, pero algunas obras están circunscritas ya en un nivel de una propuesta completamente original.

Ya no podemos pensar que sus trabajos sean típicos de corrientes o tengas sus limitaciones; no, él escapa, me parece que con mucha solvencia, a todos estos parámetros que se establecen dentro de la cultura. Él está yendo a un espacio que yo denominaría como una producción social del artista, está buscando, siento incluso hay veces con su sufrimiento. Como que él quisiera hacer algo más por estas sociedades con las que interactúa.

¿Conoce obras de sus obras?, ¿alguna que le impactó?

Yo he visto bastantes de sus obras, pero para serte sincero soy pésimo con nombres, con fechas. Ando de verdad perdido. No es una postura, soy así, mi memoria es muy frágil, yo veo más las situaciones. La que más me impactó realmente por la musicalidad, el archivo, el lugar donde se ha hecho, la gente con la que ha trabajado es la obra “Pachaqchaki”, esta intervención, performance, este “ayni” que ha ido trabajando con una comunidad me parece de Patacancha, de las alturas de Cusco.

Podría decirnos, ¿cree que será trascendente la obra de Miguel Cordero?

Bueno, si yo estuviera en posibilidad de hacer un evento grande, de hecho lo invitaría.

Yo estaba haciendo un encuentro sobre proceso creativo, y él estaba en la relación. Había una premura de tiempo por una parte, y por otra el hecho de que el texto tampoco no podía ser muy extenso. He hecho una convocatoria a varios artistas, entre ellos a Herbert Rodríguez, Milko Torres, Grisa Camargo y acá aun artista local joven para ver más o menos cómo es que se producen sus obras dentro del contexto y qué es lo que los mueve, dónde está su génesis. Creo que es muy importante auscultar esta parte para transmitirla a las nuevas generaciones.

Exposiciones de Miguel Cordero que pueda recordar maestro Mario Curasi.

Bueno, esa última por las referencias y la cobertura periodística que hizo me parece en el Centro Cultural Ricardo Palma en Miraflores donde justamente presentó parte de sus trabajos dentro de soportes de investigación completamente diferentes. Recuerdo haber visto unas piezas sobre “Agua bendita”, “Los trajes de las alpacas” y otras parecidas. Cosas así, sacadas de los cabellos pero con mucha imaginación.

Y para finalizar, algún encuentro que nos pueda contar.

Sí, recuerdo haber estado en la casona de San Marcos y haber conversado accidentalmente con él, pero que hablábamos como si fuéramos grandes amigos, como si nos conociéramos desde hace mucho tiempo y eso en lo personal me gustó.

También una vez estuve aquí en Cuzco en la calle Marqués, aquí en la puerta de la Escuela de Bellas Artes, muy temprano, no recuerdo exactamente qué hacía, probablemente estaría en un cargo de repente, me encontré aquí con él. “Oe… Migueloon, ¿cómo estás?”, igual, me abrazo y dijimos, “Ooohhh”, y él me dijo “¡Oooohhhh. José habla mucho de ti!”. Tenemos un amigo en común, José, que es un escultor que vive en México.

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