El silencio del héroe

Por: Percy Gerardo Prado

Desde su nombre, José Olaya está férreamente unido a la vida en el mar. El sonido de su primer apellido recuerda a las olas y su apellido materno, Balandra, significa pequeña embarcación. No podemos asegurar que nuestro héroe haya alguna vez maniobrado uno de esos veleros, pero sí se conoce el tipo de bote humilde con que navegó cientos de veces entre Chorrillos y el Callao. Pero él no solo fue un recio pescador, también fue un héroe de la patria.

En 1823, cuando la consolidación de la independencia del Perú peligraba, pues las tropas realistas habían vuelto a tomar Lima, José Olaya Balandra se convirtió en un valiente informante entre el ejército libertador y los oficiales patriotas que se encontraban sitiados en la fortaleza del Real Felipe en el Callao.

En el canastón en que vendía pescado, Olaya transportaba cartas ocultas con valiosa información para la causa libertaria. Sin embargo, su audaz misión fue interceptada una fría mañana de junio de aquel año. Le ofrecieron fortunas y cargos privilegiados para que revelara quiénes eran sus compañeros y cuáles sus planes.

Firme en su decisión de no delatar a nadie, fue castigado con 200 palazos y latigazos salvajes, fue colgado de los pulgares y golpeado. Luego, molido por los palos y las culatas de los fusiles del rey, recibió la visita de su madre. Creyeron los realistas que ver el inmenso dolor materno persuadiría al héroe a delatar a sus compatriotas. No fue así, José Olaya Balandra hizo de su silencio su mayor resistencia. Poco después, cerca de la Plaza de Armas de Lima, fue fusilado. Antes, con firmeza de carácter, dijo: “Si mil vidas tuviera, gustoso las daría por mi patria”.

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