Camarones

Se acercaba el fin de semana, mis días de descanso, y como nunca lo había hecho me propuse llevar camarones a casa para dar una sorpresa.

 

Hablé con una de mis compañeras de trabajo quien me dio el dato de que uno de sus hermanos se dedicaba a la pesca y que podría hacerme el pedido.

Quedamos en la fecha y la cantidad que requería. Calculando el tiempo de viaje a casa resultaba aproximadamente diez horas; puse los crustáceos en un recipiente adecuado para el viaje.

El pueblo donde trabajaba quedaba al interior de la Panamericana; el viaje en la empresa de ómnibus era solo una vez por semana, pero ese día coincidió con mi día de salida y con el acuerdo para recoger los camarones.

Llegado el día y ya con los crustáceos en su depósito me presenté en la agencia de transportes para embarcarme, el boleto era para las cuatro de la tarde.

Como en todas las salidas de descanso viajaba en autos informales, en esta oportunidad decidí que lo haría a través de una agencia con todas las formalidades.

Transcurrieron más de treinta minutos y aún no llegaba el ómnibus que vendría desde Arequipa. Ya el cielo oscurecía y no llegaba el dichoso vehículo. De pronto nos informaron que este tuvo un desperfecto y llegaría recién a las diez de la noche.

El ómnibus llego a las once de la noche, recogió a los pasajeros y emprendimos el viaje; pero al salir a la Panamericana me fije que no se dirigía hacia Arequipa sino al norte, hacia Marcona. Al llegar allí dejaron a algunos pasajeros y hubo que esperar a los que viajarían rumbo a Arequipa.

Fue tanto el retraso que al final decidieron que partirían por la mañana a las seis de la mañana. Calculando el tiempo desde esa hora hasta llegar a mi destino aún creí que podrían soportar los crustáceos. Pero cuando amaneció, luego de partir, no tardo mucho el ómnibus en presentar otra avería, por lo cual tuvo que detenerse en el pueblo más cercano para su reparación.

Al ver que demoraría mucho y divisando que otro ómnibus se aproximaba, decidí cambiarme a este. Sin embargo, a los pocos minutos hubo un contratiempo en el puente por el que íbamos a cruzar: un  derrumbe de arena, y en el camino de doble vía de un puente, los vehículos iban y regresaban solo por una. Cuando nuestro ómnibus iba a cruzar esta vía, por el lado opuesto un enorme camión se quedo averiado en medio del puente impidiendo la pasada a ningún vehículo.

Tuvimos que esperar hasta las dos de la tarde, en que pudieron retirar este camión, para continuar con el viaje hasta los ocho de la noche. Yo donde opte por quedarme en el Cruce del Kilómetro 48, calculando que para ese momento seguramente mi esposa ya no se encontraba en Arequipa, por eso me embarque en un camión cisterna hacia Mollendo.

En el camino el chofer hacia comentarios sobre el olor de los camarones aduciendo que ya estaban “para comérselos” porque aunque yo había protegido el envase se podía sentir el olor fuerte de los crustáceos.

Al llegar a Mollendo no se encontraba mi esposa en la casa, llame por teléfono y resulto que se había quedado en Arequipa esperándome.

Con esta situación, sin llaves de la casa, y con los camarones encima no tuve otra opción que buscar un hotel, y al final mi ánimo y los crustáceos terminaron en un tacho de basura.

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