La fábrica de una novela

Pocas veces tenemos ocasión de conversar sobre nuestras ideas y nuestras dudas con el autor de una novela que nos gusta. Los Festivales y las Ferias a las que asisten los escritores son por eso ocasiones impagables para interpelar a los autores y mejorar hasta donde es posible nuestra intelección de las obras.
Al último Festival del Libro, el undécimo, llegó Leonardo Aguirre, escritor limeño que acaba de publicar en Planeta la novela “Interruptus”, y aprovechamos para conversar con él sobre el proceso de su creación.

P. “Interruptus” se nos ofrece a la lectura como un monólogo entre una editora que da por escrito consejos a un “autor” que no contesta; mientras que en otro nivel encontramos una “novela” —“Jirón Soledad”— dentro de la novela, con su propia estructura comunicativa. Según has dicho, la idea de la editora te llegó al final del proceso de redacción como un contrapunto de la densidad jerguera del segundo narrador, pero a mí me parece que hace más que eso, pues introduce el nivel metaficcional que caracteriza a la novela y le da una complejidad posmoderna. ¿Estuvo eso en tu plan?
R. Sí pues. Efectivamente el primer borrador, no el primero sino el décimo, digamos, no contenía al personaje de la editora, y en la editorial pensaron que así como estaba el texto era muy difícil de digerir, tenía demasiadas jergas, una cantilena que puede ser exasperante, bacán hasta la página dos pero en la cincuenta ya te asfixia.
Entonces me dieron algunas sugerencias para aligerar el material, entre ellas apuntar un glosario al final, poner pies de página, y un par más. Ninguna me parecía atractiva y entonces sugerí esto que finalmente se hizo: crear una editora que recibe este texto y con mucha frecuencia lo va comentando, corrigiendo, objetando, ayuda a explicar algunos pasajes oscuros, algunas jergas. Pero finalmente ese personaje se convierte en otra cosa, porque no solo hace acotaciones que tienen que ver con el contenido, sino que hace alusiones a la vida personal del autor. De hecho, el personaje de la editora ha tenido antes una relación amorosa con el autor de “Jirón Soledad”.
Honestamente debo decir que lo hice bastante rápido, que lo hice por oposición al texto inicial; simplemente dije en “Jirón Soledad” hay muchas jergas, esta señora no utilizará ninguna jerga. Si “Jirón Soledad” es muy sucio, habla en términos muy procaces, la editora por lo contrario es muy pacata. Si aquí hay una métrica, en la intervención de la editora hay cero ritmo. De hecho, la manera como escribe la editora es la manera en que se escriben la mayoría de novelas de la literatura contemporánea.
Entonces la editora nace de una sugerencia de la editorial a la que le tuve que dar vuelta; pero finalmente ha resultado un acierto.
P. La editora, en efecto, aconseja al autor para aligerar la lectura; pero algunos de sus consejos son malos, son chistosos, algunos despistados, otros son fruto de la mala lectura de la novela. Sobre la jerga, por ejemplo, le parece ininteligible a veces, pero yo que estoy en Arequipa la entiendo perfectamente; en los casos más extraños el contexto de la oración permite entender el significado. Difícil puede ser “La naranja mecánica” donde el vocabulario ha sido en parte inventado o tomado de varios idiomas, pero “Interruptus” se lee fácilmente. Y además dota al texto de una musicalidad propia, un ritmo que imita al rapeo. No tendrá una musicalidad clásica modernista, pero tiene su métrica posmo. Te pregunto, ¿Has trabajado ese ritmo o te resulta natural?
R. Sí, claro.
Fue un capricho, realmente. A veces uno como autor simplemente se encapricha con ciertas cosas sin pensar al principio qué relación tiene un elemento con otro, y resulta que después sí hay relación entre ciertos elementos. Eso sucede de manera inconsciente o qué se yo.
El capricho fue el siguiente: ya que alguna vez había hecho un cuento en verso y en rima, ahora voy a hacer toda una novela, no con rima pero con métrica; y que además no suene tan artificial, que parezca natural, como un tipo contándote algo en una chingana. Para eso, claro, hay que contar las sílabas, hay que vigilar acentos, un trabajo inusual para una novela.
Sí, fue un programa, una intención. Que el lector se sienta arrastrado por el ritmo y ni siquiera se detenga a pensar qué significa tal jerga, sino que siga y siga hasta que de pronto se acabó el libro.
