Candor ultraterrenal

Autor de “El buque fatasma”

Richard Middleton apenas es conocido, injustamente, por “El buque fatasma”, uno de los excepcionales cuentos que escribió. El resto de ellos ha permanecido en el limbo durante mucho tiempo.

Middleton nació el 28 de octubre de 1882 en Staines, Middlesex, Gran Bretaña, en una familia acomodada, y mostró siempre una fina sensibilidad, una delicadeza de sentimientos que claramente señalaban que su reino no era de este mundo.

Ejerció de bohemio romántico, desdichado en la esfera literaria y sentimental y como lógica consecuencia, se suicidó a los 29 años, el 01 de diciembre de 1911, en Bruselas, aquejado de depresión, por entonces llamada melancolía.

Sin embargo, en sus cuentos prevalece, junto a la desdicha, la tragedia y la muerte, el sentido del humor, una mirada amable hacia sus criaturas: niños, vagabundos, policías bondadosos, magos desconcertados por sus propios poderes, escritores con dudas y fracasados. Un universo de gentiles inadaptados, aliens con derrota garantizada, que el autor retrata riéndose con, nunca riendo de.

Fue gracias a John Gawsworth, quien tomó la iniciativa de editar cuentos inéditos, y de Arthur Machen amigo de Middleton y admirador suyo, que de forma póstuma se conoció la obra de Middletton, formada por dos libros de poemas: “Poems and Songs 1 y 2”  y dos de cuentos: “The Ghost Ship” y “The Day Before Yesterday”, editados en 1912, además de sus artículos publicados en prensa, que escribía  con fines alimenticios y escaso rédito económico.

En los años 30, Gawsworth editó un tercer libro de cuentos, “The Pantomime Man” y recopiló otros, seis en total, en “New Tales of Terror”.

Arthur Machen consideraba “El buque fantasma y otros relatos tristes y siniestros” como una obra verdaderamente hermosa.

Hay además, algunos cuentos excepcionales sobre  la creación literaria, sobre libros y autores, de una lucidez y de gran conocimiento sobre los pormenores del oficio de letraherido, que demuestran que el autor no vivía fuera de la realidad, sino que se distanciaba de ella para mostrarla en su totalidad. Uno de ellos, destacado por Machen, es “La historia de un libro”, “Leyó el libro a sus amigos y estos le sugirieron que habría sido muy complicado reescribirlo desde el principio hasta el final. Se lo leyó a sus enemigos, que le dijeron que era casi lo suficientemente bueno como para publicarse. Se lo leyó a su mujer y esta le hizo saber que era muy bonito y que había que  vestirse para la cena”; casi un ensayo que ningún autor en ciernes -o en declive- debería ignorar. También destaca “La biografía de un superhombre”, con un acertado análisis psicológico. Cuentos suyos inolvidables son “El alma de un policía”, sobre  los tormentos morales de un agente  recto y bondadoso -otro alien, para variar- o “El artista y su hado”: “George era un niño solitario que no sabía lo que significaba la soledad”, cuyo protagonista es un niño desvalido, como el niño de “Una tragedia en pequeño”. Otro de sus cuentos más conocidos, junto a “El buque fantasma”, es “En el camino de Brighton”, protagonizado por un vagabundo y un adolescente. Autobiográfico parece “El chico nuevo”: “Nada más bajar tuve el fuerte presentimiento de que mis padres me habían enviado a un lugar en el que nunca brillaba el sol”. Otro niño desdichado protagoniza “Un día gris”: “Según nos vamos haciendo mayores se hace más patente que nuestros momentos son los fantasmas de viejos momentos y nuestros días pálidas repeticiones de otros días que conocimos en el pasado”, una reflexión que muestra el mundo interior del veinteañero y brillante y opacado autor.

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