Premio Roberto Bolaño 2012

Literatura en Arica, Chile

Los ganadores del “Premio a la Creación Literaria Joven Roberto Bolaño” debieron pensar que el lunes 12 de noviembre no era un día cualquiera; como también lo pensé yo, pues esa fecha estaría viajando al extranjero para ser testiga de esta premiación. Es que, a quien vive en Tacna no le es difícil salir continuamente del Perú, en cuestión de casi dos horas te encuentras caminando entre las calles de Arica. Solo que al llegar descubres con sorpresa que el viaje resultó de casi cuatro horas, por eso de la diferencia de horarios. Partir de Tacna a las 8 de la mañana significa llegar al norte chileno aproximadamente al mediodía y entre los centros fronterizos de Santa Rosa y Chacalluta, te preguntas si existe algún tiempo intermedio o si en realidad no existe ninguno. Esto de la relatividad del tiempo es genial.
Iba leyendo durante el viaje, “El tesoro de la juventud”. Oswaldo Reynoso era el escritor invitado a la ceremonia de premiación para exponer sobre “la importancia de la obra de Roberto Bolaño para la vanguardia y las nuevas voces de la literatura hispanoparlantes”. Hace varios años que conozco personalmente a Oswaldo, pero nunca hice un artículo sobre él; los apuntes que leí para la presentación de su último libro: “En busca de la sonrisa encontrada”, no contaban porque allí me adentraba específicamente en el contexto de su obra y no en su vida.
Apenas entramos en el Teatro Municipal de Arica, me llamó la atención descubrir el bullicio de muchísimos estudiantes; lo cual no debió sorprenderme considerando que se trataba de un premio a la creación literaria joven, establecido en dos categorías: una de 13 a 17 años y otra de 18 a 25. Sin embargo, verlos vestidos con uniforme escolar me hizo sospechar que no estaban allí por voluntad propia. Entonces pensé que seguramente quienes los habían invitado concibieron esta idea como muchos nosotros: no para llenar el ambiente sino como una forma de estimular a estos adolescentes en el proceso de creación de poemas, cuentos y novelas.
La ceremonia se inició con el teatro danza “Cuerpos en suspensión” a cargo de Marcela Ramos. Los jóvenes danzantes, todos ellos vestidos de blanco y con un libro en las manos (aunque ninguno fuese de Bolaño), escenificaban las estaciones emocionales felices a que nos conduce la lectura; en tanto se escuchaba la voz en off leyendo “Los perros románticos”. Luego sería el turno de Oswaldo Reynoso. Me gustaría decir que lo escuché exponer ampliamente sobre la importancia de Roberto Bolaño para la vanguardia y sobre las voces de la nueva literatura en español; pero tras aquel atril dispuesto en un costado del escenario, lo vi desdoblar las hojas que había preparado con este tema para volver a guardarlas rápidamente en el bolsillo. Yo sabía que su participación quedó expresamente limitada en 10 minutos, como se lo hicieron saber momentos antes de que inicie la ceremonia. Me lo comentó en cuanto nos saludamos. ¿Y qué podía hacer en 10 minutos? Oswaldo supo que no tenía sentido exponer allí el texto que preparó con anticipación. Ya tendría tiempo de hacerlo en Tacna cuando al día siguiente participara en un foro y entonces presente un análisis de las figuras detectivescas símbolo en la literatura inglesa, americana, francesa y en la obra de Bolaño.
Los doce ganadores y finalistas: Cinthia Matus, Ileana Elordi del Villar, Gonzalo Valdés, Luis Torres, Gaspar Peñaloza, Rodrigo González, María Paz Gálvez, Enrique Núñez, Tamara Márquez, Lucas Costa, Juan Francisco Ovando y Rodolfo Labarca (algunos representados por sus madres) subieron juntos al escenario, recibieron los diplomas, les tomaron las fotografías. Esperé lecturas, la apreciación crítica de alguno de los jurados que nos hable sobre los temas predominantes y los estilos; aun cuando anunciaron la presencia del Ministro de Cultura de Chile pensaba que no todo estaba perdido. Él dijo tener la certeza de que este reconocimiento era un importante impulso para quienes escribían y destacó que esta premiación se desarrolle por primera vez en Arica, como parte de las políticas de descentralización del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Luego sonrió para  más fotografías. La ceremonia culminó con la presentación de una banda ariqueña que interpretó dos temas. Miré el reloj, hice la suma de horario correspondiente: había transcurrido una hora desde que llegué y me senté en uno de aquellos asientos.
No pretendo desmerecer en modo alguno los trabajos de estos jóvenes ganadores, su triunfo es importante si en algo los ayuda a continuar escribiendo. Naturalmente, me refiero al acto protocolar de la premiación. Tampoco es culpa de las editoriales chilenas que inicialmente participaron en la organización de este evento y después tuvieron que contemplar con estupor cómo terminaba todo. Esta es una crítica a quienes, pese a representar los más altos organismos gubernamentales de educación y cultura, poco o nada saben de ellas y solo se dedican a trabajar en función de la fotografía.
A mitad de la tarde, nos fuimos con un grupo de amigos escritores de Chile; bebimos, conversamos y concluimos en que esta es una realidad que se repite en muchos lados. Y aunque la entrega de este premio no fue lo esperado, bien valía la pena jugar y reírse de cómo muchos confunden a Roberto Bolaño con el creador del Chavo del 8.

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