Claro, lo que decías de la jerga también es importante. Hay gente que dice que no entiende tal jerga. Antes de mandar este texto a la editorial se lo hice leer a una amiga venezolana y no tuvo mayor inconveniente para entender las historias. Se lo hice leer también a una amiga que es muy pacata y se precia de serlo, es una traductora y correctora de estilo, y no tuvo ningún problema con el libro, a pesar que no entendía el ciento por ciento de los términos.
Bueno pues, el libro necesitaba lectores competentes, Willard.
P. Otra cosa que llama la atención es la fragmentación. Cortas una historia antes que termine y saltas a otra o regresas a una anterior a través de puntos de quiebre que tú has subtitulado y la editora ha numerado. Cada pequeño relato se une al siguiente mediante esto que llamo asociación libre de ideas: una palabra llama a la misma en otro relato, o una imagen o un símbolo o un espacio que es un término común. Los relatos nunca concluyen, son interrumpidos por estos pasajes que de pronto se abren en el flujo del relato. La función de esos pasajes consiste en darle continuidad a la novela por sobre la fragmentación de los episodios. ¿Hiciste un plano de desplazamiento?
R. La idea era que el libro fuese una sola sábana. Que se leyese de corrido. Que es un poco como recuerda uno, pasa rápida y caprichosamente de un tema a otro y a otro, y las conexiones entre una cosa y otra pueden ser de lo más absurdas y menos lógicas. Además, todo, absolutamente todo está en presente, pese ser un personaje recordando los mejores momentos de su vida.
Claro, el final de un episodio es también el subtítulo del siguiente episodio. Es un capricho formal que tal vez tenga algún papel que yo todavía no alcanzo a comprender.
P. Yo no creo que la novela sea un reflejo de la realidad. No creo que la literatura tenga que dedicarse a las tareas del periodismo o de la historia o la antropología. Creo que las novelas por lo contrario proponen mundos nuevos, mejores o peores que el nuestro. Por eso me extraña leer que en Lima se busque mucho descubrir en esta novela de quién estás hablando, o a quien aludes. Pero en tu novela, que es bastante limeña por la forma, se alude a los provincianos, en concreto a un par de hermanos camanejos que son compañeros de estudios del narrador. ¿Te has preguntado cómo se leerá tu novela fuera de Lima?
R. La verdad que no.
Efectivamente es muy limeña. Las mujeres y los lugares en esta novela son muy limeños. De hecho, me gustaría escribir una novela en la que la ciudad de Lima sea la protagonista. Sin embargo, pese a eso y al uso de jergas el libro puede entenderse perfectamente en cualquier parte. El lector que no es de Lima puede concentrarse siempre en la peripecia. Aunque honestamente debo reconocer que la mejor lectura es la que atiende a esos elementos, a la ciudad de Lima y a su jerga regional. ¿Cómo se leerá en el interior del país?, es algo que no sé.
Sencillamente, no pienso en la recepción.
Pero por ejemplo lecturas inteligentes como la que has hecho tú aquí terminan por mostrarme a mí cosas que yo mismo no he comprendido. Y eso está bien. Eso es recepción.
P. Finalmente, las historias de pareja que forman “Interruptus” no me parecen lo que has dicho, “los mejores momentos”. No son encuentros muy felices; no es el sexo el que brilla en ellas, sino al contrario, la frustración, tanto en el sexo como en la comunicación. Casi no hay ninguna relación que sea placentera o erótica; la mayoría están dibujadas con sarcasmo, con un poco de tristeza o vergüenza. De modo que se trasunta en todo cierta soledad del narrador de “Jirón Soledad”. Me parece que eso simboliza el título, precisamente.
R. Es interesante cómo interpretas el nombre de la calle. Ahora que lo dices resulta totalmente evidente. Pero yo, claro, elegí esa calle porque me gustaba el nombre real, es una calle que está en Lince. Sencillamente estaba enamorado del nombre de la calle, quería que el libro como sea lleve el nombre de la calle. Cuando el libro llegó a la editorial se llamó así, “Jirón Soledad” y luego cambió a su actual nombre.
Sí pues, es una lectura muy perspicaz la tuya. Casi ninguna relación de las narradas en el libro termina en un final feliz. Por eso el libro se llama “Interruptus”, cada historia se interrumpe por alguna razón. De hecho, las relaciones sexuales y amorosas tienen incluso elementos de perversión. ¡No es un tipo que sea feliz tirando! Creo que quienes mejor la pasan son las mujeres aquí, las que tienen más agencia, más poder y más libertad. Tienes razón.

Deja un comentario