Una traducción tardía

¿Ha leído “Los filántropos en harapos”?

“Los filántropos en harapos”, un clásico de la literatura anglosajona de denuncia social de todos los tiempos, fue editada en 1914. La primera edición en castellano es de 2014. Cien años después, sigue siendo “una obra que todo el mundo debería leer”, como afirmaba George Orwell, reconociendo la influencia -evidente- que esta novela tendría en sus posteriores orwellianas creaciones.

Allan Sillitoe la calificaba como la ingeniosa primera gran novela sobre la lucha de clases.

Su autor fue Robert Tressell, seudónimo de Robert Noonan. Fue hijo ilegítimo de Robert Crooker, oficial de policía, y de Mary Noonan. Nació en Dublín el 17 de abril de 1870 y parece probado que su padre se encargó de que recibiera una esmerada educación. A finales de 1888 el joven Robert migró a Sudáfrica, a Ciudad del Cabo, donde se estableció como  pintor y empapelador, el oficio que serviría para sustentar no sólo su precaria economía, sino, principalmente, su futura obra. De hecho, adoptó el seudónimo literario de Tressell, que es como se llamaba a la mesa de empapelar.

Puesto que las condiciones laborales eran deplorables, incursionó como consecuencia natural en el sindicalismo. En 1891 se casó y tuvo una hija. Su esposa se desvinculó de ambos y se divorciaron en 1895. Robert y su hija vivieron un tiempo en Johannesburgo antes de regresar a Inglaterra, en 1901. Se instalaron en Hastings, donde continuó con sus actividades laborales y sindicales.

Redactó su única obra, de varios centenares de páginas, entre los años 1906-1908, luchando contra el desaliento -al ser rechazada su edición-; la enfermedad —por entonces ya tenía tuberculosis, motivo por el que fue despedido en 1907 -y el temor a represalias, en caso de ser publicada.

Se dice que tras intentar él mismo deshacerse del manuscrito, su hija lo rescató guardándolo en una caja con llave.

Robert murió en Liverpool el 3 de febrero de 1911 y fue enterrado en una fosa común. Gracias a la decisión y voluntad de su hija y a Jesse Pope, amigo suyo, “Los filántropos en harapos” se editó por primera vez, en versión abreviada, en 1914. En 1920 se editó en la URSS y en 1925 en Alemania. El texto íntegro, editado en 1955, consiguió gran popularidad desde entonces.

“Los filántropos en harapos” es un registro exhaustivo de las duras condiciones de vida de los trabajadores ingleses, no exenta de cierto humor británico. La acción discurre en Mughsborough -municipio de los mentecatos, traducido- una localidad del sur de Inglaterra. The Daily Obscurer -el ocultador- y The Weekly Chloroform -el cloroformo semanal- son los diarios locales. La novela detalla las trapisondas de Prisas y cía, empresa de construcción y reformas cuyo jefe, el ex-pintor Bob Crass -zafio- junto con Hunter, el director, ex albañil -se distinguen como genuinos crápulas: “escamotear labores de obra era para éste hombre una especie de manía. Insistía en hacerlo peor incluso cuando resultaba más barato hacerlo bien”. Ambos se dedican a acosar, reñir o despedir a los trabajadores que se esmeran en hacer bien su trabajo.

Entre estos, destacan el inocente quinceañero aprendiz, Bert y Frank Owen, concienciado con los problemas, quien tiene entre sus propios compañeros a sus peores adversarios, empeñados en culpar de sus carencias a las máquinas, a los emigrantes y a las mujeres, por considerar que les quitan puestos de trabajo. Con escaso éxito intenta el mesurado Owen que éstos filántropos en harapos asimilen la siguiente conclusión: “A lo que llamamos civilización, la acumulación de conocimientos que hemos heredado de nuestros antepasados, es el fruto de miles de años de pensamiento y esfuerzo humanos. No es consecuencia del trabajo de los antepasados de un grupo de gente determinada que exista hoy en día, por tanto, es por derecho herencia común de todos. Cualquier niño… es uno de los herederos de todos los tiempos anteriores”. Así, la cuadrilla retratada por Noonan es víctima no sólo de sus empleadores, sino principalmente de sus propios prejuicios, ignorancia y nula conciencia sobre su propia situación.

Buena parte de la novela trata, además, sobre corruptelas municipales y urbanísticas (¿les suena el tema?) protagonizadas por ediles, preclaros hombres de negocio y lo que se denomina las fuerzas vivas que, por desgracia, asolan urbi et orbi.

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