Interiores

Exposición de Marita Chávez

Los interiores de arquitectura se prestan, como espacio simbólico de las artes pláticas, para expresar el registro de lo subjetivo y lo personal, lo privado y lo emotivo, y por oposición aluden a lo exterior y lo social, en un juego de muchos sentidos, algunos apenas sugeridos por las imágenes.

En Arequipa quién mejor ha explorado dicho espacio ha sido Ricardo Córdova, con sus inimitables juegos de perspectivas, luces y penumbras, valores aéreos de fina sugerencia. La ausencia de figura humana marcó en sus cuadros de interiores el valor sensible de los objetos abandonados, la presencia en la metáfora visual.

Su influjo es más que evidente en la obra de una egresada de la Escuela de Artes de la UNSA, que esta semana presentó su primera muestra individual, Marita Chávez Paredes.

Pero si bien la temática muestra el influjo del maestro, el signo plástico señala en cambio hacia una nueva manera de ver las cosas, a un punto de vista femenil que se vale de una gama de color más oscura y cálida a la vez, más penetrante quizás. La autora alude en su discurso de autopresentación a la remembranza; los títulos de los cuadros, desde el infinitivo (Rememorar, Añorar, Deplorar) quisieran ayudarnos por redundancia a percibir su anhelo de retorno al paraíso perdido, “habitaciones y espacios de mi memoria”, pero son casi avisos innecesarios y limitantes, pues bien puede el espectador abandonarse frente a estos cuadros a sus propios impulsos.

De toda la colección, unos quince cuadros la mayoría de pequeño formato, que se exhiben hasta fin de mes en una de las Galerías del Centro Cultural de la UNSA, una pieza de las menores es la más dotada, la mejor valorada, un pasadizo con puerta al fondo y salida a la izquierda, que circunscribe con gran delicadeza la poética del espacio que la autora nos ofrece con verdadera autenticidad.

Quién sabe si ese es el pasadizo y el giro a la izquierda que Marita Chávez debiera seguir.

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