Alice Munro

Premio Nobel de Literatura 2013

 

UNO

Me pregunto, ¿cómo encuentran los buenos libros un camino para llegar hasta nuestras manos?

Hay varias posibilidades. La primera son los amigos. Puedes confiar en ellos: “Lee tal, es muy bueno”. Saben lo que dicen, han leído toda su vida, han desarrollado el buen gusto y el olfato, saben dónde buscar, saben cómo evadir las trampas. Siempre que los encuentras están leyendo algo, la mitad de su ocupación es leer, la otra mitad es escribir. Sus libros llevan anotaciones, pegatinas, hasta dibujos.

Y sobre todo son capaces de decirte: “No leas a Roncagliolo, no es necesario”. Le pregunté al Gato Ramírez si había leído a Isabel Allende. Me dijo “Esas señoras, no escriben mal pero te hacen perder el tiempo”. Le pregunté a César Delgado qué estas leyendo. “Otra vez el Quijote”. Le pregunté a Dino Jurado cuando regresó de España por unos días, qué hay de bueno en Europa que nos recomiendes. Me dijo: “Nada”. ¿Cómo que nada? “Hay un montón de libros que te entretienen, los acabas y estás contento un rato. Pero buenos escritores no hay. Salen uno o dos cada década. ¿Tú has hallado últimamente algo comparable a Faulkner?”.

Ellos, los amigos, esperan que tú también des buenas pistas.

Otra posibilidad son las pesquisas. Las revistas como Granta, Paris Review,  Queleer, Esprit, La fiera literaria, la nacional RCLL, o los suplementos de diarios como Babelia o el Sunday Book Review del NYT, o bien algunas revistas virtuales como Ciberayllu o El bumeran(g) a veces pasan buenos datos.

También es de gran ayuda ignorar los comentarios en las llamadas “redes sociales”.

Fue el Gato Ramírez quien me recomendó a Alice Munro.

 

DOS

Ya había leído media docena de libros de Alice Munro pero andaba a la búsqueda de más; en la red hallé un par de sus últimos relatos. Hasta que un día, a comienzos de año, leí en el NYT que la escritora canadiense de ochenta y un años anunciaba su retiro literario. “Me siento un poco cansada, pero agradablemente. Tengo una sensación agradable de ser como cualquier otra persona”, dijo. Lo que yo sentí fue un poco de desilusión, hasta que recordé una anécdota de mi juventud.

Estaba Alonso Ruiz Rosas leyendo en voz alta algunos versos de un amigo algo mayor que compartía el derecho con la poesía. Al concluir la lectura, sentencioso como es él dijo: “Tan importante como saber cuándo empezar a publicar es saber cuándo retirarse”.

Alice Ann Laidlaw nació en 1931 en Wingham, un pueblo que apenas figura en los mapas, que tiene 3000 habitantes hoy y que está en Ontario, Canada. En la Universidad de Western conoció a James Munro y se casó con él en 1951. Un año después tuvo a su primera hija, en Vancouver dónde se traslado para vivir con su nueva familia. Veinte años más tarde se divorció y regresó a su universidad que la acogió como escritora residente.

Su primer libro de cuentos se publicó cuando la señora Munro tenía 37 años, pero reunía cuentos que había escrito desde los 21, el año en que nació su hija. No paró desde entonces, hasta el 2012: sesenta años dedicados a escribir cuentos.

Ha publicado catorce libros, entre ellos una sola novela. Ha ganado todos los premios importantes para escritores en Canadá, y varios en Estados Unidos. Ahora es la primera escritora de cuentos que gana un Nobel en más de un siglo del premio. Un centenar de maravillosos cuentos.

El novelista Jeffrey Eugenides tras leer “El amor de una mujer generosa” escribió: “No hay un cuento allí que no sea perfecto. Cada vez que terminaba uno quería tirarme al piso y morirme. Mi vida estaba completa”.

 

TRES

Pero los de Alice Munro no son cuentos fáciles de leer. En ellos el narrador, generalmente femenino, rememora etapas anteriores de su vida y las evalúa bajo nuevas convicciones. Cuenta, al lector o a otro de los personajes, lo que fue su infancia, su familia crecida en medio de la pobreza, la ignorancia o la simpleza, y después de haber cambiado de ciudad, de ocupación, de familia o de puntos de vista, evalúa lo que fue, lo que pudo haber sido.

Contar es lo que hacen mejor los personajes de Alice Munro, tanto los principales como los secundarios siempre están contando algo, y la trama de todas estas pequeñas historias forma la estructura del cuento, un relato de relatos en medio de los cuales se pierde casi siempre la verdad, o se esquiva, o se oculta. Así las penas, la incomprensión, los equívocos familiares y de pareja se desdibujan y se hacen soportables en la narración, más que en la vida.

La relación entre el relato y los hechos, la superioridad del lenguaje sobre el mundo es uno de los temas centrales de Alice Munro. Si un personaje narrador al final alcanza alguna paz, esta es reflexiva, más que un producto de la acción o de la buena suerte.

 

CUATRO

La Academia Sueca la premió por “Maestra del cuento contemporáneo”. Una sumilla bastante pobre. Pero en su portal web cometió además la simpleza de llamarla “La Chejov canadiense”. Carver es el Chejov norteamericano; y Chejov será el Chejov ruso.

Nada más falto de imaginación y de inteligencia que llamar a un escritor por el nombre de otro, pues ya se sabe que los buenos escritores jamás son otro. Solo los malos lo son.

No he leído hasta ahora entre los comentarios al Nobel 2103 uno que valga la pena. Queda claro que no es fácil encontrar buenos lectores de cuentos.

 

CINCO

“Se sientan a la mesa para beber, mirando por la ventana de la caravana el agua acerada, brillante y agitada del lago. Allí los árboles, expuestos a los vientos del lago, están casi pelados. Esqueletos de abedules y álamos tiesos y brillantes como la paja sirven de marco al agua. Puede haber nieve dentro de un mes, y con toda seguridad dentro de dos. La vía marítima se cerrará, los barcos del lago se amarrarán durante el invierno, habrá un agreste paisaje de hielo levantado entre la orilla y el agua abierta. Neil dice que no sabe qué hará cuando el trabajo de la playa se acabe. Quizá quedarse, intentar conseguir otro trabajo. Quizá coger el seguro de desempleo durante un tiempo, conseguir un vehículo a motor para ir sobre la nieve y disfrutar del invierno. O quizá podría irse a buscar trabajo a otra parte, ir a visitar amigos. Tiene amigos por todo el continente de América del Norte y fuera de él. Tiene amigos en Perú”.

(De “Five Points”, 1990).

 

SEIS

“¡Lean a Munro! ¡Lean a Munro!” (Jonathan Franzen).

 

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