Fiesta en Buena Vista

Un año con castillos y cohetes

UNO
Sabandía es uno de los distritos más pequeños de Arequipa, desde mi ventana se ven sus cuatro costados: al frente Socabaya, a la izquierda las laderas de Characato y a la derecha Simón Bolivar; apenas treinta y seis kilómetros cuadrados y cuatro mil habitantes. Mi ventana está en el cuarto costado, en un mirador que domina todo el distrito desde un cerro llamado con absoluta propiedad “Buena Vista”.
El boom de la construcción en Arequipa estalló frente a mi anterior puerta. Una mañana que salí a comprar el pan encontré a Simón Balbuena y una comitiva de ingenieros inspeccionando la calle, un trozo bloqueado de la avenida Los Incas, cerrado por una construcción rústica que impedía el paso de los vehículos. “Los chilenos van a venir”, me dijo, “para construir aquí un megacentro junto a Maestro Home Center. ¿Tú vives por aquí? Estas casas van a subir un montón”.
En efecto, yo vivía a la vuelta, en un departamento alquilado, junto a mi esposa y cerca de la Universidad. Solía ser un lugar tranquilo de jubilados universitarios, casi sin niños y ningún vendedor. En menos de un año se convirtió en el infierno de la posmodernidad: todos los albañiles que llegaron de otras ciudades, los ingenieros, los constructores y los oficinistas yupies se apretujaron en los departamentos que iban desocupando los vecinos. Al año abrió Wong y fue peor: vinieron de todas partes de Arequipa los curiosos, los snobs y las chicas modernas. Una mañana me sorprendí entrando en pijama a comprar el pan fresco de Wong.
A esto se sumó el alza desmesurada de los alquileres en las inmediaciones y el humor cada vez más agrio de mi casera. Entonces decidimos comprar. Tan lejos de todo esto como fuera posible.
Nos tomó un par de meses encontrar nuestro sitio, “un lote en la punta del cerro con agua y desagüe nada más” como quería mi esposa. Hemos construido el espacio mínimo para vivir, eso sí, con las ventanas más amplias que se pueda imaginar, frente las cuales el mundo parece estar a tus pies y sentirse a gusto allí donde está.

DOS
El aire de fiesta se respira apenas amanece. Los vecinos se cruzan en los pasajes y las gradas y se saludan contentos. Todos van a ser parte de alguna comitiva, un carro alegórico, un grupo de danza, un “devoto” o un “cargo”. Son gente que trabaja como peones de agricultura o ganadería, unos pocos en construcción civil o son comerciantes. La fiesta central del Sabandía se celebra en abril, pero cada anexo tiene la suya. La de Buena Vista es el sábado y domingo de la primera semana de agosto, por la Virgen de Copacabana patrona del lugar.
En casa hemos preparado un asado al barril. A las tres de la tarde mis hijos y mi esposa y nuestros invitados bajamos a la pista central para sumarnos a la fiesta.
La “entrada de capo” encabeza el desfile, son tres burritos cargados de leña, adornados con cintas y banderitas peruanas; a la noche, cuando el frío arrecie esa leña hará una gran hoguera alrededor de la cual seguirá la fiesta hasta el amanecer.
Luego vienen los grupos de danzas, nuestras vecinas con las polleras altas nos muestran las robustas piernas que han subido miles de gradas todo el año. También hay grupos invitados de Coripata, y Las Rocas; traen danzas regionales cotahuasinas, puneñas y cusqueñas. De hecho el grueso de la población de Buena Vista son inmigrantes de todo el sur: los Colque, los Prieto, los Cusirramos, los Coaquira, los Apaza. De la forma más natural se mezclan aquí las costumbres y las familias, no tenemos los problemas del cercado: todos somos sabandinos; a los de Buena Vista nos llaman además “los desuñados” por tanto trepar el cerro.

TRES
En la Tabla del Índice de Desarrollo Humano de los 109 distritos de toda la región Sabandía está en el lugar 25. Este índice mide esperanza de vida saludable, educación y nivel de vida digno. El primer lugar lo tiene Yanahuara, el segundo el Cercado y el tercero José Luis Bustamante; el último es un pueblito de La Unión que se llama Puyca.
Si contamos solo los de la provincia de Arequipa, que son 29, estamos en puesto 15, justo al medio. De modo que si hay clasemedieros típicos, esos somos nosotros.
En el mundo el primer lugar lo tiene Noruega; y el último, la República del Congo.
Sabandía es uno de los pocos sitios de Arequipa que conservan su paisaje, su clima y sus costumbres. Desde lo alto de Buena Vista se puede ver allá al fondo a la derecha una nube gris que cubre casi todo el año a la ciudad. Cuando uno va al centro siente en los ojos y la nariz el escozor de la polución pero cuando vive allí no lo siente. Los olores y los ruidos en las calles céntricas son agresivos; por nuestro barrio pasa un ómnibus cada dos horas y un taxi de vez en cuando; hay que bajar a la pista central de Sabandía para tomar una combi; solo los domingos los automóviles que van a Yumina hacen movimiento de transporte y algunos pegan bocinazos en nuestra calle. El resto del tiempo los vecinos pasan a pie por los pasajes y las gradas saludando a todo el que cruza, una costumbre que habíamos olvidado.

CUATRO
El domingo nos despierta la salva de petardos de las seis de la mañana. Varias vecinas bajan temprano al Local Social de Buena Vista llevando sus ollas de comida. Han preparado cuy chactado, chicharrones, rocoto relleno, tamales.
Hay misa y procesión; y después de almorzar, festival de danzas y baile generalizado en la losa deportiva toda la tarde. Los mayores beben con moderación, los niños y los perros corren entre la gente y desde los parlantes la música criolla baja hasta el campo. Es agosto, época de siembra, casi todos los paños de andenería tienen retoños de arveja, cebolla, zanahoria y un poco de apio y yerbas aromáticas.
Desde mi ventana pido que este rincón del mundo se conserve así por muchos años, que resista, que al menos le recuerde al resto que se puede vivir humanamente, que hay cosas que produce la naturaleza y personas diferentes a las atribuladas, acuciadas, frenéticas y vanas que necesitan las empresas de hoy en día.
Hace un año que llegamos a vivir a Buena Vista, la fiesta del 5 de agosto nos parece celebrarlo, es nuestra fiesta y en nuestro corazón será siempre nuestra fiesta.

 

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