Lady Sings the Blues

Billie Holiday (1915-1959), cantante homosexual.

Para quienes aman el blues y el jazz y toda esa música de afrodescendientes el nombre de Billie Holiday tiene una carga estremecedora de sensaciones asociadas con la vida y con la muerte, con la humillación, el desamparo y el deshonor; sus canciones en viejos discos de vinilo y en casetes nos insuflaron el sinsentido de la esclavitud de un pueblo desarraigado y explotado del modo más bestial que los hombres han inventado jamás.

Nació en 1915, hace cien años, y vivió apenas cuarenta y cuatro de una vida destruida sin cesar por la violencia, las drogas y el alcohol. Su madre la concibió a los trece años de un chico de quince. Ninguno sabía qué hacer con su propia vida y menos con la recién nacida, que fue a dar a la casa de parientes, uno de los cuales la violó antes de que ella cumpliese diez años. La entregaron a un hospicio. Un amigo la ayudó a huir con su hija, y se fue a Nueva York, donde su madre trabajaba de sirvienta; para ayudar, ejerció la prostitución.

Desde los quince años cantaba en bares y clubes, su voz no era muy buena pero Billie le daba tan profunda expresión a las dolidas letras que acabó por ganarse un pequeño público. John Hammond, periodista y productor, la oyó por casualidad y luego invitó a Benny Goodman al lugar. Decidieron llevarla a los estudios de Columbia para una prueba y como resultado de este golpe de suerte firmó su primer contrato. Tenía dieciocho años.

Oír “My Man”, “You Go To My Head”, “I Can’t Get Started”, “Night and Day” o “God bless the childs” son experiencias casi insoportables. Aún se escuchan ecos de su voz en Nina Simone y Amy Winehouse, pero Lady D es insuperable. “Strange Fruit” (“De los árboles del sur cuelga una fruta extraña / sangre en las hojas y sangre en la raíz / cuerpos negros balanceándose en la brisa sureña”) fue elegida por la revista ‘Time’ como la mejor canción del siglo XX en 1999.

Aunque se hizo amante de varios de sus promotores y acompañantes musicales, buscó el consuelo más tierno entre los brazos de algunas chicas.

En su autobiografía “Lady Sings the Blues” Billie escribió “Puedes ir vestida de raso, con gardenias en el pelo y no ver una sola caña de azúcar en varios kilómetros a la redonda y, aun así, seguir trabajando en una plantación”.

 

 

 

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