Corazón (de soldado)

DUDA LA TORTUGA, por Raúl Romero

¿En qué pensamos los adultos cuando interactuamos con un niño o una niña? ¿Qué expectativas tenemos acerca de la niñez? En suma, ¿qué son los niños y las niñas para nosotros? Me formulé estas y otras preguntas a partir de la lectura de “Corazón”, una novela clásica de la literatura infantil que, desde su publicación en 1888, ha tenido una gran repercusión en la educación de incontables generaciones de Europa y de América.

El libro fue escrito por Edmundo de Amicis, un veterano de guerra con enraizadas ideas nacionalistas que peleó por la unificación de Italia en el siglo XIX. Entre sus páginas, se pueden encontrar diversas historias de niños soldado que son glorificados gracias a que sacrifican una pierna o la vida misma en nombre de su nación. Incluso, en el capítulo titulado “Amor a la patria”, el padre de Enrico (el niño que narra la historia) le confiesa resueltamente que no podría amarlo y “moriría con un puñal clavado en el corazón” si se enterara de que este, como buen soldado, no ha ofrendado su vida en la batalla.

Si bien condicionar el cariño a la niñez parece una idea del pasado, desde mi punto de vista, hacemos algo similar en el presente. Aunque ya no se incentiva el nacionalismo de Edmundo de Amicis, en la actualidad los adultos solemos percibir a los infantes como un proyecto, les imponemos nuestra cultura del éxito, les exigimos ser los primeros en todo, los atosigamos con diversas ocupaciones, vacaciones útiles, talleres y emprendedurismo infantil. Además, en muchas ocasiones, los privamos del placer de jugar, de generar sus propias reglas. Como en “Corazón”, el resultado de ello es la convicción de que, si no cumplen con nuestras expectativas, no valen lo suficiente.

¿Será posible que los adultos valoremos a los niños y a las niñas por lo que son?

 

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