El digno perdedor

Schedrin —seudónimo literario de Mijail Saltykov— fue el principal autor satírico ruso del siglo XIX, aunque su obra ha sido poco conocida y divulgada en castellano.

Schedrín nació en 1826 y fue el octavo hijo de una aristocrática y muy mal avenida familia, lo que marcó su desdichada infancia. Fue el hijo predilecto de Olga Mijáilovna, su atrabiliaria progenitora, aunque su padre también carecía de carácter conciliador. El pequeño Mijail devenido en psyntomtrager, interiorizó la continua discordia que los autores de sus días cultivaban, maltratando a la servidumbre y mostrando desafección por sus hijos, además.

Tras una esmerada educación en Petrogrado y Moscú, Mijail, niño prodigio que a los seis años sabía alemán y francés, terminó su formación estudiantil. En 1844 ingresó como empleado en el Ministerio de Defensa.

En 1848 publicó su primera obra, con el apropiado título de “Un asunto complejo”. Influenciado literariamente por Gogol, la obra trata sobre la Revolución Francesa. Uno de los principales efectos colaterales de su debut literario fue su destierro, firmado por el zar Nikolai I en persona. Fue reasignado al gobierno local de Vatka, la actual Kirov, a unos 900 kms de Moscú. El desterrado autor-funcionario conoció allí a su futura esposa y se dedicó a leer y escribir documentos oficiales de toda índole. Permaneció allí hasta la muerte del zar y en 1855 regresó a Petrogrado.

Schedrin esquivó a la censura —a cocachos aprendió- en su segunda obra, ”Breve historia de Rusia”. Haciendo malabarismos literarios, logró, mediante analogías y simbolismos, expresar su dura crítica contra el sistema de servidumbre imperante.

Avanzando imparable, Schedrín envió su tercera obra, “Relatos de provincias”, a Turguénev, quien le dio ánimos para continuar en los afanes literarios. “Relatos de provincias” fue en parte la materia prima de su futura opus magna, “La familia Golovliov”.

En 1860 se desempeñó como funcionario en labores de organización agraria, cargo que desempeñaría con la continua vergüenza hacia su clase social y que le serviría como inspiración literaria. Dos años después, decidió dedicarse exclusivamente a la literatura y fundó la revista “Apuntes de la patria”, que dirigiría hasta su cierre.

Fruto de su intensa actividad epistolar y periodística fue el volumen “Nuestra vida social”, de 1864.

Para entonces había adquirido celebridad en el círculo literario moscovita. Pero cayó en desgracia a causa de su rivalidad con Fiodor Dostoievsky, nada menos.

Schedrín calificó de reaccionario al autor de “Crimen y castigo”. Como consecuencia natural y lógica fue denostado por autores y críticos, a tal punto, que decidió abandonar la literatura.

Regresó a su trabajo en entidades ministeriales. E incumpliendo —afortunadamente— su promesa, a la creación literaria con “Historia de una ciudad”, editada en 1870, año en que empezaron sus problemas de salud. Seis años después publicó “Discursos inteligentes”, otra de las obras que le serviría para “La familia Golovliov”.

En ella, según sus propias palabras, “se ahonda en las devastadoras consecuencias de la esclavitud legal en la sicología humana”. Es una sátira sobre la mezquindad, estulticia e insensibilidad de la sociedad rural, de los terratenientes. La protagonista es la matrona Anna Petrovna, alter ego de la madre del autor. Anna es una avezada mujer de negocios, implacable con todo y todos, incluso con su esposo —un cero a la izquierda aficionado a versificar poemas obscenos y al vodka— sus tres hijos y cuatro nietos. El lector puede hacerse una idea de la psique de Anna con sólo un párrafo: “Había perdido completamente de vista que a su lado, en la oficina, vivía un ser, ligado a ella por lazos de sangre, un ser que tal vez desfallecía de pena por vivir”. Empeñada en aumentar su patrimonio, del que nadie llega a disfrutar, esta novela es la crónica de la ruina, abandono, enfermedad, declive moral y físico de los descendientes de Anna, algo más humana en su vejez, demasiado tarde.

La acción discurre en Pogorelka y Golovliovo, fincas familiares ambicionadas por el exasperante  necio  y taimado Porfiri Vladimirich, apodado por su desventurado hermano mayor El pequeño Judas. Anninka nieta de Anna y Yevprakseiushka, ama de llaves, engrosan la abultada lista de víctimas.

“La vulgaridad tiene una fuerza enorme, siempre atrapa al individuo, que no la espera en ese momento en que, sorprendido, intenta orientarse y rápidamente se enreda en sus hilos”.

Schedrin murió en 1879 y fue enterrado en el cementerio Volkov, de Moscú, en buena compañía: al lado de Turguénev.

Fue uno de los autores favoritos de Lenin, quien mandó erigir monumentos en su honor, además de estampillas.

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