¿A esto se llama Progreso?

Por: Raúl Romero

Nos hemos adecuado tanto a la ciudad, a sus calles, pistas y veredas, que por poco la asumimos como una manifestación de la naturaleza. Por momentos, olvidamos que la ciudad es artificial, un diseño creado por nuestra desbordada imaginación. De hecho, nuestros gustos y preferencias, nuestra manera de ser y de pensar, se pueden apreciar por todas partes.

Cuando observo a Arequipa, pienso que damos demasiada importancia a los automóviles, a los anuncios publicitarios, a los bloques de departamentos y al ruido. En cambio, creo que despreciamos los espacios públicos, los árboles, las construcciones estéticas y el silencio.

Al respecto, en “Ciudad de fuego”, Edgardo Rivera Martínez relata la historia de un solitario e infatigable personaje, hijo de un migrante de provincia, que decide diseñar su propia metrópoli ante la insoportable incomodidad de vivir en Lima. Para ello, realiza una exhaustiva investigación que lo conduce a trabajar en la biblioteca de la Sociedad de Geografía y a revisar textos utópicos como los de Tomás Moro y Tommaso Campanella. Al final del cuento, ese diseño comienza a hacerse realidad.

Estimado lector, estimada lectora, imagina que eres ese personaje, ¿cómo crees que sería tu Arequipa ideal?

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