Desiderio Blanco en Arequipa

Recuerdos, por Willard Díaz

Durante mis años de estudiante de Literatura en la Universidad el mundo era otro, no teníamos libros ni dónde comprarlos, no había fotocopiadoras, las bibliotecas eran muy pobres y desactualizadas, llevábamos cuadernos en los cuales anotábamos cada palabra que decía el profesor, los trabajos de investigación se escribían en unas pesadas y costosas máquinas. Los docentes preparaban sus cursos con unos pocos libros que conseguían generalmente en el extranjero y que ocultaban de nuestra vista cuidadosamente.

En medio de este desierto oscuro del conocimiento, en los años ochenta, de pronto salió el sol. La Universidad de Lima publicó un manual de Semiótica, la novísima ciencia del lenguaje que en esos años prometió darnos una teoría y una metodología rigurosamente científicas para guiar nuestros pasos de ciegos en el análisis e interpretación de las obras literarias, en prosa o en verso. “Metodología del Análisis Semiótico”, escrita a cuatro manos entre un profesor arequipeño con estudios en Francia, Raúl Bueno, y un profesor de la Universidad de Lima, el ex sacerdote Desiderio Blanco, fue nuestro estandarte de estudiantes. No era un libro difícil de conseguir, las ediciones se sucedían una tras otra y su formato rústico era relativamente barato. A Raúl Bueno lo conocíamos, fue nuestro profesor en la UNSA antes de irse a París, pero el nombre de Desiderio Blanco nos cegaba con su fama de lúcido crítico de cine y su rico y complejo lenguaje de Semiólogo.

Ya egresado de la carrera, solo en los años 2000 tuve la fortuna de conocerlo personalmente, en una reunión social en casa de Miguel Ángel Huamán, en Lima. De inmediato me cautivó la generosidad de su amistad abierta, de su trato igualitario sin las pretensiones de la altanería intelectual que suele distinguir a mis colegas limeños, dispuesto a dialogar largamente sobre los asuntos de la semiótica y la filosofía contemporánea, del cine y la televisión, mientras alternaba las anécdotas personales más sabrosas. Gran conversador, rápido y sutil en las ideas, pero siempre muy atento al diálogo. Al poco tiempo lo invitamos a un Congreso sobre Estudios de Lingüística y Literatura que organizó José Antonio Chávez en nuestra universidad y desde entonces nos encontrábamos con él en los congresos de Literatura que se sucedían en Lima. A partir de los noventa tradujo al castellano y procuró la edición por la U. de Lima de más de veinte libros de Semiótica fenomenológica, entre ellos las obras de Claude Zilberberg, Jacques Fontanille y Eric Landowski, algo que solo se ha hecho en Perú.

La última vez que nos vimos fue en un Congreso Universitario realizado en la San Marcos. Tuve el privilegio de ser su compañero de mesa inaugural y le dediqué mi ponencia, queriéndole mostrar primero la admiración que fuera de la capital nos despierta la sabiduría de su prosa, y el afecto que podía suscitar el don de su amistad generosa hacia personas que quizá apenas recordaba.

 

Desiderio Blanco fue un español nacionalizado peruano, que nació en la península europea en 1929. Llegó al Perú a los 27 años y aquí se quedó para siempre, desde 1967 adoptó definitivamente la nacionalidad peruana. En España, en León, había realizado estudios de Humanidades clásicas, en el Colegio de Padres Agustinos de Valencia de Don Juan; y luego hizo estudios de filosofía y teología en el Seminario Agustiniano en la ciudad de Valladolid. Cuando llegó a nuestro país obtuvo el grado de bachiller en Teología en lo que por entonces era la Facultad Pontifica y Civil de Teología de Lima.

Hizo luego estudios Educación en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, y partió de inmediato a Europa, donde tuvo la oportunidad insuperable de seguir estudios de Semiótica en la Escuela de Altos Estudios de París, bajo la dirección de A. J. Greimas, y de Christian Metz, nada menos.

Además de su vena teórica, a Desiderio Blanco lo animaba una pasión por dos artes: el cine y la poesía. Lector incansable y erudito de lo mejor del cine mundial, contribuyó a modernizar la crítica de cine con lenguaje riguroso y a la vez claro. Introdujo en este campo las teorías de la “puesta en escena” y de la “política de autores” que lanzó al mundo la célebre revista francesa “Cuadernos de Cine”. Muchos de sus discípulos fueron notables críticos y directores peruanos, varios de ellos vinculados a la revista “Hablemos de Cine”, legendaria en la bibliografía cinematográfica de América Latina. La pasión de Desiderio Blanco por el cine está expresada en su libro Imagen por imagen, de 1987. También ha publicado ensayos sobre semiótica en 1989, en el libro Claves semióticas. Fue el traductor de todos los tomos de esa extraordinaria colección de tratados de Semiótica publicados por la Universidad de Lima antes que en ningún otro país de América Latina.

En el campo de la poesía solo tardíamente dio a conocer su obra en un breve poemario titulado “Oh dulces prendas, poemas incidentales”, que salió en la revista Lienzo en agosto de 1999 y ha sido reeditado por la U. de Lima hace dos años. Raúl Bueno, en un estudio sobre este libro señala que tiene dos partes, una sobre la vida religiosa y célibe, con poemas de 1950 a 1955; y la segunda sobre la fruición de los sentidos y el cultivo del amor terreno, con poemas fechados entre 1965 y 1970. Según Bueno Chávez, “la persona que por intrusión de un deber imperioso y excluyente está alejada de lo que de un modo natural desea (la contemplación de la naturaleza, la satisfacción de los apetitos del cuerpo) halla por fin, en la segunda parte del libro, la culminación eufórica de la búsqueda y, por ende, la satisfacción de sus deseos”. En la milenaria lucha entre cuerpo y alma, dice Bueno, el poemario de Desiderio Blanco “diluye esa línea opositiva y tiende lazos de amistad entre ambos términos, estableciendo una nueva función del amor terreno y, con ello, otorgando una dimensión renovadora del sentido cristiano de la salvación”.

El viernes pasado las redes sociales trajeron la penosa noticia de su fallecimiento.

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