EL CUENTO PERUANO, Revisado

Por: Willard Díaz

Si pudiera existir una persona en el país que diera cuenta total de un género literario, esa persona sería Ricardo González Vigil y su género, el cuento.

Seguidor a lo largo de varias décadas de cada uno de los resultados del concurso más importante de cuento del Perú, el Premio Copé, antologador de varios géneros y épocas, pero además un lector insaciable de casi todo lo publicado, González Vigil habla de literatura peruana con una solvencia que ya no se encuentra entre los nuevos críticos.

Coincidimos en un Congreso Literario y le pedí un aparte para dialogar con él sobre su saber.

 

Todos los volúmenes de los cuentos ganadores de COPÉ llevan una Introducción tuya, por la que corre una historia del cuento peruano contemporáneo. Pero resulta a veces difícil conseguir toda la colección…

Once volúmenes…

¿No hay la posibilidad de reunir todo ese material en un solo libro?

Yo saqué un tomo, el 14, de la Enciclopedia Temática del Perú que publicó el diario El Comercio. Allí hay una síntesis de unas doscientas páginas, un libro bonito, con fotos grandes, que es una visión de toda la literatura peruana.

Una de las cosas que estoy trabajando es una Historia completa de la Literatura Peruana, donde podría introducir de un modo más acertado lo que ha pasado con los distintos géneros literarios en el Perú. Porque también tengo trabajos sobre poesía, sobre poesía de mujeres, y de varios géneros.

¿Como la Historia de la Literatura Peruana, de Luis Alberto Sánchez?

Algo así. Pero recién la estoy empezando.

Hay muchas versiones sobre el nacimiento del cuento como género en el Perú. ¿Cuál crees que es la fecha mejor aproximada?

Yo haría una aclaración. De un lado está el cuento tradicional, que se transmite oralmente. Lo que pasa es que a veces uno solo piensa en el cuento moderno, y el cuento tradicional andino, amazónico, del que hay varias recopilaciones, no cuenta.

Hay otro tipo de cuento, el de la Edad Media, como Bocaccio, Chaucer. Y luego el cuento del que uno habla ahora, a partir de Poe que es el primero que teoriza sobre el cuento moderno.

Si uno generaliza hay problemas.

El cuento moderno en Perú, ¿empieza, como varios dicen, con Palma?

Si le das el sentido de relato breve, sí. Pero Palma desarrolla una cosa muy especial, que es la Tradición. Incluso él dice que es “novela en miniatura”. Porque hay diferencia con el cuento tipo Poe, no tiene unidad de trama. Palma hace digresiones, mete cuentitos dentro del cuento, hace bromas. Es más un narrador oral.

En un sentido estricto, Palma hace una forma original, que está entre la tradición oral y la escrita.

Pero ya algunos artículos que viene del costumbrismo son cuentos. El “cuadro de costumbres”, como su nombre lo dice, es una descripción; pero algunos artículos de costumbres como ejemplo, “Un viaje”, del niño Goyito, son cuentos.

Habría que ver. A veces uno es muy esquemático. Dentro del artículo costumbrista va germinando el género del cuento.

Digo eso porque a veces nos gusta trasplantar criterios de la Modernidad europea o de otros sitios, y la realidad peruana es más compleja, una cultura compleja. Y lo más interesante es el montón de cosas que no se puede encasillar con criterios tipo “cuento de Poe”, “novela de Flaubert”.

Mi impresión es que hay que tener una visión más amplia, y entonces no se puede fechar. Hay cuentos costumbristas. Un costumbrista que es claramente un cuentista es Abelardo Gamarra. González Prada también escribió algunos cuentos pero no los publicó, han salido tarde y mal y nunca.

Que yo sepa, porque lo investigué un poco, los primeros que escriben cuentos “modernos” ya son en la época del modernismo. Gente como Lastenia Larriva de Llona, José Antonio Román o Carlos Ledgard, que nació en un Tacna y publicó un volumen de cuentos, “Ensueños”, en un sitio que después sería Chile, en 1899, creo. López Albujar también publica muy joven.

¿Cuál de ellos es el primero que publica un volumen que presenta como libro de cuentos, explícitamente?

