Cultura y exotismo

¿No es exótico el Inti Raymi?

Lejos de ser un caso pasado y cerrado, la conquista de América es un punto de encuentro que continúa incentivando el diálogo y diversificándose en facetas que desbordan las fronteras de lo histórico, lo cultural y muchas veces también de lo fantástico. Esto es fácil de sostener si consideramos en primer término que el material bibliográfico generado desde los primeros cronistas es de dimensiones colosales, y en segundo lugar, porque el tema en cuestión le concierne a Latinoamérica en tanto persevere su intento de construirse una identidad.

Una de las reflexiones más valiosas al respecto es la realizada por Tzvetan Todorov en su libro “Nosotros y los otros”, donde a partir de la noción del “otro” como ser extraño para la visión occidental de aquel entonces, nos muestra un exotismo que responde a la alteridad surgida en el encuentro de dos civilizaciones distintas. “Exotismo” entendido, a partir de los sentidos, como todo aquello que es diferente a lo propio, sea cultura, raza, vestimenta, religión, etc.

Dado que los puntos de vista son innumerables, se toma el exotismo porque considerado como facultad (de apreciar lo exótico) está emparentado con la estética, según lo dicho por Todorov quien afirma que para percibir lo exótico es fundamental el paso por dos momentos, uno de identificación y otro de distanciamiento, ambos irónicamente contradictorios. En el primero el conquistador europeo experimenta el asombro de encontrarse con seres humanos como él, se identifica, pero a la vez se inicia un segundo momento de distanciamiento y diferenciación. Todorov señala que el español asume el punto de vista del “viajero”, siempre unilateral y despótico; esta actitud  sólo terminará cuando el otro sea reducido y concebido como un objeto, no obstante que lo exótico sea inherente a la sensibilidad humana.

Junto a Todorov encontramos al poeta y etnógrafo Victor Segalen con su obra “Ensayo sobre el exotismo”, donde explica que lo exótico es un rasgo propio de la sensibilidad artística, el efecto exótico sería aquel que permite descubrir y contemplar el mundo. Por eso Segalen introduce el término “exota” para denominar a quienes se consideren bendecidos con esta facultad.

Si incorporásemos, por ejemplo, tales argumentos a la cosmovisión del mundo andino y consideramos, como Todorov y Segalen, que todo aquello que es diferente es exótico, es probable que a un habitante del altiplano que jamás ha visitado la ciudad le resulte exótico descubrir edificios y centros comerciales tanto como a un citadino le resultaría exótico avistar los Uros por primera vez. Mencionamos esto porque una visión parcializada del mundo considera exótico únicamente lo relativo a poblados alejados o a culturas suspendidas en el tiempo; postura que expresa la marcada perspectiva occidental que tenemos de las cosas.

Si aceptamos la relatividad del efecto exótico, cercano a la estética y la amoralidad que por esencia esta encierra, cabe preguntarnos si es una categoría válida para analizar el proceso de conquista. No se trata de desechar o aceptar tal o cual postura siempre que nos lleve al mismo resultado, dramático e imborrable, de la injusticia de los colonizadores, sino de analizar si es o no pertinente para comprender aún más los hechos recopilados en el corpus histórico.

Cuando uno asume la tarea de reflexionar acerca del pasado el primer paso consiste en recurrir a la historia, mas no es el último. Una mente productiva es aquella capaz de establecer lazos entre lo sucedido y el devenir histórico, además de proponer un juicio sobre los rumbos posibles que tomará el mundo. Aquí radica lo valioso de esta teoría del exotismo, que sin rendirse ante la hegemonía del discurso histórico, cultural y reivindicador que pulula en los estudios culturales, se interesa por el hombre en sí mismo, cómo evolucionan sus perspectivas y hacia dónde se dirige; este enfoque antropológico consiste, básicamente, en conocernos a nosotros mismos.

Finalmente, surgen algunas cuestiones particulares que no pueden pasarse por alto, sobretodo porque el Perú es un país multicultural donde raras veces lo exótico no deslumbra por su riqueza. Dada la complicidad, nociva muchas veces, que existe entre el exotismo y el mercado ¿Es posible condenar algunos eventos culturales como el Inti Raymi o los diferentes patronatos y vendimias por exóticos? Y la respuesta es que todo depende del sujeto, el exotismo es por excelencia una facultad inherente al sujeto, por eso en las novelas de los siglos pasados es imposible encontrar puntos de vista de personajes indígenas o de raza negra, pues estos estaban negados de opinar.

Festividades como el Inti Raymi pueden ser consideradas exóticas por el que viene de afuera, el otro que asume la postura del “viajero”. No es exótico el festival en sí mismo, pues se trata de una impostura de algo perdido en el tiempo, un hecho turístico que rinde bien para los que viven de eso. Lo es el espectáculo integrado a una sociedad que busca encontrar en tales elementos culturales y anacrónicos, una esencia, una identidad, un punto de vista.

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