Hace falta leer a Melgar

Mariano Melgar, mártir, poeta, seminarista; ha sido uno de los grandes personajes de nuestra historia republicana y probablemente sea el más representativo de la historia de Arequipa. ¿Qué sabemos de él? Nada más que palabras, calificativos con escaso sentido y la incierta certeza de que hizo algo importante. Sucede con los hombres de “rango histórico”, el ingrato devenir los convierte en un punto más del pasado cuya función ha dejado de tener validez. La literatura no está exenta de este destino, grandes escritores claman un merecido rescate. ¿Qué hacer? Recordar a las grandes figuras como lo que son, y Melgar fue poeta, y al poeta se le recuerda leyéndolo.

No negaré las enormes brechas de calidad en toda su obra, a Melgar hay que estudiarlo con paciencia. Entre las inciertas dunas suelen esconderse valiosos ripios, lo importante es la búsqueda, la recompensa es como la frescura del viento. Urge la revisión de  toda su obra y un juicio acorde con la complejidad de algunos poemas.

El panorama actual de los estudios melgarianos coloca a este como el insigne precursor de los yaravíes, y el sentimentalista (porque sentimentalismo no es necesariamente romanticismo) cantor de Silvia. Lo demás solo son problemas filológicos de autoría. En efecto, si le quitamos a sus obras completas los poemas atribuidos, del libro restaría un poco menos que la mitad. ¿Es que acaso nunca se ha visto este problema como una oportunidad para ampliar el dominio de los estudios melgarianos?

Más que un hombre Melgar representa una época, un espacio; su obra sea completamente suya o no, representa muchos aspectos del pensamiento criollo en una etapa tan conflictiva como la emancipación. Se podrá decir que gran parte de su poesía posee una calidad estética baja, y que muchas de ellas no pasan de un mero ejercicio retórico; lo único que puedo decir a esto es que la pobreza estética de algunos poemas no justifica el olvido de valiosos indicios de su pensamiento ¿Cuánto se podría aprender de las influencias hispanas con las glosas y las elegías? ¿Cuánto de las estructuras mentales de la época con algunas fábulas? Intelectuales como Antonio Cornejo Polar o Martín Adán han reivindicado algunos rasgos de la poesía de Melgar, ya viene siendo hora de seguir sus pasos y dejar de comercializar en somero espectáculo su nombre. Leer.

Tomaré un ejemplo para justificar la profundidad de algunos poemas. La “Oda al autor del mar” es una muestra clara de la riqueza significativa del pensamiento de Melgar. Nuestra historia crítica registra una aparente superficialidad respecto al poema, y un prejuicio mal fundamentado sobre la posible influencia de los poetas neoclásicos españoles. Dice Riva Agüero: “como lo han reconocido cuantos se han ocupado en ella, tiene rasgos felices, imágenes atrevidas, y, en medio de las deficiencias de la forma, (que es ramplona) lucen destellos de algo que ya es poesía, que ya dista mucho de las enfadosas e insulsas producciones coloniales.”

¿Leves destellos de poesía? Laborioso sería un estudio de lo que entendía Riva Agüero por poesía, pero aun así, podemos desprender una respuesta tentativa dentro de la afirmación: sin duda la oda presenta rasgos felices e inusitadas imágenes. Cómo no inferirlo cuando el poeta dice, con extrema lucidez: “Cuando al profundo mar me haya entregado, dispensad a tu hechura tu cuidado.”

No negaré los giros forzados en muchas estrofas, o algunas rimas que carecen de sorpresa; pero tampoco negaré que el gran mérito de este poema es el haber condensado una tragedia secreta en una imagen tan recurrente como el mar impetuoso que muere en la orilla, o la impresión impotente de un poeta que resuelve cantar la estupenda maravilla, aun sabiendo lo pobrísimo que resulta su retribución. Pienso que la oda es alegórica. Pienso también que es un primer atisbo del pensamiento melgariano, que más tarde hará eclosión a través de las fábulas y muchos cantos a la libertad. Un verso básico para la comprensión cabal del poema: “Sabias leyes dejó que obedeciera para que el hombre sirva, no amedrente…”.

La lucha del mar por devorar la tierra es tan antigua como los iracundos instintos del hombre contra la suave quietud del pensamiento, la intuición de Melgar responde a un pensamiento escolicista, usando el término de Martín Adán.

El mar puede parecer tragarse el continente pero sus efectos negativos siempre serán aparentes, la tierra logrará imponerse a esa llanura infinita de impetuosidad. Y aún más, la transformará por mediación de Dios en fuente de vida y manantial de fertilidad, y finalmente en una gran lumbrera que permita la comprensión del misterio universal.

El mar es una imagen que abarca más que su propio objeto, es el misterio de lo eterno, el enorme caudal de energía comprimida que anhela liberarse, el hombre del pecado original antes de la revelación del enigma divino. El poeta asume la inútil tarea de comprender lo incomprensible, ante eso busca el auxilio de la poesía y dice con conmovedora timidez: “Yo en tanto añadir quiero este himno a tu clemencia…” La oda a lo incomprensible no espera un resultado final que permita un conocimiento absoluto; de lo que se trata, y Melgar lo sabe, es del proceso de creación del sentido; de allí la revelación postrera del lector o contemplador.

La anterior solo ha sido un esbozo de una posible interpretación del conocido poema, pero lo que esencialmente quería mostrar es la profundidad que puede encontrarse en muchos poemas melgarianos; en este por ejemplo podemos entender la concepción religiosa del poeta, además de su forma de comprender el mundo.

Es preciso decir que el caudal en la obra de Melgar no está agotado, hay muchos aspectos aún no explorados del todo bien, plantearé algunos que considero importantes: la innovación estética respecto a la marcada influencia hispana, el problema de la categorización en alguna corriente ¿romántico, neoclásico o pre romántico?; el problema de la nación, la inferencia de las estructuras mentales del criollo a partir de su obra.

Lo importante es preguntarnos y buscar respuestas que pretendan abarcar la complejidad planteada. Creo que ese sería un digno homenaje al primer  momento de nuestra poesía.

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