“Ensueños”. Sigue Clemente Palma, antes de “Cuentos malévolos”. López Albujar dejó varias colecciones que nunca publicó, que se publicaron después. Hay cuentos de Manuel Beingolea que se recogen después. La misma Lastenia Larriva de Llosa recién en 1919 reúne sus cuentos.

Hay una producción de gente que hace cuentos y se difunden en revistas, en periódicos. La primera antología que recoge cuentistas sale en Arequipa, “Pliegos al viento”, de 1908, con Francisco Mostajo.

Hay varios que escriben cuento en esos años, lo que pasa es que no salen en libro. Todos, en ese período que pasa del Costumbrismo al Modernismo.

De los que he detectado, los más antiguos son los de Ledgar, Román, y después viene Clemente Palma.

El origen es Romántico, ¿verdad?

En el sentido que tú estás hablando, el cuento cobra forma con Hoffman, y luego los cuentos de Poe, en el mundo. Los románticos alemanes y los románticos en lengua inglesa.

El cuento peruano nace bajo ese influjo.

Exacto, pero ya en la etapa que lo liga al modernismo. Entre el Realismo y el Modernismo, a fines del siglo XIX.

Pero un poco tarde en comparación con Argentina, Uruguay, Chile.

Sí, la cuenca del Río de la Plata se beneficia con la reforma educativa que hizo Andrés Bello. Y porque Sarmiento es exiliado en Chile. Luego llega Rubén Darío, que hace “Azul” en Chile. Esto beneficia la vida cultural de Argentina, Uruguay y Chile, a los que llega más rápido la influencia de literaturas que no son la española.

Es lógico, porque además las primeras fábricas aparecen en Argentina, lo primero que podríamos llamar industrial. Entonces es lógico, porque el reloj cultural sintoniza con el desarrollo económico, que en cada país es diferente.

Por ejemplo, mira, Brasil tiene un cuentista contemporáneo de Palma muy superior a todos estos, Joaquín María Machado de Asís. Es una maravilla. Ese sí puedes ponerlo con los europeos. Las condiciones de Brasil permiten que aparezca un cuentista y novelista de primer orden, antes que Argentina, Chile o Uruguay. Es una cuestión de proceso histórico. Porque la literatura se da ligada al proceso histórico, social y económico.

¿Y cuándo aparecen las primeras obras peruanas ya maduras?

En este tipo de cuento de influencia europea y norteamericana, las primeras dos figuras ya maduras son en Perú Abraham Valdelomar, y fuera del Perú Ventura García Calderón. Los dos son cuentistas muy sólidos. Y ahí nomás aparece José Díez Canseco, “Jijuna”, “Estampas mulatas”.

Creo que en la primera década del siglo XX es Valdelomar, y en la tercera década “La venganza del cóndor” de Ventura García. Y también la madurez tardía de López Albujar, que había comenzado a publicar desde joven dos libros, y cuando ya es un hombre que tiene casi cincuenta años saca “Cuentos andinos”, en 1920. Es un hombre mucho mayor que Valdelomar.

¿Y Maupassant, ejerce alguna influencia acá?

Yo diría que entre los que hacen literatura realista. Ribeyro claramente fue discípulo de Maupassant, y lo declara, que es su maestro, que es el cuentista por antonomasia. Otro maestro de Ribeyro al comienzo es Kafka, muchos de sus cuentos son insólitos.

Según Zavaleta, a partir de los años 50 en Perú ingresa la influencia de la literatura norteamericana. ¿Tú qué opinas?

Por supuesto, Faulkner, Hemingway. Y también “Dublineses” de Joyce, un libro extraordinario. Por eso surgen libros alrededor de ciudades, porque él hace un libro sobre Dublín, Benedetti hace “Montevideanos”, Salazar Bondi trata de mostrar “Pobre gente de París”, “Lima, hora cero”, de Congrains.

Hay una influencia también del neorrealismo italiano, más que del cuento, del cine.

Yo creo que el cuento contemporáneo lo funda la gente de la era de Valdelomar. Su punto más rico es la Generación del cincuenta, sin duda. Con Vargas Vicuña, Zavaleta, Ribeyro. Luego, entre los 60 y 70, para mí, están Edgardo Rivera Martínez, con “Ángel de Ocongate”. Antonio Gálvez Ronceros con “Los arrieros” y “Monólogo desde las tinieblas” donde aparece lo afroperuano; los cuentos de Antonio Vásquez. Otro que es importante es Gregorio Martínez, “Tierra de caléndula”. Y José Adolph, con el cuento fantástico. Fernando Ampuero empieza a publicar muy joven en los años 70, pero la gente lo ubica en la siguiente generación. Ampuero es mejor cuentista que novelista.

