Gatos de papel

La presencia de gatos en el universo del cómic se remonta a los orígenes del género, a principios del siglo pasado. George Herriman creó a “Krazy Kat” en 1913. Traducido como “La gata loca” -aunque no estaba claro si era un gato o una gata, enamorada/o del ratón Ignacio, quien invariablemente le recibe a ladrillazos- la acción transcurre en el condado de  Cocomino, custodiado por un perro policía, donde el singular felino comenta las novedades tecnológicas y sociales con la mirada independiente y cáustica propia de todo lindo gatito. Considerado “El ciudadano Kane” de los comics, en 1999 fue elegido como el mejor comic del  siglo XX por “The Comics Journal”.

Aunque difícil de igualar, alcanzó aceptación y popularidad la creación de 1923 de Otto Mesmer, por todos conocida como “El gato Félix”, el imaginativo y surrealista gato negro de ojos saltones, que fue el más popular hasta que su estrella se apagó con la llegada de Mickey Mouse y Cursilandia.

Con otros matices destacaban los gatos de papel de mediados del siglo pasado: los agresivos Tom y Jerry o Jinks, el monotemático  perseguidor de esos malditos roedores. O don  Gato y su pandilla, singulares residentes del callejón y los tachos de basura, en perpetua lucha por subsistir, y contra el custodio de la ley, representado, en este caso, por un antropoide.

Sylvestre, el lindo gatito decidido a zamparse a Piolín, fue otro ejemplo de gato perdedor, superado por su diminuta presa.

La cultura underground tenía, por entonces, su propia visión del “felis communis”. Así al menos, lo mostraba Robert  Crumb, quien se inspiró en su gato -al principio, y después en sí mismo- al crear a Fritz, el rijoso, grotesco y pasado de vueltas gato de campo con afán de modernillo, inmerso en las drogas. Creado en 1965, su autor le dio fin en 1972, cuando Fritz, en pleno apogeo existencial, en la cima del éxito, es apuñalado por la espalda -literalmente- por un avestruz.

Harto más popular y verosímil  en representación de la idiosincrasia felina resulta el descreído e inefable zampalasagnas Garfield, el más editado del mundo.

También inspirado en el gato de René -nombre del dibujante holandés Windig- es Heinz, el rayado gatazo tan grosero como bondadoso en un mundo en el que predomina la estulticia, retratado por Windig  y De Jong en 1987.

Del mismo año es Gerard Jones, un gato con un parche en el ojo inmerso en un surrealista microcosmos similar al de Alicia en Wonderland. Creado por Franco Mattichio en el comic “SinSentido”, Gerald tiene  como leitmotiv huir del mundo real, entre submarinos, almohadas que cobran vida y hombres de las nieves.

Los gatos no salen muy bien parados en “Maus”, el multipremiado comic de A. Spiegelmann.

Peter Blegued  creó a Cat en 1992, miembro de la familia retratada en Leviatán. Cat, con referencias al  dadaísmo y a Duchamp, declara sus principios: “Me niego a que me dibujen con un ratón”, en la serie “Comics para  el oído” de la BBC radio.

El gato de Perich asombra al lector con sus clarividentes observaciones.

Sparky es la cabeza de gato compañero del ratón Quimby, un roedor bicéfalo, creado por Chris Ware en 1990, crónica del malestar cotidiano.

Con propósito didáctico, de fomentar el bienestar animal, mostrando su cariño por el géneo, Patrick Mac Donnell creó “Chuchos” en 1994. Earl, un jackrussell terrier que vive con Ozzie, es  compadre  espiritual del gato vecino Mooch, que vive con Millie y Frank. Earl y Mooch veranean con sus amigos en la costa de Jersey.

Por completo distinto es John Blacksad, el gato detective  privado que habita un mundo de animales parlantes creado en 2000 por Candes y Garrido.

Tres años después, el francés Joann Sfar dibujó “El gato del rabino”, un esquelético felino que adquiere el don del habla tras  comerse un loro, decidido a estudiar la cábala y  despachándose a gusto sobre asuntos de identidad, fe y modernidad..

Con menos humor y más ficción es “We3”, de los británicos  Morrison y Deighan. En esta historia, de 2004, la aviación estadounidense ha desarrollado la agresividad de un perro, un gato y un conejo, condenados a ser eliminados. Una doctora les ayuda a escapar. La lealtad y el  afecto  de éstos seres sensibles al sufrimiento en un violento  mundo antropoide son las señas de identidad  de ésta historia.

“Fellini”  es  en encantador gato dibujado por Liniers, del fabuloso universo Macanudo.

Adam Higgs plantea dilema ético sobre la falta de derechos de los animales en la sociedad en “Duncan, el perro maravilla”, de 2010, al mostrar a un gato que regaña a su dueño por no cuidar de su perro enfermo.

Gatos de papel de  toda índole, para deleite de  los incondicionales del género.

 

 

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