En los 70 aparece también Oscar Colchado, pero madura después. Guillermo Niño de Guzmán también es de la época.

¿Y a Luis Loayza, dónde lo colocas?

Es del cincuenta. “Otras tardes”. Loayza tiene una obra breve pero de mucha calidad. Es de la época de Ribeyro, Zavaleta. A Reynoso también habría que ponerlo en el mismo lugar. Con Pilar Dughi. Laura Riesco es mejor narradora, y buena novelista. Jorge Ninapayta.

Pero el “Boom” será de esencialmente de novelistas, ¿no?

Claro. Hay que esperar a Cronwell Jara. Cronwell puede ser un símbolo de la época, 79, 80, 81, con “Hueso duro” y “Montacerdos”. Y a un maestro del cuento, como es Fernando Iwasaki.

¿Qué piensas de José Duran?

¡Excelente! Con “Desvariante”. Lo que pasa es que él se dedicó mucho tiempo a la investigación, es un garcilasista. Yo fui uno de los que lo motivó a publicar y él siempre me agradeció, y se animó, juntó sus cuentos y los publicó en los años ochenta, en Méjico. Es de los años cincuenta pero publica en los ochenta. “Desvariante” es uno de los mejores libros de literatura fantástica escritos en Perú. De joven empezó a publicar algunas cosas sueltas pero después lo descuido, para dedicarse a la investigación académica. Publiqué algunos cuentos de él en una antología y gustaron mucho; entonces recién se animó por el libro. Era muy perfeccionista.

Se fue muy joven a Méjico y ahí fue amigo de José Arreola, y se codeó con el círculo de Arreola y Monterroso. En ese grupo Durand se forma en ese cuidado de la prosa.

No sé si conoces la anécdota del famoso cuento del Dinosaurio. Monterroso lo creó porque el Dinosario era Durand, que tenía dos metros, Monterroso tenía un metro cincuenta. Entonces le escribió “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.

Durand le decía a Monterroso que era bajito: “Oiga, a usted no le cabe ni una duda”; y Monterroso le decía “Yo al Inca Durand me lo paso por lo alto”.

Otro que es bueno es Harry Beleván, aparece en los setenta.

Lo que pasa es que se arman circulitos, primero con Sebastián Salazar Bondy, y cuando muere con Mario Vargas Llosa. Influye muchas veces ser de un grupo, si te difunden o no te difunden. En el caso de Durand, lo confinaron como si no fuera cuentista.

Y empieza en los 80 la era de los concursos de cuentos…

COPÉ se crea el 79. El primer concurso es del 80; y ahí nomás sale el Concurso de las Mil Palabras, de Caretas. Empiezan a aparecer editoriales que publican a autores nacionales, como Lluvia, por ejemplo.

Uno que tarde publica y reúne sus cuentos es el poeta Rodolfo Hinostrosa. Tiene un cuento extraordinario que ganó el premio Juan Rulfo de Francia. Juntó un libro que se llama “Cuentos de extremo occidente”, de 2002; es otro de los mejores libros de literatura fantástica peruana.

Entre los últimos cuentistas, desde el 2000, ¿cuáles te gustan?

Creo que alrededor del 92, que marca un hito con la violencia en el Perú, llega la nueva generación. Miguel Gutiérrez la saludó mucho.

Alexis Iparraguirre es de los mejores. Luego Claudia Ulloa, que la ha seleccionado hace poco Bogotá 39. Y Pedro José Llosa.

Finalmente, recomiéndanos algún libro que tú crees que no está recibiendo la debida atención de los lectores.

Quizás “El espía del Inca”, de Rafael Dumett, debería tener más atención; y la ganadora del premio COPÉ, del arequipeño Hugo Yuén, “El laberinto de los endriagos”, que es extraordinaria. Otra es la Roger Rumrrill, “La virgen del Samiria”.

A nivel internacional se pierden a Edgardo Rivera Martínez, Miguel Gutiérrez y Laura Riesco.

 

 

 

 

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